
Es 1895. Ya está todos los días en peligro de dar su vida por su deber y por su país. Y es preciso dejar amarrados –por si sucede lo peor– ciertos mandamientos. Tal como hizo siempre, José Martí escribe cartas, pero estas específicamente enuncian al destino que deben tomar sus más urgentes voluntades.
Consideradas estas joyas del género epistolar como verdaderos testamentos, escritas por un hombre que jamás dejó ningún documento oficial de este tipo, la editorial del Centro de Estudios Martianos –Institución dirigida por la doctora Marlene Vázquez Pérez– publicó en 2016, por tercera vez, la edición crítica de Testamentos, un folleto que recoge algunas de las esquelas desde las que el Apóstol solicitaría qué hacer con no pocos asuntos de particulares incumbencias.
En cinco grupos se recogen las cartas que aparecen aquí: Testamentos familiares (que contemplan la conocida carta a su madre, con fecha del 25 de marzo, y la que le envía el 1ro. de abril, a su hijo); Testamento antillanista (a Federico Henríquez y Carvajal); literario (a Gonzalo de Quesada y Aróstegui); pedagógico (a María Mantilla) y político (a Manuel Mercado).
El pensamiento recurrente en su madre aflora desde las primeras líneas que dedica a Doña Leonor. Y se lo hace saber, como también el deseo del reencuentro familiar una vez que haya cumplido su deber con Cuba. «¡Ojalá pueda algún día velos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces sí que cuidaré yo de usted con mimo y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. (…).
A José Francisco, su hijo, le informa en brevísimas líneas de su salida para Cuba, de su deseo de haber tenido su compañía. De lo que recibirá –la leontina que le fuera obsequiada en 1878 por los alumnos de la Escuela Normal de Guatemala– si desaparece en el camino. Un «Sé justo», sella el mensaje, que de ser acatado por el destinatario lo haría virtuoso e íntegro.
Al dominicano Federico Henríquez y Carvajal le hablará de deberes sagrados, de su disposición de servir «a este único corazón de nuestras repúblicas. Las Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América, y el honor ya dudoso y lastimado de la América inglesa, y acaso
acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo».
Gonzalo de Quesada y Aróstegui, secretario de Martí, discípulo suyo, primer compilador y editor de las Obras Completas del Apóstol, recibiría en esta misiva la orientación de lo que debería suceder, tanto con los libros atesorados como con los de su autoría, así como el modo de ordenar sus trabajos. «De Cuba ¿qué no habré escrito?: y ni una página me parece digna de ella: sólo lo que vamos a hacer me parece digno. Pero tampoco hallará palabra sin idea pura, y la misma ansiedad, y deseo de bien», se lee en la carta.
De perfecta didáctica puede calificarse el que se consideraría su testamento pedagógico, que escribe en la carta dedicada a María Mantilla, un texto de exquisita factura, no solo por la delicadeza de los contenidos abordados, sino por la libre exposición de los sentimientos. Junto a recomendaciones
de cómo impartir determinados contenidos, hacer las traducciones, entre otros, está en trazos, el alma martiana.
«Que cuando mires dentro de ti, y de lo que haces, te encuentres como la tierra por la mañana, bañada de luz. (…) Y si no me vuelves a ver (…) pon un libro, -el libro que te pido, -sobre la sepultura. O sobre tu pecho, porque ahí estaré
enterrado yo si muero donde no lo sepan los hombres. -Trabaja. Un beso. Y espérame».
Del llamado Testamento político mucho se sabe. La extraordinaria vigencia de la carta inconclusa a Manuel Mercado, releída y bien aprehendida por los hombres de bien, es acaso, por estos días, el más revisitado de estos textos. «…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber (…) de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América».
Cierran estas líneas que traerán a lector nuevas remembranzas. Enero es martiano y convoca a releer más que nunca a su Apóstol. Cuba jamás lo pierde de vista.










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Ana dijo:
1
16 de enero de 2020
07:56:59
Lázaro dijo:
2
16 de enero de 2020
07:57:16
Francisco. dijo:
3
16 de enero de 2020
16:26:25
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