ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Al maltrato infantil, “ese fenómeno invisibilizado” muchas veces a nivel social e incluso familiar, y que afecta, alertábamos, a un inimaginable número de niños en el mundo, dedicábamos la columna anterior Las evidentes cicatrices de golpes ocultos.

Hacíamos mención entonces, de acuerdo con el criterio de expertos, que el tipo de maltrato más frecuente en las edades más tempranas es la negligencia o el abandono físico; y en la adolescencia, el maltrato emocional a través de palabras, gestos, apatía e imposición de criterios.

Las consecuencias van, enfatizaban los es­pecialistas, desde los patrones de baja autoestima, incapacidad para confiar en otros, conducta agresiva, retraimiento, miedo de realizar actividades nuevas, problemas escolares, hiperactividad, insomnio, abuso de drogas o de alcohol y tendencia a interrupciones en su estabilidad vivencial, su sentido de comunidad y estructura familiar.

A partir de los comentarios recibidos por los lectores, muchos de los cuales iban dirigidos a cómo fomentar una educación en nuestros menores que redunde en un mejor comportamiento del niño o niña, les ofrecemos en este espacio algunas premisas al respecto.

¿Disciplina o castigo? Un interesante artículo que aparece en el sitio web Prevención del maltrato infantil, de la Red de Salud de Cuba, In­fomed, expone acertadamente que “la disciplina en los niños implica impartirles formación y ayudarlos a desarrollar un criterio, la conciencia de unos límites, el autocontrol, la autosuficiencia y una conducta social positiva”.
El texto comenta que frecuentemente la disciplina es confundida con el castigo,“particularmente entre los cuidadores, que se valen del castigo corporal para corregir y modificar el comportamiento del niño”, y enfatiza en que hay marcadas diferencias entre uno y otro concepto.

“Las estrategias de disciplina positiva reconocen el valor personal de cada niño. Su finalidad es reforzar su fe en sí mismo y su capacidad para comportarse adecuadamente y para entablar relaciones positivas”, explica el citado artículo.

Justamente muchos entendidos en esta ma­teria defienden que para una crianza adecuada, la clave está en la “disciplina positiva”, una filosofía del psicoterapeuta austríaco Alfred Adler y el psicólogo estadounidense Rudolf Dreikurs, que promueve alternativas para tratar a los ni­ños y adolescentes con dignidad y respeto. Asi­mismo, no comulga con un manejo basado en la violencia ni en la agresividad, y tampoco promueve el uso de los premios ni castigos.

“El castigo físico o emocional refleja frecuentemente la ira o la desesperación del cuidador, y no una estrategia para dar a entender al niño lo que se espera de él”, advierte el texto.

Tales castigos, dice, implican un control externo y una relación de poder y de dominación, mientras que por lo general no se adecuan a la edad y estado de desarrollo del niño.

Disímiles investigaciones han demostrado que el castigo corporal, el cual conlleva el uso de la fuerza física, no es un medio eficaz para conseguir el cambio de comportamiento deseado de modo duradero. Sin embargo, “puede llegar a destruir una relación. Es humillante para el niño/a, y puede ocasionarle lesiones físicas y graves trastornos de desarrollo”, alerta el artículo mencionado.

En ese sentido, y partiendo de que todos los niños necesitan disciplina, y lo ideal sería ayudar al niño a disciplinarse a sí mismo; el material científico explica que es necesario fomentar modalidades de disciplina que no estén basadas en el castigo corporal. Menciona, por ejemplo, la desviación o la reorientación, el establecimiento de un periodo de “enfriamiento” (tiempo de re­flexión sobre las acciones), el establecimiento de normas y límites apropiados a la edad y fase de desarrollo del niño/a, la resolución de problemas, o la retirada de privilegios.

Es importante que se tenga en cuenta que la conducta violenta o agresiva suele aprenderse a una edad temprana, por lo que padres, familiares y otras personas que cuidan a los menores pueden y deben ayudarles a aprender cómo enfrentar sus emociones sin usar la violencia.

La Asociación Americana de Psicología, plan­tea algunas sugerencias esenciales para tratar con los niños y niñas, entre las cuales brindarles amor y atención constantes ocupa un lugar esencial. Se trata de hogares seguros, llenos de afecto, donde los padres participen activamente de la vida de sus hijos.

Del mismo modo, explican, es importante asegurarse de que sus hijos sean supervisados adecuadamente. Nunca deje a niños so­los en la casa, aunque sea un breve periodo de tiempo.

“Acompañe a sus hijos a actividades de juego supervisadas y observe cómo se llevan con los demás. Enséñeles a sus hijos cómo responder adecuadamente cuando otros recurren a insultos o amenazas o lidian con el enojo dando golpes.

Explíqueles que esas no son conductas adecuadas”, es otra de las sugerencias.

Por otra parte, que los padres muestren a sus hijos cómo comportarse correctamente, con su ejemplo, es fundamental, refieren los expertos, pues los niños suelen aprender de ello.

Asimismo, es medular ser consecuente con las reglas y disciplina, pues los menores necesitan una estructura con expectativas claras para su conducta. Establecer reglas y luego no hacerlas cumplir resulta confuso para ellos, explica la Asociación Americana de Psicología.

Mantener la violencia lejos del hogar, procurar que sus hijos no consuman materiales violentos en los medios de comunicación, conversar mucho con ellos y ellas sobre las graves consecuencias de las conductas violentas, apoyarlos y fomentar la no discriminación hacia otras personas son pasos estratégicos en la crianza de los menores.

Y muy importante, no pegarle a sus hijos. Castigarlos, intimidarlos y sembrar temores en niños y niñas para disciplinarlos, el único resultado que puede arrojar es la inseguridad.

