
Vinculada desde hace años a la vida cultural cubana, a partir de su permanencia en el Instituto Valenciano de Arte Moderno, IVAM, Consuelo Ciscar quiso aportar a la 12 Bienal de La Habana con un original proyecto, Conexiones Cartográficas, la única exposición donde participan mayoritariamente artistas extranjeros en la megaexposición Zona Franca. Vale recordar que ha promocionado el arte y los artistas españoles en casi 40 países, y mantenido una incesante actividad relacionada con las artes visuales, además de un vínculo de reconocimiento y respeto con el arte cubano.
Para la realización de este proyecto, Consuelo convocó a nueve escultores, seis de ellos españoles, una angolana, un portugués de origen angolano y un cubano. A todos les presentó como presupuestos temáticos: la realización de fuentes de agua y la alusión directa al mundo del deporte. Como plataforma conceptual se trataba de reivindicar visualmente uno de los elementos urbanísticos recurrentes en casi todas las ciudades del mundo, no solo por su función decorativa en plazas y parques, sino también, en sus inicios y por mucho tiempo hasta hoy por su vitalidad humana.
En cuanto al deporte, cada artista debía enaltecer el papel de la actividad lúdicra como estimuladora de relaciones solidarias, algo bien distante al comercialismo muchas veces degradante en que ha desembocado el deporte en la industria globalizada del espectáculo. Es como si los ideales del Barón Pierre de Coubertin encarnaran el arte.
Las fuentes se hallan emplazadas al aire libre en varios puntos del complejo cultural Morro-Cabaña, al este de la capital.
Para la Ciscar, “el arte al aire libre alejado de las estructuras museísticas convencionales, adquiere una nueva sintaxis que permite al caminante común aproximarse a los lugares domésticos”.
Las primeras sorpresas del visitante se originan cuando junto al puente levadizo de La Cabaña encuentra las piezas de Natividad Navalón —el cuerpo de una mujer que se zambulle en una piscina— y de Teresa Chafer, donde sobre un plano inclinado se mueven las ruedas de bicicletas de carrera.
Resuelta mediante una inteligente estructura vertical, por la que discurre una cascada, Anillas, de José Cosme, es el símbolo del esfuerzo por alcanzar metas posibles.
Parecida concreción simbólica caracteriza la fuente de piedra de Alberto Bañuelos, en las afueras de La Cabaña: estilización de la jabalina, que remite a las sagas deportivas más antiguas.
Mayor complejidad compositiva presentan Eladio de Mora, DEMO, y Sonia Lukene. El primero derrocha ingenio al comparar las antorchas olímpicas con los policromos bastones de feria y los helados de barquillo. La segunda, intenta plasmar los mensajes ocultos en la actividad deportiva, mediante textos e inscripciones en lenguas africanas. Julio Kuaresma se decide por una trama conceptual en la que contrapone el rigor estatuario a la deconstrucción posmoderna. En las antípodas de esta codificación llega con una espléndida sencillez Maratón, del reconocido escultor cubano José Villa, fiel a sus angulaciones abstractas y la limpieza de las líneas que traza en sus obras no figurativas.
Cada una de estas fuentes refresca el ambiente de la Bienal, más allá de los surtidores de agua. Resulta estimulante para la visualidad esta apasionante diversidad.

TENTACIONES LUMINOSAS DE RACHEL VALDÉS CAMEJO
En el Malecón de La Habana, la tentación está servida. Nadie se resiste a penetrar en un cubo de gruesas paredes de vidrio plastificado con un intenso color azul para contemplar la ciudad, el muro, la inmensidad del mar, los transeúntes y el cielo. Azul sobre azul. El sueño de Malevich teñido de añil, hoy convertido en volumen y situado sobre el más popular paseo habanero.
No es la primera vez que Rachel Valdés Camejo responde a la convocatoria de Detrás del Muro, la originalísima idea con que el curador Juan Delgado Calzadilla ha dinamizado las dos últimas bienales de La Habana.
En la anterior edición, la joven artista presentó una enorme lámina de espejo (Happily ever after), que conviene recordar para saber la cota que ha venido alcanzando en sus preocupaciones esta Bienal habanera con una de las obras más incitantes y prometedoras, de esas llamadas a convertirse en una innegable referencia en la memoria del acontecimiento.
Otra obra de Rachel se ubica en una de las bóvedas de La Cabaña, la A-13 y se titula Composición infinita. Ejecutada a base de planchas de espejos, cajas de luces, dispositivos luminosos y sonoros la obra se inscribe dentro de la serie denominada Realities, que según la propia artista es “un proyecto de varias instalaciones, que encierran un proceso de análisis, observación y experimentación de las distintas realidades que conforman la existencia del ser humano en relación con el entorno. La dicotomía entre la vida real y la vida ideal, donde la ambigüedad de las formas, la distorsión de la realidad, y la multiplicidad de reflejos, crean escenas de dudosa visualidad”.
Este es un vivo ejemplo de cómo la apropiación de recursos tecnológicos puede y debe adquirir, cuando el arte es de ley, una dimensión antropológica y reflexiva de hondo contenido humano.
El espectador, situado en el interior de la cámara de espejos, se debate entre su propia imagen real y la virtual, en una especulación acerca de los límites de la materia y su reflejo, al multiplicar casi hasta el infinito gestos, luces y sombras en una atmósfera que por momentos recuerda la poética del cineasta Stanley Kubrick.
Como parte de las acciones por el aniversario 30 de la Bienal de La Habana, la artista emplazó un conjunto de obras en la Plaza Vieja. No es de extrañar el fuerte impacto visual en la obra de Rachel. Hace apenas cuatro años, en el 2011, cuando se graduó de la Academia San Alejandro, llamó poderosamente la atención con la muestra Sweet Life en la Casona de la Plaza Vieja. Por entonces se adscribía a una estética pop, pero en esas realizaciones se intuía la necesidad de transcender mimetismos. En su currículo se advierte una importante Beca-Residencia Vermont Studio Center, en el 2013 y antes, en el 2011 una beca de Fotografía en Nueva York.
Ahora, con estas composiciones espaciales y otros proyectos que serán vistos próximamente en La Habana, donde recurre a la fotografía como instrumento de indagación de otras realidades, la artista va tejiendo una trama de inquietantes significados que se avienen con proyectos de cada vez mayor rigor. Estamos ante una carrera que la sitúa en la ruta de una indagación visual pertinente y anticipadora.









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Virginia Alberdi dijo:
1
5 de junio de 2015
07:25:59
Mercedes Perez dijo:
2
11 de junio de 2015
18:12:47
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