En unos versos del libro Vías de extinción, especialmente en Leído por teléfono, Antón Arrufat se confirma más que en ningún otro texto suyo. Aunque sería útil adelantar que la mayoría de los poemas de este libro, Premio de Poesía Nicolás Guillén 2014, lo hacen de una forma o de otra. Es decir, perfilan un estilo que es pura personalidad.
Entre el sarcasmo señoril y la aceptación; del más trasnochado lirismo a otros estados más cáusticos de la expresión. Así va este cuaderno de 35 poemas que se activa como una suerte de epílogo de El viejo carpintero, su último libro de poesía publicado en 1999.
Hace algunos meses el autor nos convidó ante las cámaras de TV a ser muchedumbre en la presentación oficial. No sabría nunca si ese tirarse a chanza fue otro ardid de león en la entrada briosa a los 80 años. Lo más seguro es que fuera así. El poemario en cuestión ya está en librerías y puede, además, encontrarse en la Cabaña, sede de la Feria. Un libro de poesía cubana actual, legítimo, pequeño, de los que a una no se le traba la letra al recomendar al lector, a cualquier lector.
En la nota de interior de cubierta consta que en Vías… hay textos que aluden a libros anteriores, textos no incluidos antes y retomados ahora junto a otros que sí se adentran en lo que el editor considera una “nueva etapa, o un “nuevo estado de creación”.
Pero el autor revisita, no hay duda. Aunque potencia. Su diálogo es hoy el del peleador apedreado (melancólico, sarcástico) que parece que capitula, pero no lo hace. Otros son ahora los tiempos del vivir; estos que cuenta hablan de restas que se multiplican. Antón se descubre en el tiempo de su poesía, “hecho de recuerdos más que de presente…”
No uno ni dos ni tres, sino la inmensa mayoría de los textos de este libro reacomodan el tema de la vejez, haciéndolo pasar por la experiencia de la escritura confesional: el sexo, la soledad, la niñez, la ausencia de Dios, las rutinas, el amor, las pérdidas, el declinar, la muerte...
Ahora, este no es un poemario lastimero. Revuelve, intranquiliza, pero reconcilia. Con los imponderables de la existencia y, sobre todo, con lo mejor de la poesía moderna. Fundamentalmente, por la racionalidad del tono.
El lenguaje claro, ajeno al ornato, casi matemático de la escritura de Antón Arrufat, tiene por momentos su escape a la figura poética en extremo sentimental, pero casi siempre lo demostrativo del acto, ese hacer ver lo que se siente y se piensa como si la experiencia se nos volviera común, parte de la nuestra, o de lo que pudiera ser la nuestra, logra en este libro una proporción perturbadora, de tensión envidiable.
La revelación de los propios declives del poeta encuentra en la ironía un recurso ideal. Porque cuando la vivencia es al desnudo, ilumina, no araña, consiguiendo que el efecto poético se produzca con una convincente naturalidad.










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