ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

«En el periodismo, la ética y la técnica son inseparables, como el zumbido del moscardón», la frase de Gabriel García Márquez llevó a Granma a esperar por la decisión que devolvió a Rey Vicente Anglada, el pasado lunes, al puesto de mando de los Industriales, para exponer las razones por las cuales pensaba y hoy reafirma que el legendario número 36 era la mejor opción.

El pasado 21 de abril, en la Escuela Cubana de Wushu, de la cual no solo salen campeones mundiales del arte marcial chino, sino que se expresa en un bello proyecto comunitario, haciendo habitar en un mismo espacio en Centro Habana a la milenaria cultura del hermano país y a la cubana en un haz de vida, me encontré con el hombre que primero me hizo ir al estadio.

El maestro Roberto Vargas Lee, director de esa idea que pasa ya por la lozanía de sus 23 años, cuyo fin es la promoción de salud en todos los grupos etarios y como subproducto más de diez coronas del orbe, me dijo que homenajearían a un pelotero. Entonces, en ninguna esquina, en ninguna de las enardecidas peñas beisboleras, preñadas de la insustituible sabiduría popular, tampoco en los medios ni en redes sociales, existía un solo comentario sobre el director de Industriales para la venidera Serie Nacional. Sin embargo, aquella tarde estaba frente a quien hoy es el mentor azul.

Aquel homenaje tenía como centro a Anglada. Y allí, en un mejunje cultural, entre danzas, demostraciones marciales y los boleros de Héctor Téllez, volví a decirle que sería muy importante para el pasatiempo nacional ver al 36 otra vez en el terreno.

Hoy, junto a los cien jonrones de Alfredo Despaigne en Japón, la pasada semana, es una de las gratas noticias para la pelota. El Rey, como le llaman, no solo es un hombre de bolas y strikes, es un ser humano de principios. Tras 17 injustos años fuera de los estadios, vivió intensamente el regreso el 18 de enero de 1999 para ser dirigido por el «mánager» de Cuba y de su Revolución. Él fue uno de los que vistió las franelas del histórico partido en el que Fidel condujo a la selección nacional frente a un elenco venezolano, comandado por el mentor de otra Revolución, la Bolivariana de Hugo Chávez. El fraternal desafío pasó a la historia como la broma de más resonancia entre jefes de Estado, que reflejó, pelota mediante, la eterna amistad entre dos grandes hombres.

«Fue algo indescriptible. Imagínate, volver dirigido por el Comandante en Jefe, jamás olvidaré aquel día». Dos años después estaba al mando de los Industriales que lo vieron debutar con 19 años en 1972 en calidad de campeón. El retorno, de director, pasó por el mismo camino ganador. Y lo hizo dos veces más y también venció con el Cuba de los Juegos Centroamericanos de Cartagena, Colombia. Al frente de la escuadra nacional ganó una Copa Intercontinental y los Juegos Panamericanos del 2007.

Era un pelotero que llenaba estadios. La afición se impacientaba, no tenía sosiego hasta que el audio local mencionaba su nombre: el viaje al parque estaba justificado, el 36 estaría en segunda base. Su explosividad, sus vuelos por encima de la intermedia, los toques de bola haciéndolos dobles, sus robos de bases, todo parecía galáctico en él. De director, ha sido el mismo 36, el mismo pelotero.

Recuerdo uno de los programas televisivos, Confesiones de grandes, de las mejores y más humanas entregas del periodismo deportivo cubano, en el cual el entrevistador Aurelio Prieto Alemán le sacó una revelación histórica.

«El primer año que dirigí fue muy difícil, había peloteros que no debían estar, porque no se ajustaban a la disciplina. Antes de salir a una de las giras por la región oriental le comenté a uno de los veteranos, que faltaban varios peloteros y me respondió: cuando salgamos serán menos. Nos fuimos sin seis de ellos y ganamos todos los juegos. Esteban Lazo, entonces secretario del Partido en la capital, nos llamó para felicitarnos por la actitud y le contesté (y aquí viene el hallazgo, pues el hecho ocurrió en el 2002), le puedo asegurar que los que estamos vamos a dejar la piel en el terreno. Luego Carlos Tabares lo dijo igual, antes del primer Clásico Mundial y quedó para la historia. Estoy muy contento que alguien como él lo haya promovido como valor».

En el 2007 un periodista, ante la nula producción de su tercer y cuarto bates, Frederich Cepeda y Alfredo Despaigne, en la lid continental le preguntó ¿por qué los mantenía en la alineación y en esos turnos? «Búsquese al que los saque o los baje de esa responsabilidad, ese no soy yo». En el juego crucial por la medalla de oro, Cepeda y Despaigne fueron decisivos en la victoria.

Regresa porque se le necesita. El retorno del 36, con un Industriales que en plantilla dista de su abolengo, es una actitud no solo ante la capital, sino ante el sentimiento nacional, porque la pelota es eso, una expresión de genuina cubanía.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.

Reysanchez dijo:

21

4 de junio de 2018

16:33:58


Felicidades para Anglada y sus industriales.

wajiro dijo:

22

3 de septiembre de 2018

10:55:53


Cuando van ha hablar de Eduardo Paret Pérez