ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Fotograma de Heroico

Heroico (David Zonana, 2023) de seguro será repudiado por el sector que consume las producciones de Vix, el servicio de streaming de Televisa/Univisión, cuyas películas remiten a un México rosa pastel, completamente burgués, idílico. Nada que ver, esto, con esa mentira.

Aunque sin alcanzar el techo artístico de su debut en Mano de obra (2019), Zonana insiste, de manera ríspida, frontal, en temas conflictivos del espectro social mexicano mediante Heroico, un drama que enfoca los atropellos experimentados por el adolescente indígena Luis (Santiago Sandoval), tras su entrada al Heroico Colegio Militar.

La brutalidad de determinadas estructuras castrenses, el proceso de deshumanización de sus cadetes, los sufrimientos individuales de algunos reclutas u oficiales situados fuera del canon del «macho alfa» es un tema de vieja data en la pantalla, antes y después del tan recurrido referente de Full Metal Jacket (Stanley Kubrick, 1987).

La reciente Una cuestión de honor (Rachid Hami, 2022) refería la historia de Aissa, joven oficial de origen argelino que muere durante una novatada en la academia militar francesa de Saint-Cyr. A diferencia de esta película gala,

Heroico se resiente en la escritura de los personajes; en el filme europeo, dignos de ejemplo por su redondez, pero en el mexicano, meras siluetas, bocetos. El ambivalente empleo de su simbología y la insistencia en subrayar la tesis crítica mediante la apelación constante a lo gráficamente violento, en una tesitura de estilización, igual le resta peso al título.

Hay  rasgos de afectación, disonantes, en Tótem (Lila Avilés, 2023). Cuando, al minuto 65, en este encuentro familiar, suerte de despedida a un enfermo terminal, alguien comienza un intempestivo sermón académico sobre Pablo Freyre, Pedro de Alvarado y las masacres coloniales, dan ganas de huir del cine. Al sacarlo de cuadro, remata otra intelectual, quien discursa en torno al calendario ritual del Tonalpohualli. Sí, el enfermo se llama Tona, se alude al tiempo, pero resulta algo prescindible en el filme.

El relato se instala cuando se prepara y transcurre dicha fiesta de cumpleaños para Tona, en la casa de una extendida familia mexicana de clase media. Lila Avilés, cineasta dotada de envidiable pericia para captar, capturar y seguir el decurso del tiempo en espacios reducidos, así como los detalles de las rutinas humanas, los gestos, los ambientes (algo evidenciado desde su debut, La camarista, de 2018), confirma tal virtud ahora. La observación de los actos de los personajes, de sus interacciones, es lo más sobresaliente aquí.

Aunque ronda la presencia de la muerte, Avilés nos muestra a esta familia como un tejido vivo, afirmado en su convergencia y unidad. Mientras el cinismo de cierto cine contemporáneo cuestiona esta célula básica de la sociedad, Tótem refuta tal idea, mediante una película que apuesta vehementemente por la familia en tanto vector de redención, en cualquier circunstancia, también en la enfermedad.

Lo hace sin propensión al melodrama o a las inducciones baratas; sino gracias a un ejercicio íntimo y naturalista, sobre todo muy perceptivo.

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