ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Imagen del filme en homenaje al militar y político venezolano. Foto: Fotograma del filme

Conmemoramos los 20 años del estreno del largometraje Francisco de Miranda, presentado con gran éxito en Venezuela, para 2006, en coincidencia con el aniversario 200 del arribo del patriota a las costas de esa nación y del izado, por primera vez allí, de la bandera tricolor.

Cuando el hermano país está siendo sometido, desde hace meses, a una escalada bélica imperialista de consecuencias aún por definirse (que tuvo el 3 de enero el triste episodio del ilegal secuestro del presidente Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores), resulta muy oportuno ver una obra fílmica que destaca el temple de sus héroes, el valor de ese gran pueblo que no se dejó doblegar un día por los españoles.

La cinta del realizador venezolano Diego Rísquez –fallecido en 2018– desarrolla una aproximación biográfica al prócer caraqueño que, sin eludir los elementos históricos propios de semejante tipo de variante genérica, pretende hallar un equilibrio en su planteamiento argumental en cuanto a la incorporación de los rasgos humanos del adalid de la independencia americana.

Si se tiene en cuenta que, en su anterior Manuela Sáenz, Rísquez abordaba a aquella figura mucho más desde la pendiente creativa de un poema dramático inspirado a la forja de las letras románticas y transmutado en cine, que desde las clásicos parámetros histórico–dramatúrgicos de la biopic o drama biográfico, se comprenderá mejor que su visión de Miranda tampoco sea un modelo canónico.

Si por un lado habría de ponderarse la acentuación en pantalla de su humanidad (el ardor, la vehemencia interpretativa del actor Luis Fernández ayuda en tal sentido, al transmitir con eficacia los ánimos, arrestos y sentimientos del personaje central), todo queda un poco resentido debido a la falta de mesura al remachar, con mucha insistencia, el perfil erótico–romántico del militar y político.

Rísquez tampoco se contiene en la incorporación de un realismo mágico sin fundamentos dramáticos, y pone en peligro el relato por conducto de su polifonía de voces, principalmente cuando, de buenas a primeras, las mujeres de Miranda comienzan a hablar de forma directa con el espectador, lo cual desentona a causa del estruendo abrupto de una cuarta pared rota sin mucho sentido.

Al margen de tales deficiencias, el realizador –quien fuese todo un acuarelista de la pantalla local– logra que el equipo bajo su batuta fragüe una fabulosa reconstrucción de época, al tiempo que dota a su filme de un continente visual a ratos esplendente.

Ha de encomiársele, más que todo, su notable preocupación por conferirle un rango de verosimilitud histórica a la recreación de los hechos, desde una síntesis encomiable, la cual permitió insertar, en hora y media, los sucesos fundamentales de los 66 años de vida de alguien cuyos ideales independentistas influyeron en Bolívar, quien consideró a Miranda el más universal de los venezolanos.

Dicha recreación abreva en varias fuentes, aunque fundamentalmente en la copiosísima Colombeia, título del extenso archivo del precursor de la independencia de Venezuela y de la América española, también un gran memorialista.

Es valioso el mensaje final del filme sobre el triste destino postrero de Miranda, de cárcel y enfermedad mortal, o la retracción momentánea del proyecto libertario integrador señero del continente en los comienzos del siglo xix, como consecuencia de las torvas intrigas externas e internas, las incomprensiones e ingratitudes, la manipulación de los poderosos, la desunión y la ignorancia.

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Enrique dijo:

1

26 de enero de 2026

12:39:01


Por qué estás películas de carácter históricos tan relevantes e importantes pa' conocer la historia de nuestra América,no se transmite por la T V y no dicen otros medios para disfrutar