
¿Cuántas veces habré leído Las honradas, en aquella edición de hojas amarillentas? ¿Cuántas, Las impuras? Seguramente más veces la primera que la segunda; era y es la preferida para mí entre esas dos novelas de Miguel de Carrión (La Habana, 1875-1929); aunque leerlas ambas permite comprender en toda su amplitud la tesis del autor respecto a la hipocresía con que la sociedad juzga a las mujeres.
Aquellos ejemplares pasaron a otras manos en una mudanza, ya para entonces sin carátula y a punto de deshacerse; pero han vuelto ahora al librero familiar, gracias a la Biblioteca del Pueblo: Letras Cubanas entrega una nueva edición de los dos títulos en esta Feria del Libro.
En la nota de contraportada de Las honradas (1917) se la sitúa en la cúspide de la producción literaria de De Carrión: «singular oportunidad para confirmar hasta qué punto puede considerarse esta “la novela de la familia” en el conjunto ideotemático y composicional de la creación de su autor y por qué, a pesar del rechazo de parte de la élite habanera republicana, sus valores impactaron al punto de revolucionar ciertas convenciones sociales, insuperadas aún, y colocarla en el escaño de lo más selecto del panorama historiográfico de la literatura cubana».
En la novela, el escritor logra dar vida a una voz narrativa de mujer muy convincente, y enhebrar una historia que nos lleva del estupor a la ilusión, del erotismo al desengaño, de la vergüenza hasta el aprendizaje del placer.
No es de extrañar que causara escándalo en su época; Las honradas explora la limitada educación sexual ofrecida a las mujeres, las consecuencias del excesivo pudor para experimentar deseo, la infidelidad femenina, el aborto…
Dice la protagonista: «Desde que mis desgracias me enseñaron a conocer la vida, no siento un gran entusiasmo por las novelas. He leído muchas, y no he hallado una sola en que se coloque a la mujer en el lugar que realmente tiene en la sociedad. Las mismas escritoras apenas se atreven a diseñar tipos de mujeres, tales como son, con sus grandezas, sus fealdades y sus miserias íntimas, y sometidas siempre a humillante subordinación, cualesquiera que sean su rango y su suerte».
Evidentemente, De Carrión se atrevió y logró pasajes de una autenticidad conmovedora. Si bien muchas cosas han cambiado desde entonces en materia de género, no son todas ni tantas como debieran; así que esta novela sigue viva por su belleza literaria y por su tema.
«La sociedad ha querido dividir a las mujeres civilizadas en dos grandes grupos: las honradas y las impuras», se lee casi al principio del texto. Y a la par de estas páginas, decimos que ni unas ni otras, tan solo ¡mujeres!









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