ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Juvenal Balán

Si de algo debemos hablar en el verano es del agua; ese elemento esencial en nuestras vidas y que para la mayoría de las personas, en especial los niños y jóvenes, constituye en esta época del año además, un lugar donde realizar deportes y una importante fuente de placer y diversión.

Justamente es este último elemento de gran relevancia para la doctora Milagros Santacruz Domínguez, especialista de primer grado en Pediatría y Coordinadora del Programa de Prevención de Accidentes en menores de 20 años. «La alerta en el verano es más que necesaria en nuestro país,en cuento a la prevención del ahogamiento y sumersión accidentales, un tipo de evento que tiene en Cuba especial importancia, por sus características geográficas. Estamos rodeados de agua; y el desarrollo de actividades acuáticas de carácter deportivo, laboral, y recreativo es muy frecuente».

De acuerdo con la entrevistada, la Organización Mundial de la Salud define ahogamiento como el proceso que determina una insuficiencia respiratoria primaria, y que es consecuencia de la inmersión/sumersión en un medio líquido, con resultados que se clasifican en: muerte, morbilidad y discapacidad. Se estima que las muertes por ahogamiento a nivel internacional representan alrededor del 7 % de las defunciones relacionadas con traumatismos no intencionales; dijo.

«Pero las estadísticas reflejan las cifras de mortalidad, que suponen la punta del iceberg, puesto que por cada fallecido se van a producir muchas visitas a servicios de urgencias, ingresos hospitalarios, sufrimiento y secuelas que pueden producir graves discapacidades permanentes», advirtió la doctora Santacruz Domínguez.

De ahí el llamado de las autoridades de salud a que las familias adopten la mejor estrategia para la prevención, que es la supervisión y vigilancia de los menores.

La familia debe saber que la vulnerabilidad de las niñas y niños cambia con la edad, advirtió.

En ese sentido, puntualizó que los niños menores de un añoson relativamente inmóviles, y no son capacesde protegerse ni siquiera en unos pocos centímetros de agua. Pueden ahogarsede manera rápida y ello puede ocurrir con tan poca cantidad de agua como dos centímetros en el fondo de un cubo, una bañadera, una piscina portátil o un pozo, si no están adecuadamente vigilados. «Lamentablemente, la mayoría de lasveces que un suceso así ocurre, el cuidador perdió de vista al niño tan solo unos minutos para atenderuna llamada o realizar alguna otra tarea doméstica», explicó.

En el caso de los preescolares, la especialista refirió que tienen un mayor riesgo de ahogarse, porque son más independientes al poder moverse de un lado a otro y escaparde la supervisión del cuidador. Todo eso, con la particularidad de que, además, noreconocen las situaciones de peligro.

«Los escolares y adolescentes, al estar menos vigilados, creerse invulnerables, y ser más propensosa participar en conductas de riesgo, tienen un mayor peligro de ahogarse. Los ahogamientos en estos casos suelenocurrir fuera de casa, en lugares nosupervisados como lagos, ríos, el mar, yen muchas ocasiones como resultadode lesiones producidas por zambullirseen zonas de escasa profundidad, practicando deportes acuáticos; y en elcaso de los adolescentes nadarbajo los efectos del alcohol».

Los saltos de cabeza, alertó la doctora Santacruz Domínguez, causan más del 70% de todas las lesiones medulares relacionadas con actividades recreativas.

Por ello, puntualizó, la supervisión o vigilancia de cualquier niño que se encuentre próximo a unentorno acuático, es la medida de prevención más importante para evitar losahogamientos.

«Ninguna otra medida preventiva puede sustituir a la vigilancia activa de un niño; y estamos hablando de que la distancia al menor sea inferior a la longitud del brazo del cuidador, es decir, el niño debe estar siempre al alcance de la persona que lo cuida. Aconsejamos a los padres y cuidadores que bajo ningún concepto se puede dejar al niño solo, o al cuidado de otro menor», alertó.

Por otra parte, la entrevistada recomendó que debe vaciarse cualquier recipiente con agua después de su uso, como por ejemplo los cubos, palanganas ytanques. Asimismo, para prevenir ahogamientos en los inodoros, no se debe dejar a los niños pequeños en el baño sin supervisión, señaló.

En caso de los niños mayores que sepan nadar, la doctora mencionó que el adulto con experiencia, o bien un socorrista, debe vigilarlos sin perderlos de vista, y su atención debe estar dirigida en todo momento al niño o los niños que se encuentran dentro del agua, evitando situaciones que puedan distraerle como hablar por teléfono o socializar.

