
Llevé a la casa el libro y no supuse que desde sus páginas haría un viaje tan largo. Cierto es que «nadie se baña dos veces en un mismo río», lo que significa en materia de relectura que no será igual la experiencia al volver al texto alguna vez leído. El paso del tiempo es materia suficiente para que el contenido ya visto tenga nuevos mensajes que decirnos. Si tengo un hermano, 58 años de solidaridad entre Cuba y Vietnam (Editora Abril) acaba de darme esa perogrullesca confirmación.
Embriagada por el olor a imprenta que exhala, manoseo, a horas de salir del poligráfico, el texto que se acaba de presentar como parte de la jornada que rememora la entrañable visita hace 45 años de Fidel al país indochino. Sin saber lo que hallaré en él lo tomo en mis manos y paso, aflojando el pulgar en un gesto que no sé bien cómo definir, una rápida ojeada a sus 94 páginas, donde esperan por ser leídos artículos, canciones, poemas, entrevistas que se agrupan ahora por primera vez. Reconozco algunos textos. El viaje arranca.
Antes de poner los ojos en letra alguna, los colores de una página parecen pedir que se empiece por ella. Una imagen guardada con celo en mi memoria infantil, que desde entonces no había vuelto a tener delante, me ha transportado al librerito donde guardábamos las niñas de la casa aquellas joyas que hay que regalar en la infancia, y ayudar a descubrir, para que al crecer el cuerpo crezca también el gusto por la lectura. De mi patio al cielo, me digo.

Era así como se llamaba aquel libro que usó esa estampa (Cartel de René Mederos, reconocido mundialmente) como portada, y vuelvo a sentir la rareza que experimentaba cuando veía cuadros orientales, con aquellos sombreritos picudos, en las cabezas de seres siempre trabajando.
Reoriento la vista que se me ha quedado clavada en aquellos días de lluvia en que no pudiendo salir a correr, fue la lectura sobre la cama la que nos salvó del tedio… y voy al fin al índice. Un paseo por la tierra de los anamitas, de José Martí, es el que abre, y al tiempo de leerlo me asaltan las viejas impresiones cuando en horas perdurables supimos de ese inmenso pueblo gracias a La Edad de Oro. «…No hay casa sin su ataúd, que es allá un mueble de lujo, con los adornos de nácar (…) y la muerte es allá como una fiesta, con su música de ruido y sus cantares de pagoda: no les parece que la vida es propiedad del hombre, sino préstamo que le hizo la naturaleza, y morir no es más que volver a la naturaleza de donde se vino (…)».
La hermosa leyenda del Hoan Kiem (lago de la espada restituida) es una delicia en la versión de la pedagoga Anisia Miranda y también de ella Dos héroes, que recrea las similitudes entre Martí y Ho Chi Minh. El mismo motivo es tocado por Odalys Borrell en Dos fundadores y vuelve el tío Ho a animar estas páginas en la entrevista realizada por la periodista Marta Rojas –corresponsal de guerra en Vietnam– el 12 de julio de 1969, la última concedida a un reportero extranjero: «... la fuerza y grandeza del pueblo vietnamita (…) residen en la unidad (…) y en que goza del apoyo de los pueblos del mundo y, como ejemplo, está el hermano pueblo de Cuba».
En el libro hay canciones de Silvio Rodríguez, cantadas por nosotros tal vez sin saber que han sido pensadas para honrar a Vietnam. «Madre, / en tu día, /no dejamos de mandarte nuestro amor» o «Vivo /preparando dolores / pues no habrá flor sin tus flores, / pues no voy por donde vas a ir». Y hay fotos hermosas, donde esa tierra heroica y su gente noble y admirable nos estruja el pecho.
Hay un texto plagado de dulzura. Lo firma el poeta Félix Pita Rodríguez. Nombre de niñas recorre el modo en que se determina cómo se llamará la nena que ha venido al mundo. Así, las pequeñas recibirán denominaciones como Flor de Oro; Flamboyán primaveral, Crisantemo de otoño, porque «cuando en una casa vietnamita nace una niña, toda la familia se pone a pensar en aquello que les parece más hermoso para dárselo por nombre».
Con estas alusiones no termina el viaje, que será distinto para cada uno, lo mismo si alguna vez se detuvo en estas «estaciones» escritas o si se estrena como pasajero del conocimiento sobre este pueblo inmenso, del que mucho ha de saberse porque de él mucho tenemos que aprender.










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Maigualida dijo:
1
21 de septiembre de 2018
01:26:05
Enrique Mogensen dijo:
2
21 de septiembre de 2018
18:06:43
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