
Sentir la ciudad y su gente, una consigna que pretende cumplir la Bienal de La Habana en su duodécima edición. Durante los días de la cita al arte contemporáneo, numerosos proyectos incidirán en los moradores bien sea porque estos participen en su concepción y realización o porque las obras se presenten como laboratorio social vivo.
La propuesta curatorial convoca a los artistas a “involucrar a las comunidades poblacionales y profesionales, sus micro-políticas y micro-espacios de socialización”. En ese sentido, algunas de las primicias más relevantes de esta ocasión ha sido asumir la capitalina Casablanca por vez primera como un espacio significativo en el cual intervenir.
El potencial cultural, histórico y patrimonial, “su topografía, las peculiares características del emplazamiento en uno de los bordes de la Bahía de La Habana, el desarrollo espontáneo de ese asentamiento poblacional y su historia vinculada desde el siglo XVIII a la actividad de carenar las embarcaciones, la presencia del ferrocarril Hershey” —el único eléctrico de Cuba—, entre otras razones, convierten a Casablanca en un sitio especial, idóneo para reunir allí a artistas cubanos y de otras latitudes que dialoguen tanto a nivel instalativo como de procesos de trabajo con la comunidad.
Entre la multiplicidad de universos artísticos, estará la chilena Guisela Munita colocando 72 sillas “dispuestas a los transeúntes, para tomar un tiempo de contemplación, sentarse a reposar, reconocer la ciudad en su verdadero estado”.
El lujo además de recibir al francés Daniel Buren y su intención poética de intervenir la estación de Hershey. Por su parte, el venezolano Juvenal Ravelo invitará a los espectadores a construir un gran mural, mientras Rafael Villares logrará el efecto interior de una tempestad, a nivel cromático.
A su vez, en Casablanca, cine experimental, formas de hacer colectivo, una casa común convertida temporalmente en museo, la creación de un fósil, ofrendas a Yemayá y/o la exploración de construcciones muertas, son solo algunas de las pautas que estarán coexistiendo en la misma zona geográfica. Además, un llamado de atención en cuanto a la relación entre Arte, Industria y Paisaje a cargo del arquitecto cubano Renán Rodríguez.
Casablanca será otro de los intersticios de la ciudad que faciliten la posible integración, la transdisciplinariedad que asume como base esta Bienal de La Habana que en su duodécima entrega prescindirá de un núcleo central de exhibición para intervenir toda la capital.









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mari dijo:
1
17 de abril de 2015
14:29:32
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