«Les recordamos a los padres que las clases de natación no son una garantía para prevenir los ahogamientos, sino una estrategia más en el contexto de un abordaje multifacético, que además incluye adecuada supervisión por un adulto. El saber nadar bien en piscina, no implica que el menor esté a salvo en unentorno acuático natural, como el río o el mar; por lo que nunca deberá nadarsin la vigilancia de sus padres o cuidadores», especificó la entrevistada.

La especialista mencionó otras recomendaciones como que los menores, si van a montar algún tipo de embarcación o realizar un deporte acuático, (aunque sepan nadar), lleven un dispositivo personal de flotación, como un chaleco salvavidas. Ello no debe hacerles bajar la guardia, pues estos elementos son un apoyo pero no son infalibles, y nunca sustituyen la vigilancia de un adulto.

Asimismo, sugirió que los padres hablen con sus hijos de los riesgos del mar, de cómo evitarlos, y del respeto que debe tener a las recomendaciones de los socorristas, como puede ser el color de la bandera en la playa.

«Que padres y niños se pan que saltar o tirarse de cabeza en el agua puede producir lesiones graves. Los padres deben conocer la profundidad antes de permitir que los niños salten al agua; y no se deben lanzar de trampolines u otras alturas pues pueden producirse lesiones medulares», refirió.

En ese sentido la doctora Santacruz Domínguez, precisó que la profundidad de la piscina debe estar indicada a los lados de la misma; debe prohibirse el lanzamiento de cabeza si la profundidad es inferior a1,20 metros y permitirlo solo si la profundidad es superior a 1,80 metros; pero en todo caso, debe recomendarse que los niños se tiren al agua con los pies primero.

Del mismo modo, mencionó la importancia de advertir a los adolescentes del riesgo que supone consumir alcohol o drogas mientras se practica la natación o cualquier otra actividad deportiva acuática; y aconsejó que los niños que padezcan ataques epilépticos sean supervisados cuando naden o se bañen.

«Incluso cuando estemos en presencia de un socorrista, cuya función es el rescate y el salvamento acuático; estas personas no pueden supervisar a todos los bañistas en cada momento. La vigilancia de los menores es responsabilidad de la madre, padre o tutor. Que no sea la imprevisión, negligencia o descuido, la falla en la protección al menor, porque el desenlace puede ser fatal», concluyó.

Estoy satisfecha con lo que se ha hecho hasta ahora, porque ha habido un esfuerzo extraordinario de muchos compañeros.
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Armando Enrique dijo:

1

24 de julio de 2017

10:29:51


Soy un bañista que le gusta disfrutar de las playas pero lamento ver como el fondo del mar se llena de innumerables residuos sólidos vertidos por el hombre. Cito como ejemplo la playa de 70 y 1ra que bien podría ser cualquiera de nuestras playas donde, en tiempo de verano, se expenden alimentos o bebidas y donde no hay nadie que garantice la limpieza pues no hay siquiera tanques para verter la basura y los consumidores tiran las latas y botellas dondequiera. Dicen que quien critica debe aportar ideas o soluciones y aquí les va la mía. Si proyectamos que en las playas se vendan alimentos y bebidas hay que destinar recursos humanos para que vigilen que los consumidores no tiren las latas o botellas al mar y de hacerlo deberían ser multados. Igualmente, debería exigirse a los vendedores que limpien de forma cooperada toda la playa. A comunales exigírsele que recoja la basura de los tanques de forma diaria y no la deje podrir durante días ya que ello provoca la proliferación de moscas y enfermedades que atentan contra la salud pública. Bien podríamos pensar en eliminar o disminuir los impuestos que deben pagar los vendedores en este tiempo de verano a cambio de que garanticen la limpieza de las playas. Ojalá el fondo de nuestras playas en la Capital vuelvan a ser aquellos fondos llenos de abanicos, corales y variados peces que disfrutamos antes de los años 80. Cuando les escribo no lo hago sin aportar mi contribución pues cada vez que visito la costa, como le llamamos a nuestra querida playa de 70, me dedico a sacar todas las latas y botellas que en el fondo descansan , no siendo el único que lo hace pues hay muchas otras personas que lo hacen también. Debemos crear consciencia aunque sea necesario aplicar la ley.