En el 2010 Iván Putrov pisó por vez primera un escenario cubano. Llegó como Bailarín Principal del Royal Ballet, compañía invitada al 22 Festival Internacional de Ballet de La Habana para interpretar, entre otros, el Month in the country, del coreógrafo Frederic Ashton, junto a la bailarina Alexandra Ansanelli.
Cuatro años después regresa como freelance, tras abandonar la principal compañía británica de danza, y dedicarse a participar en galas y eventos internacionales.
En su carrera como bailarín, el estelar ucraniano ha interpretado los principales roles de las grandes tradiciones romántico-clásicas, así como creaciones de maestros como George Balanchine, Jerome Robbins, Roland Petit, John Cranko y Kenneth MacMillan.
Como invitado a este 24 Festival de Ballet interpretará al Príncipe Siegfried en la versión cubana de El lago de los cisnes, en la gala que tendrá lugar el 4 de noviembre en el teatro Karl Marx.
“El caso Siegfried es todo un reto, porque tiene muchas dimensiones. No es un príncipe común, de tantos que hay en los clásicos del siglo XIX. El desarrollo de Siegfried como personaje pasa por el espectro del desarrollo mismo del ser humano: desde adentrarse en lo desconocido, enamorarse, ser traicionado, perdonar. El lago de los cisnes es muy fuerte desde el punto de vista dramático y de interpretación, con elementos esenciales del bien y el mal, la duda y la sensualidad contra el formalismo”, asegura Putrov.
Esta vez el bailarín se unirá en escena a la Primera Bailarina del Ballet Nacional de Cuba Viengsay Valdés, quien interpretará el doble rol de Odette/Odile. Serán secundados por solistas y el cuerpo de baile de la compañía cubana.
“He tenido el placer de conocer a Viengsay como artista y persona en varias ocasiones. Ahora es tiempo de bailar juntos por vez primera. El lago de los cisnes es uno de los roles que distingue el trabajo de Viengsay. Será un placer ser su príncipe”.
Para el bailarín El lago… potencia la perfecta simbiosis de arte y vida. “El lago de los cisnes no es entretenimiento, es el arte potenciando cuestionamientos de la existencia humana y sus valores. Este ballet es una combinación perfecta del arte dramático y el desarrollo técnico de la danza. Y por supuesto permite disfrutar de la genialidad Tchaikovsky”.
Del público cubano recuerda su entrega y espera poder devolver todo ese cariño nuevamente. “El público comparte el futuro del arte y el teatro tanto como los artistas. Sin uno de ellos, el otro se vuelve pura teoría. Como Carlos Marx dijo, la realización es todo. En todos los niveles mi visita a Cuba en el 2010 fue apasionante y lo que más esperaba era volver y bailar”.
Los planes profesionales de Putrov no se detienen en La Habana. “Bailaré este año con Natalia Osipova en el teatro Bolshoi como parte de una gala en ayuda a mi escuela de danza en Kiev, Ucrania. Además tengo proyectado bailar Shekherazade en Tokyo con la prima ballerina Olena Filipyeva como parte de la gira del Ballet Nacional de Ucrania (sería muy gratificante bailar algún día este ballet con Viengsay Valdés). Además pretendo volver a realizar Men in motion”, asegura el ucraniano.










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