ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El pasado sábado día 31 de octubre, en horas de la mañana, tuve que llevar a mi padre, persona de 75 años de edad, al policlínico Antonio Maceo del reparto Casino Deportivo, Cerro, porque se encontraba totalmente descompensado de salud, llegamos ambos muy asustados y con muchas incertidumbres acerca de su deteriorado estado general.

Desde los primeros momentos que fuimos atendidos por el doc­tor Esnel Escalona Álvarez, sentimos que estábamos en buenas manos, fue preciso, certero y seguro en sus decisiones y rápidamente mi padre fue diagnosticado y atendido, tuvimos que permanecer en el salón de observaciones por varias horas, en las que se le aplicaron medicamentos, sueros, las dos enfermeras que formaron parte del equipo de atención estaban pendientes todo el tiempo, siempre con la mejor dulzura, buen trato y un dominio de su profesión, notamos mucha limpieza y el baño próximo al uso de este tipo de pacientes que está siendo monitoreado estaba limpio, y a cada rato venía la compañera de limpieza igual a preocuparse por el estado de mi padre que si bien los medicamentos hacían lo suyo con cada gesto de atención y de perseverancia iba mejorando su salud.

El médico en cada oportunidad que tenía de un Cuerpo de Guardia que no paraban de llegar otros pacientes, pues se acercaba a seguir los signos de papi y como todo cubano conversábamos animadamente hasta que llegamos a los detalles de su vida profesional: misiones en Vene­zuela que le permitieron adentrarse en otra realidad muy diferente a la nuestra, su participación en Pakistán cuando el terremoto golpeó a ese país, pude labrar en sus más hondas sensaciones, pero cuando llegó a confesar que era uno de los Héroes que combatieron cara a cara contra el ébola fue cuando pude confirmar que no nos habíamos equivocado en nuestras primeras apreciaciones, estábamos en la presencia de un gigante, pero diferente a los que conocemos en series, películas, cuentos, este era común, como cualquier otro cubano, camina anónimo por nuestras calles y no lo reconocemos, no es famoso, ni siquiera alardea de todas sus vivencias, experiencias que sin dudas lo han he­cho crecer, forjarse.

Nuestro pecho vibraba con el conocimiento tan espontáneo y sincero de ese profesional que teníamos frente a noso­tros, de más está decir que papi no está curado, sus parámetros se trataron de normalizar hasta donde se pudo y debe seguir en investigación y aplicación de otros tratamientos que lo podrán mejorar, casi se acababa nuestra estancia en el policlínico de casi un día entero, cuando nos enteramos por casualidad que nunca hubo agua, que la compañera de limpieza hacía maravillas para evitar los desagradables olores y todo permanecía lo mejor posible, al menos al alcance de sus hábiles manos.

Nos marchamos con la despedida de aquel equipo de trabajo que supo mejorar el estado de salud de mi padre con sus conocimientos, pericia, pero fundamentalmente con su amor, y aunque entre los temas de conversación con el doctor estuvo su gran anhelo de poder hacer su especialidad que sé algún día engrosará su currículum profesional y colmará sus sueños, pero para nosotros prevalecerá por siempre su gran corazón que no cabe en el pecho.


Anays Montequín Jiménez,
Alameda Norte No. 213,
Reparto Santa Catalina,
Cerro, La Habana

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esmeralda tutier dijo:

1

20 de noviembre de 2015

07:13:15


En el municipio de Matanzas a toda esa historia, súmenle que hace ya mas de un mes no hay director del IPF que legalice con sufirma los trámites. Sin palabras. Gracias