La última imagen que la afición beisbolera del país tenía de Matanzas era el descalabro en la pasada 58 Serie Nacional, cuando se hundió hasta lo más profundo del sótano de la tabla de posiciones, al ganar 13 partidos de 45. Pero la Atenas de Cuba es hoy punto obligado en la geografía de la sexta edición del campeonato cubano Sub-23, pues todos los caminos conducen a la espectacular apertura de los yumurinos.
Sin incluir los juegos de ayer es el único equipo que no conoce la derrota en la lid y ya rebasamos la mitad del primer tercio de este lamentablemente corto calendario. Ese segmento inicial consta de 12 desafíos y los matanceros han ganado los siete primeros. Es cierto que en el béisbol no hay nada escrito y que durante nueve innings y poco más de tres horas, el azar puede guiar el destino, lo mismo a puerto seguro que a un naufragio, pero lo hecho por Matanzas hasta ahora no tiene nada que ver con la suerte, sino con un desempeño que roza la perfección.
Antes del domingo, en los últimos 44 innings permitieron siete carreras y tejieron tres desafíos sin que le pisaran el home. En ese periodo anotaron 51, a más de diez por partido. Pero bastaría asomarse a los tres indicadores que deciden un juego de pelota: pitcheo, defensa y ofensiva, para ilustrar su invencibilidad.
En el área de lanzar es el equipo que menos jits permite (41) y el que menos recibe por juegos de nueve entradas, 6,59 por desafío; es el segundo al que menos le batean los contrarios (212), superado por Pinar del Río, que le compilan para 210; es al que menos le anotan (14), único por debajo de 15 registros y es por mucho el de mejor promedio de carreras limpias por juego, con un sideral 0,96, solo él está por debajo de una limpia por choque en un certamen que permite 4,79 por duelo. El WHIP es también de otra galaxia, 1,07, muchísimo mejor que el del torneo, un deficiente 1,57. Con 54 ponches, reparte 8,68 por juego, lo mejor entre los 16 concursantes; es el que menos boletos otorga (19), tres por encuentro, y es el segundo al que menos extrabases le pegan, nueve, detrás de Ciego de Ávila, que ha recibido siete.
A la defensa, dos de todas las escuadras en liza logran rebasar los 970 de promedio, Pinar del Río (972) y Matanzas, que con aceptable 975 es el mejor de una justa que, en este aspecto, es alarmantemente anémica, apenas 957 general. En el orden táctico y técnico insistimos en que en este deporte al implemento principal, la pelota, hay que custodiarla como la niña de los ojos, porque es el único en el cual los defensores son los dueños de ella, comenzando por el lanzador. El bateador, además de enfrentarse a lanzamientos supersónicos, tiene que vencer a nueve centinelas. Los creadores del béisbol blindaron este aspecto, pero cuando hace agua el triunfo no se salva, se ahoga.
El gasto ofensivo de los yumurinos es igual de impresionante y como en los otros dos departamentos, son número uno indiscutibles. Primero en average (336), anotadas (74, único con más de 50); jits (75), OBP (444), extrabases (27), slugging (520, único arriba de 500), OBP (964, único con más de 900), impulsadas (59, ningún otro llega a 50), dobles (18), triples, con 4, es tercero en jonrones, con cinco, y es la escuadra que menos se poncha (26).
Aun así, nadie puede saber si los discípulos de Arlett Vázquez podrán ganar la Sub-23 para darle a su provincia un triunfo que su afición espera por más de 20 años. Lo que sí está claro es que de esta manera es bien difícil de vencerles, aunque también es una ardua misión para un equipo mantener parámetros de calidad tan elevados hasta el final de la campaña.
En lides de esta categoría, Matanzas exhibe dos terceros lugares, en la primera y cuarta versión; terminó sexta en la quinta y décima en la tercera, y su peor resultado fue el último lugar de la segunda. ¿Qué pasará en 2019? Por ahora, es la noticia de la pelota cubana.

















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José dijo:
1
29 de abril de 2019
03:50:40
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