ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Sala de conciertos Dolores. Foto: Archivo de Granma

Aunque se requiere de tiempo y una labor consagrada y, sobre todo, muy profesional, en lo fundamental la restauración de la afamada Sala de Concierto Dolores de la ciudad de Santiago de Cuba se encauza y, para el 70 aniversario del asalto al cuartel Moncada, lucir mejor.

En este sentido, Granma contactó con el arquitecto Omar López Rodríguez, director de la Oficina del Conservador de la Ciudad (OCC) quien reconoce que «esto ha sido un proyecto muy trabajado, incluso desde el siglo XX, para recuperar una edificación que data del XVIII, bastante deteriorada por el tiempo  y otros factores.

«Nos pusimos de acuerdo con la Iglesia Católica y trabajamos toda la estructura del inmueble; en aquel momento era la Oficina Técnica de Restauración la que se encargó de esa labor, y finalmente se concluyó la Sala; quedó de una manera que produjo la admiración general del público, y especialmente del maestro Frank Fernández, quien valoró la capacidad acústica del recinto y la estética de este, y hasta dijo: ´Cuando las cosas se hacen con amor no hay nada imposible´.» acotó el Conservador.

Sin embargo, –refiere López Rodríguez- «así se utilizó la sala durante varios años pero luego comenzaron a aparecer filtraciones, canalizaciones defectuosas, plantas parásitas y otros problemas que provocaron daños en el techo de la sala principal y también, la aparición de plagas de termitas en cantidades considerables, en el área administrativa y en el local de ensayo de la Orquesta Sinfónica de Oriente (Oso)».

Ante la situación, en conjunto la Dirección Provincial de Cultura, la OCC y el Gobierno decidieron, a pesar del momento tan complejo por el que atraviesa el país, recuperar la Sala de Conciertos Dolores y accionar en tres áreas:

En la cubierta de la sala principal, mediante un proyecto que materializa un grupo de especialistas y que, adicionalmente en el interior, incluye, pintura, limpieza de los acrílicos (enormes paneles en lo alto, como parte de la acústica), el sistema de iluminación, mejoramiento del tabloncillo del escenario y el área de butacas, un proceso muy importante de conservación.

La otra es la torre campanario. Allí se afectó una de las vigas principales de sostén, y también hay daños en los otros niveles de la torre, incluso sobre un baño colectivo que está cerca de la entrada del inmueble. Todo eso requirió utilizar otro equipo de especialistas, solo para la torre campanario.

La tercera intervención es en los locales administrativos y en el de ensayo de la Orquesta Sinfónica. Allí se desmontó todo el techo y ahora se coloca uno nuevo, además de otras labores.

Omar López recordó, que los esquemas de trabajo de la fuerza constructiva adscrita a la OCC están de lleno en el área patrimonial 26 de Julio, o sea: el antiguo Cuartel Moncada, el Parque Histórico Abel Santamaría, el Palacio de Justicia…

¿Qué hizo la Oficina? Buscó el apoyo de personal especializado del Fondo Cubano de Bienes Culturales y de algunas Mipymes, para enfrentar el proyecto de restauración de la Sala, siempre con el asesoramiento  de la OCC. Y es que el Gobierno, al valorar las condiciones económicas del territorio, optó porque la Oficina asumiera la responsabilidad inversionista en la “Dolores”, como respuesta a la preocupación del pueblo santiaguero que quiere ver recuperado y funcionando, uno de los mejores recintos para conciertos de Cuba.

También conocemos de primera mano, que el colectivo de trabajadores de la Sala estaba preocupado porque transcurrían meses y meses y no veía una acción efectiva para “salvar” al inmueble, gestión que ha cambiado si nos remitimos a las palabras de Omar López.

El Director de la OCC puntualizó, que si las lluvias no se interponen en la ejecución constructiva, en la Sala de Conciertos Dolores, restaurada y embellecida, habrá presentaciones artísticas como saludo al aniversario 70 de la efeméride del Moncada.

Un poco de historia

Rumbo este, el perímetro urbano de Santiago de Cuba prácticamente se terminaba donde fue levantada en el siglo XVII, la Ermita de Santa Ana. De ahí para allá era monte, con frutales y venados incluidos. Terremotos y piratas dieron cuenta de la Ermita y sobre sus ruinas, en 1722 se construyó la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, que luego fue Parroquia Auxiliar desde 1803 hasta 1908, cuando es entregada al Colegio Dolores, que la convierte en su capilla.

 Setenta años después, el inmueble, deteriorado por el tiempo y más, pareció llegar a su final, cuando un incendio dio cuenta del techo, altares y retablos. El Arzobispo de Santiago de Cuba donó el recinto al Estado cubano, para edificar allí una sala de conciertos, tan recurrida por la urbe, y que mantuviera el nombre: Dolores. Diez años después de las llamas, el arquitecto Manuel F. Quevedo Kairuz y otros especialistas encontraron solo el campanario y paredes. En diciembre de 1986 se iniciaron los trabajos. Fue una labor casi genial para devolver al local no solo la belleza arquitectónica sino las condiciones acústicas excepcionales que lo caracterizaron.

En enero de 1989, con la asistencia de Esteban Lazo Hernández, entonces Primer Secretario del Partido en la provincia y otros miembros del Buró Político, dirigentes políticos y gubernamentales, invitados, y la actuación de la Orquesta Sinfónica de Oriente con el maestro Frank Fernández, fue inaugurada la Sala de Conciertos Dolores. Desde ese momento, lo más notable de la música y el canto sinfónicos y de los coros de Cuba y del extranjero, llegado a la ciudad, ha pasado por la “Dolores”. Y seguirá pasando.

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