ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Fueron numerosos los mensajes intercambiados entre Fidel y Paz, en los que trascendían el reconocimiento y la confianza en el bravo combatiente, y la lealtad y disciplina del jefe guerrillero hacia el máximo líder rebelde. Foto: Archivo de Granma

Ramón Paz Borroto nació en la ciudad de Ciego de Ávila, el 31 de agosto de 1924. Inscrito en Morón, junto a sus dos hermanos, se trasladó con sus padres hacia el oriente del país, y creció al amparo familiar de una tía y de su esposo, en las cercanías del central América (hoy América Libre), en Contramaestre, Santiago de Cuba.

Apenas cursó los primeros años de la enseñanza primaria en escuelas rurales. Trabajó desde muy joven, tomó conciencia de clase y defendió a los trabajadores, actitud que le acarreó dificultades con los propietarios de los centrales América, y más tarde con los de Santa Martha, en Santa Cruz del Sur, Camagüey. Fue padre de tres hijos.

Las Minas de Charco Redondo, en Santa Rita, Granma, contribuyeron, de modo significativo, a su formación revolucionaria. Allí conoció a Fidel Castro, cuando este recorrió aquel sitio, el 4 de abril de 1953, y se preparó con medios y hombres para cortar el paso a las tropas de la tiranía en dirección a Bayamo, el 26 de julio de ese año.

Encabezó la célula del Movimiento 26 de Julio en Charco Redondo, desde su fundación, asumió las misiones más riesgosas y descolló por su decisión y valor. Suministró dinamita y explosivos a la Sierra Maestra y al llano, y contribuyó a engrosar las filas rebeldes con los hombres más idóneos. Tuvo una relación creciente en la lucha con el extraordinario dirigente clandestino Frank País, quien lo captó para el Movimiento, le daba indicaciones directas y sostuvo encuentros con él.

Detenido por sus actividades revolucionarias y tenazmente perseguido, formó parte del tercer refuerzo enviado por René Ramos Latour, Daniel, a la Sierra Maestra, a mediados de noviembre de 1957, y en su primer encuentro con el máximo jefe rebelde, fue ratificado al mando de una escuadra, con el grado de teniente.

Participó en el combate de El Salto, formó parte de la agrupación que bajó al llano, comandada por el entonces capitán Raúl Castro Ruz, con el propósito de atacar el cuartel de Calicito, cerca de Manzanillo. Se destacó en el segundo combate de Pino del Agua, en el ataque a los cuarteles de Veguitas, Estrada Palma y San Ramón, y en la emboscada de El Pozón.

En previsión de la ofensiva enemiga, cumplió una misión especial encomendada por Fidel, para el traslado de reses hacia la Sierra Maestra, destinadas a la alimentación de los campesinos y guerrilleros.

La actuación de Paz fue decisiva en el rechazo a las fuerzas que desembarcaron por la dirección sur durante la Ofensiva de Verano. En un momento complejo, frente a las tropas del ejército que avanzaban por el norte y el sur en las primeras semanas de iniciada la ofensiva de la tiranía, se produjo el combate de La Caridad, en el que, apenas con una escuadra, detuvo el empuje inicial del Batallón 18, obligándolo a retroceder hasta la costa, acción que, por la audacia y espíritu combativo, mereció el reconocimiento de Fidel en un mensaje:

«Paz: no sabes el valor que tiene en estos instantes haber rechazado a los guardias por ese camino. Te felicito por el acierto y por la acción, al igual que a los bravos compañeros que están contigo...».

Los combates de La Caridad, El Naranjal, Purialón, Casa de Piedras y Providencia jalonaron un camino de hazañas escritas por el destacado jefe rebelde contra la ofensiva.

En ese periodo fueron numerosos los mensajes intercambiados entre Fidel y Paz, en los que trascendían el reconocimiento y la confianza en el bravo combatiente, y la lealtad y disciplina del jefe guerrillero hacia el máximo líder rebelde.

En su carácter se mostraba jovial, conversador y gastaba jaranas, al tiempo que era exigente. El Che lo caracterizaría en breves líneas, en respuesta a un compañero: «Debo recordarte que Paz es nuestro mejor capitán. Un poco duro a veces, pero justo y muy valiente».

Quienes pelearon junto a él, lo querían y admiraban por su valor y capacidad para organizar y dirigir el combate; obraba como si se tratara de un militar profesional.

En las emboscadas esperaba a que se acercara el enemigo, y muchas veces combatía a la distancia de cinco y diez metros. En una ocasión, con el adversario a pocos metros, y en condiciones desventajosas para los insurrectos, cogió una ametralladora, la cargó al hombro, la situó en medio del camino y comenzó a disparar. Aquella osadía salvó la situación.

En Purialón, durante la batalla de El Jigüe, por una confusión de la orden recibida, no bajó desde la altura en que se encontraba, lo que no contribuyó al aniquilamiento suficiente del enemigo. Entonces respondió a Fidel con la vergüenza y el valor que lo distinguía: «Mándeme órdenes; pero que sean de pelear», y lo hizo de la manera más sobresaliente, cuando el adversario intentó de nuevo avanzar por la misma vía.

En Casa de Piedras, sin concluir aún la acción, partió velozmente hacia las posiciones enemigas, seguido por Daniel y unos pocos rebeldes, para tomar prisioneros, ocupar las armas y prestar asistencia a los heridos.

Por sus méritos extraordinarios, fue ascendido por Fidel a Comandante del Ejército Rebelde, al amanecer del 26 de julio de 1958, luego de ese victorioso encuentro.

Dos días después, en Providencia, en las primeras horas de la mañana, cuando intentaba alcanzar una línea para rechazar los efectivos del Batallón 11, que se retiraban a la desbandada a través del río Yara, y sin llegar a situar las emboscadas a su espalda, Ramón Paz Borroto cayó entre dos fuegos, incluido el del Batallón 22 que, procedente del central Estrada Palma y en apoyo a las fuerzas que se retiraban, había salido al flanco derecho y la retaguardia de su posición sin resistencia alguna. Solo con su muerte pudo pasar el enemigo.

Bajo su mando estuvieron destacados guerrilleros, entre ellos Andrés Cuevas, Braulio Curuneaux, Antonio Sánchez Díaz (Pinares) y Manuel Hernández Osorio, caídos heroicamente años después, en Bolivia; Eddy Suñol y René Ramos Latour, junto al que libró sus últimos combates.

Sus restos reposan en una sencilla tumba, en el lugar donde murió heroicamente, a la cabeza de otros compañeros que le acompañaban.

Paz ascendió a fuerza de valentía, audacia y capacidad, y fue uno de los combatientes más completos.

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