Pocos pondrían en duda que se necesitan más películas con temáticas como la de Cuba Libre (Jorge Luis Sánchez, 2015). Una carencia que se torna más resaltante cuando se mira atrás y se comprueba que si bien hay títulos significativos en el cine histórico cubano, el género se ha quedado prácticamente huérfano, entre otras razones porque exige recursos y talentos para asumir una empresa plagada de inconvenientes.
Lo primero es sacudirse de los clichés historicistas que traen aparejados ciertas películas de época, despojo que muy bien hicieron Humberto Solás, con Lucía, y Manuel Octavio Gómez con La primera carga al machete.
En ese no contar la historia por la historia, sino trasponerla artísticamente en un guion tan atractivo como sugerente, tiene Cuba Libre una carta de triunfo. Se ha reiterado en su promoción que es un conflicto (la llegada de “los americanos” al final de la Guerra de Independencia) visto a través de los ojos de dos niños, y tal rótulo pudiera hacer pensar que estaremos ante una visión limitada en sus connotaciones históricas, cuando en verdad es la lucha interna entre los dos muchachos, y sus posturas contrastantes, en favor del intervencionismo, o la independencia, lo que le impregna una sustancia especial al conflicto, entre otras razones porque ambos adolescentes, junto a otros personajes, simbolizan posiciones encontradas y variantes desprendidas de ellas, que luego se desatarían en la República.
Dos adolescentes Alejandro Guerrero (Simón) y Christian Sánchez (Samuel) muy bien escogidos y dirigidos.
Cuba Libre es un filme de excelente fotografía (Rafael Solís) y reconstrucción de época, una trama que cuando parece ir en pos del didactismo para explicar las maniobras intervencionistas, levanta vuelo y busca en los giros del drama y sus personajes los resortes que necesita para alumbrar desconocimientos. Guiños políticos desde el pasado al presente que resaltan sin que se aprecien intenciones de subrayados, más bien porque así fueron los hechos, ahora recreados en la ficción, y el espectador no necesita romperse la cabeza para establecer asociaciones políticas, de carácter hegemónico, entre aquel pasado y lo que vino después.
La obra del siglo (Carlos Machado Quintela) se inscribe en una estética de la asfixia signada en esta ocasión por el desencanto, elementos también inherentes al arte, de los cuales se sirve el director para construir una obra pletórica de imaginación surgida, evidentemente, de un guion en progreso, es decir, un arranque original y luego la incorporación por el camino de todo lo que se preste al enriquecimiento.
Ese camino conduce a Juraguá, en Cienfuegos, lugar donde debió construirse en los años ochenta una planta nuclear proporcionada por la Unión Soviética, y también una denominada Ciudad Nuclear.
La URSS se derrumbó y el proyecto quedó en sueños, dinámica esencial para darle paso al estado de desencanto que flota en La obra del siglo. La asfixia le proviene de tres personajes, el abuelo (Mario Balmaseda), el padre (Mario Guerra) y el hijo (Leonardo Gascón), viviendo en un apartamento de la Ciudad Nuclear, sin sombra de mujeres. Pelean, sacan a relucir frustraciones y se consumen en un día a día marcado por la monotonía del encierro.
Dicho así parecería un cuento fácil, pero Machado impregna esas relaciones de una tensión cotidiana rubricada por lo subreal y lo grotesco, y el resultado es un cuadro de solidez dramática en la que, si bien los tres actores sobresalen, hay que aplaudir a un Mario Balmaseda recobrando, para felicidad de los que lo admiran, sus mejores momentos.
Una ficción que se alterna con imágenes de la época tomadas por Tele Nuclear, que tenía el encargo de llevar una suerte de diario de los progresos constructivos del proyecto. Imágenes coloridas y narraciones triunfalistas (y a veces no tanto) de las que se sirve Machado para exhibirlas en pequeño formato, como si se vieran desde una ventana, en contraste con su filme en blanco y negro donde las ruinas de lo que debió abandonarse cobran una visión fantasmal.
Original película, con valores cinematográficos en nada necesitados (al contrario) de la presentación altisonante y no poco irrespetuosa, hecha por su director durante la tarde de este pasado lunes, en el cine Chaplin.










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soe dijo:
1
10 de diciembre de 2015
07:09:09
Jason dijo:
2
10 de diciembre de 2015
12:45:39
Rubèn Padròn dijo:
3
23 de mayo de 2016
13:52:05
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