ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Portada del libro. Foto: Madeleine Sautié Rodríguez

Nunca antes de toparme con el texto del que hablarán estas líneas me fue tan obvia la faena extraordinaria del traductor de literatura, más peliaguda aún si trata de traducir poesía. Ella, sugerente como es, exige, incluso para los propios hablantes de la lengua en que ha sido escrita una descodificación especial para lo que el lector requiere una competencia que no le está dada a todo el que se dispone a leer un libro.

«Es labor ardua, más propia del chamán, el adivino o el médium, que de un simple mortal con cierto dominio de otra lengua. Definitivamente no se trata solo de lo lingüístico, sino del complejo tejido personal y sociocultural donde la lengua se inscribe. Las palabras, bien se sabe, son esquivas y ambiguas, las visiones e intenciones del poeta no siempre resultan evidentes».

Buenas razones para avalar el texto lírico que se lleva a otro idioma nos da el escritor Manuel García Verdecia, traductor y prologuista del libro El mar como un cielo (Ediciones La Luz, colección Rosetta), una selección –también a su cargo– de poemas del escritor francés Saint-John Perse (1887-1975), cuyo nombre real es Alexis Leger, y naciera en la pequeña isla de Saint-Leger-les Feuilles, –propiedad de la familia–  y perteneciente a la isla de Guadalupe, en el Caribe francófono.

Estudió abogacía, brilló como diplomático, pero sobre todo fue poeta y poeta distinguido en 1960 con el Nobel de Literatura. Marcado por la insularidad y sus propias circunstancias no fue difícil su diálogo ininterrumpido con la naturaleza con la cual firma nupcias felices, de modo que el canto a ella es permanente, lo mismo si es el motivo principal de la ocasión o si lo social figura como urgencia en la escritura.

El mundo visto desde sus ojos nos recuerda los entusiasmos whitmanianos, donde caben todos –y todo–; y es su canto un convite a palpar  cada experiencia de manera que quien lo escuche se involucre y la haga suya. Para advertirlo no es preciso conocer de pies a cabeza su obra. El manojo selecto de poemas escritos entre 1904 y 1962, que ofrece esta joya que brilla aún en algunas librerías, permiten al menos un eficaz acercamiento para no desconocer a este bardo que no solo preservó la poesía, sino que vio en ella, además de una forma de conocimiento, «un modo de vida, y de vida integral».

Dos personajes zancajean  entre sus versos –no importa cuál sea el poemario– para dejar claro un precepto que comparte el autor: el que asegura que las andaduras terrenales son finitas y lejos de anquilosarse en sitio alguno están en constante ajetreo. Así se encargarán de sugerirlo los pasos del Extranjero y del Peregrino, significaciones ambas que de movimientos hablan por sí mismas.

En Exilio (1944) se lee: ¡Mi gloria se halla en las arenas! ¡Mi gloria se halla en las arenas!... y eso no es vagar, oh, Peregrino, / Sino anhelar el aire más desnudo para armar en las sirtes del exilio un gran poema nacido de la nada, un gran poema hecho de nada… (…)

¡El exilio no es el ayer! ¡El exilio no es el ayer! «Oh, vestigios, oh, premisas, / Dice el extranjero entre las áreas, «¡todas las cosas del mundo me son nuevas!» Y el surgimiento de su canto  no le es menos extraño.

Unas 170 páginas donde espera la voz lírica construida por Perse harán las delicias del lector, que para beneplácito mayor contará, además, con el discurso que pronunciara cuando le fuera entregado el más descollante premio literario del orbe, el cual agradece en nombre de la poesía:

«He aceptado para la poesía el homenaje que aquí se le rinde, y tengo prisa por restituírselo. La poesía no recibe honores a menudo. (…) El amor es su hogar, la insumisión su ley, y su lugar está siempre en la anticipación. Nunca quiere ser ausencia ni rechazo».

Una cronología y un ensayo de Gastón Baquero cierran el libro donde el que ha sido llamado «cronista del mundo» lo es «no solo  por la universalidad de sus viajes, ni por el escenario variadísimo en que se mueve, sino por su esfuerzo grandioso, profundo, enérgico, para apresar de nuevo los Elementos».

A sabiendas de que irá al encuentro de un libro singular, le advertimos no se asombre si al concluir la lectura sueña que toma de la mano al universo y camina por sobre un poema, junto a él.

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