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MARELIS VEGA dijo:

1

15 de agosto de 2016

00:49:14


INTERESANTE MATERIAL, ojalá y todas las personas tengan unos pocos minutos para leer este escrito, para luego reflexionar y ejecutar.

Rafael Pascual Ruiz dijo:

2

15 de agosto de 2016

07:30:58


Fidel Castro le planteo a Vima Espin, hace 56 años, cuando la creacion de la FMC, ¨La educacion preescolar es mas importante que la universitaria¨. Le sugiro que el estado analice la situacion actual de la educacion preescolar, tanto desde el punto de vista logístico como docente, ni se menciona en los documentos de la tan prometedora conceptualizacion del socialismo, saque usted sus propias conclusiones.

Eric A. Martínez dijo:

3

15 de agosto de 2016

13:08:35


Lo primero que debe hacer un padre es reconocer que ha sido violento con sus hijos, yo lo hice y me ha representado, ademas de la paz interior, un excelente resultado copn mis hijos, me dió la popsibilidad de enmendar mi conducta y la de ellos en beneficio de la familia y la sociedad, para quienes educamos a nuestros hijos. Hay que revisarse por dentro primero, reconocer y adecuar las conductas, nunca creerse el mejor padre, y mucho menos escondido tras el macavielismo de el fin justifica el medio. seamos mejores y seran mejores.

Daimi dijo:

4

15 de agosto de 2016

13:18:12


Excelente artículo, nos deja con deseos de más, me considero una madre preocupada y ocupada por la educación de mi niña, sobre todo cuando a veces se me va "la catalina" y actúo por impulsos, sólo después analizo sobre lo negativo de mi reacción y las graves consecuencias que trae en la formación de mi niña, en esos momentos me siento frustrada como madre, desorientada y sin saber qué hacer...sería bueno ahondar más en el tema y te agradecería de antemano alguna bibliografía que me ayudara. Saludos

Orlando Chirino dijo:

5

15 de agosto de 2016

13:20:43


Excelente Lisandra Fariñas Acosta. La felicito de nuevo como hice en su anterior escrito. Quisiera agregar unos simples, pero efectivos consejos que son importantes ya que muchos adultos no entienden con claridad el funcionamiento de la mente infantil: Para saber disciplinar (ya que disciplinar es enseñar) a los niños hay que saber cómo son los niños, sus características psicológicas. 1) Hay que hablarles con palabras simples porque el vocabulario de los niños es limitado. Evite la ira para que el niño escuche sus palabras en vez de fijarse en su cara enojada. 2) Los niños tienen muy poca o ninguna empatía. (como sucede con muchos adultos) Empatía es la capacidad de ponerse en lugar de otros, ver las cosas desde el punto de vista de los demás. Si usted le dice a su niña o niño que se apure porque si no van a llegar a tarde a la escuela, al médico, etc. y la niña o el niño sigue jugando, no lo hace por "portarse mal", sino porque no tiene la capacidad de ponerse en su lugar y entender que usted esta? apurada o apurado. Por esto mismo es que creen que los sentimientos de otros son una extensión de sus propios sentimientos. El niño cree que si a él le gusta un programa de televisión, este programa le gusta a toda la familia. No entienden porque a los padres no les gusta hacer lo que ellos quieren hacer o porque los padres no tienen los mismos gustos que los niños tienen. Se sienten culpables del divorcio de los padres; el niño cree que la mama? y el papa? se separaron porque él se porto? mal o saco? malas notas en la escuela. Es muy importante explicar a la niña, al niño, varias veces en palabras que ellos entiendan que ellos no tienen la culpa de la separación. También muy importante: el niño que juega en la calle y ve un auto y su chofer, cree que porque él ve al chofer el chofer también lo ve a él lo que no es muchas veces el caso. Puede también ocurrir cuando un niño juega detrás de un auto que va a dar marcha atrás. 3) Los niños no tienen pensamiento abstracto. Esto es, entre otras cosas, la capacidad de entender las consecuencias de una conducta por eso hacen las cosas sin pensar en lo que les puede pasar. No piensan en el peligro. 4) Los niños siempre quieren ser el centro de la atención. Les gusta tanto llamar la atención que se portan mal si esa es la única forma que tienen de llamar la atención. Padres y maestros comenten un gran error aquí cuando solo le prestan atención a la mala conducta del niño, pero cuando este se porta bien ni siquiera lo miran y no le dicen en ese mismo momento lo bien que se está? portando. Si el niño se porta bien 10 segundos, no importa cuán poco tiempo se porte bien, ese es el momento de decirle lo bien que se está portando, elogiarlo y cuando se "porta mal", si no es una conducta disruptiva, ignorarlo, o decirle en buena forma. Cuando la madre o el padre llevan al niño a alguna actividad que a este le gusta, decirle que lo han llevado ahí porque le quieren mucho y porque se porto? bien en tal cosa (mencionar algo bueno que el niño ha hecho; no quejas de la maestra un día, buenas notas en tal asignatura en la escuela, tiene sus cosas en orden en casa). Soy padre y psicólogo y se que todo esto funciona si se aplica con persistencia, consistencia y mucha paciencia. Gracias a Granma por difundir estos importantes temas.

Orlando Chirino Respondió:


15 de agosto de 2016

17:38:15

Los signos de interrogación que aparecen en mi comentario o en esta respuesta no son míos. A veces surgen en lugar de acentos cuando se transcriben textos entre computadoras, en ocasiones por un error de estas, o por otras razones. Los lectores deben pasarlos por alto. Gracias.

giselle Pantoja Bermúdez Respondió:


12 de septiembre de 2016

11:45:45

interesante comentario ojala y muchas personas dediquen unos instantes de su preciado tiempo para leer estas lineas