Hace 12 meses lo avisé en esta columna: Milián cumpliría 80 años en 2026. A esa edad venerable arribó el pasado martes 17 de marzo; obligado motivo para celebrar y volver al matancero de nacimiento y habanero de presencia, José Patricio Milián Martínez.
Autor y director constituyen sus marcas en el teatro cubano, pero ellas solo trazan las rutas principales de una entrega completa al oficio, en el que se ha desempeñado como actor, diseñador escénico y musicalizador. Y, agregaría yo, en esos otros trabajos «menores» del teatro que podría resumir en estar siempre al pie del cañón, en compañía de sus actores durante cada función. Detrás de la pizarra de sonido o, simplemente, agazapado hacia el fondo del público, atento a todo, en su búnker del Café Teatro Brecht.
Lo anterior describe la condición de excepcional trabajador de Pepe Milián. Siempre allí, por décadas, viviendo en las cercanías de la sala de su preferencia, para llegar a pie o como sea, ahora que tiene dolencias de salud. Parece no interesarle nada que no sea hacer teatro.
En el ya no tan corto tiempo en que he sido espectador profesional, Milián ha estado al frente del Pequeño Teatro de La Habana, la agrupación que, a su imagen y semejanza, fundó en 1989. Atrincherada por años, como señalé, en un espacio afín para un «pequeño teatro», regido, además, por su poética en torno al teatro musical de estilo brechtiano.
Su grupo articula con plena coherencia la intensa trayectoria de nuestro Premio Nacional de Teatro 2008. Milián se destaca, desde muy joven, de tal manera que el fervor de creación, influencias y cruces de la década de los 60 entran con naturalidad en su obra. De ahí su álgida pelea con las expresiones de la posvanguardia de dicha década, asentada en su formación dentro del Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional, con el argentino Osvaldo Dragún y la mexicana Luisa Josefina Hernández, así como su activa pertenencia a colectivos como La Rueda, el Joven Teatro de Vanguardia, el Teatro Musical de La Habana o Teatro Estudio.
Desde entonces, es vasto su aporte al repertorio cubano y muy revisitado por puestas en escena en todo el país. Se puede rastrear, en parte, en libros de su autoría y en los libretos de la Revista Tablas. Aunque sería ocioso listar sus obras, algunas no pueden dejar de mencionarse, así sean de lugar común entre el público conocedor.
Vade Retro es sinónimo de su comienzo y base de un célebre montaje, mientras La toma de La Habana por los ingleses es parte del conjunto de piezas con que se despide la escena de los 60. Yo la incluí en una antología de la dramaturgia en la Revolución. A finales de los 90, escribe y dirige una obra deliciosa de mucha significación, Si vas a comer, espera por Virgilio, cuya función en el Teatro Principal de Camagüey, como apertura de un festival nacional allí, no olvidaré nunca.
Maestro de actores, fino conocedor del alma humana según se aprecia en su dibujo de personajes, situaciones y diálogos, batallador incansable de tanto teatro, que contiene 80 años en las 80 vidas de José Milián.










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