ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Apenas concluido el 7mo. Congreso del Partido, y en el año en que se conmemora el medio siglo de haber visto la luz esa obra cumbre de la literatura cubana que es Biografía de un Cimarrón, del eminente intelectual cubano Miguel Barnet, resulta prudente traer a colación la memoria de Esteban Montejo, su protagonista, una pieza clave del rompecabezas de nuestra identidad, al que habrá que acudir una y otra vez para poder entender de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Como reconociera el propio Barnet al referirse a su labor, el único mérito fue adelantarse, o si no, al menos ver lo que otros no vieron nunca, lo que no habían visto, lo que no habían descubierto en otros hombres llamados “sin historia”, gentes increíbles, anónimas, que eran el sedimento de la historia y la cultura cubanas.

Y le sobra razón al autor de Cimarrón, porque no podrá entenderse nuestra cultura de la resistencia sin volver a las páginas de este libro, que nos narra la historia de un individuo capaz de rebelarse contra un orden injusto, e irse al monte para levantar allí su trinchera de rebeldía, creando un espacio de libertad plena que nadie podía arrebatarle.

Muchas veces se acude a celebraciones de fechas y aniversarios de manera formal, lo cual no resulta saludable al objetivo de preservar nuestra memoria histórica. Sin embargo, cuando sabemos valernos de esos hechos y personajes para profundizar en el estudio de un héroe o una obra y acercar a las nuevas generaciones a su conocimiento, entonces sí la conmemoración adquiere sentido.

Precisamente el cumpleaños 50 de Cimarrón debe servirnos para releerlo con mayor pasión, para convocar a su estudio y desde sus páginas aprender todo cuanto debemos conocer de nuestros antepasados, sus vicisitudes en el propósito de poder sobrevivir al acoso de sus amos, hasta el mo­mento aquel en que, cansado de tanta barbarie, decide ingresar en las filas del Ejército Libertador como mambí.
Tampoco podrá entenderse nuestra herencia africana sin haber leído antes esta obra que desenmascara de manera magistral la manera racista en que se nos presentó durante la República neocolonial, esa parte intrínseca de la cubanía.

Y qué decir de la manera en que Barnet logra atrapar la valentía de los cubanos más sencillos, hombres y mujeres que como Esteban pertenecían a lo más humilde del pueblo y que, no obstante, supieron pelear como bravos soldados en los campos de la Cuba insurrecta: “Nosotros tuvimos coraje y pusimos a la Revolución por arriba de todo. Esa era la verdad.

Sin embargo, muchos coronelitos y otros oficiales se cagaban fuera de la taza todos los días”, contó el protagonista de la obra al escritor.

Asimismo, resulta conmovedora la manera en que un hombre como Esteban Montejo, sin una vasta cultura; que se había ido a la manigua a partir del sano impulso impuesto por su azarosa vida de negro esclavo y cimarrón, da a la intervención militar yanqui en Cuba:
“Los coronelitos cubanos, cuando terminó la guerra, le dieron la mano abierta a MacKinley para que hiciera con esta isla lo que él quisiera”, dice con dolor Montejo. Y al referirse a Mario García Menocal, uno de los presidentes más serviles que tuvo la Cuba neocolonial, refiere: “Ese era más americano que el mismo MacKinley. Por eso nadie lo quería. Fue patriota de negocio, no de manigua”.

Pura sabia popular la de aquel hombre, que también tuvo el tino suficiente para decir una frase salida del alma, la cual constituye una advertencia con tremenda actualidad: “Los americanos se cogieron a Cuba con engatusamientos”.

Ahora, cuando proliferan algunas voces y personajillos que pretender engatusarnos con falsas promesas y engañifas, cobran extraordinario valor libros como Biografía de un Cimarrón y figuras de la talla de Esteban Montejo, a quien habrá que acudir una y otra vez cuando lo que está en juego es el interés por preservar nuestra identidad y nuestra soberanía.

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