ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Pensar la comunicación garantiza el éxito en múltiples iniciativas. Foto: Efraín Cedeño

¿De qué manera la comunicación puede ser una herramienta eficaz para generar cambios sociales positivos? ¿Cómo lograr, a través de ella, una mayor conciencia en los individuos, grupos y comunidades acerca de la necesidad de tomar partido en la solución de sus problemas y convertirlos en protagonistas de su propia transformación?

Para materializar tales propósitos es preciso tener en cuenta la existencia de dos paradigmas o enfoques diferentes acerca de cómo asumir el fenómeno de la comunicación: el transmisivo y el participativo, cuya comprensión está determinada por una compleja red de factores que van mucho más allá del simple y cotidiano acto de hablar y de escuchar.

El primero, en tanto concepción autoritaria, verticalista y dirigista, da más importancia a los efectos inmediatos que al proceso y ritmo de crecimiento de los participantes y su libertad de opción, confunde la comunicación con propaganda y no facilita la reflexión y el análisis.

«Siempre que alguien monopoliza la palabra y se adjudica el rol de emisor exclusivo, incurre en una comunicación impositiva, independientemente de sus intenciones, del contenido de sus mensajes y del tono que emplea», explica Mario Kaplún, reconocido educador y comunicador argentino en su obra Modelos de educación y modelos de comunicación.

Un segundo enfoque, mucho más progresista y a tono con las necesidades de la contemporaneidad, concibe la comunicación como diálogo, intercambio, reciprocidad, en un proceso permanente en el que el sujeto descubre, elabora, reinventa, hace suyo el conocimiento. «No es solo la más humana y respetuosa de la persona, sino también la más eficaz», asegura Kaplún.

«La verdadera comunicación, agrega el investigador, no está dada por un emisor que habla y un receptor que escucha, sino por dos o más seres o comunidades humanas que intercambian y comparten experiencias, conocimientos, sentimientos. Es a través de ese proceso de intercambio como los seres humanos establecen relaciones entre sí y pasan de la existencia individual aislada a la existencia social comunitaria».

La prioridad que se le otorga al receptor, en tanto se legitima su actividad como ente reflexivo, crítico e independiente, constituye un componente clave del paradigma participativo. Se trata de un retorno al sujeto, en el que se pone énfasis en su rol de productor y no solo reproductor de sentido.

Producción que es entendida, según la investigadora Ileana Medina Hernández, como «…capacidad del receptor en la construcción de sentidos, en la resemantización de los mensajes, en la no linealidad del proceso comunicativo, en la complejidad de las estrategias de consumo. Coloca al receptor en la posición activa que le da su “saber hacer”, su libertad de lectura, su habilidad para resistir los mensajes dominantes, el carácter negociado de los procesos de comunicación».

En este caso, el desafío está en ser capaces de establecer estrategias de comunicación que partan de la sensibilidad popular, de la cultura del pueblo, de sus códigos, lenguajes y significados, que asuman el valor de lo personal, de lo subjetivo y lo íntimo, y lo sepan desarrollar y relacionar con lo grupal, lo colectivo y lo masivo.

Como plantea Daniel Prieto Castillo, la comunidad es un espacio riquísimo, caracterizado esencialmente por la contradicción, en el que nadie puede ir por encima de ella, «(...) de sus hábitos, de sus modos de hacer, de sus rutinas, de sus percepciones, de sus relaciones más íntimas, de sus espacios y objetos, de sus códigos, de su historia individual, grupal, comunitaria, de sus expectativas y creencias (...)».

A tal reto nos enfrentamos hoy, para con las herramientas de la comunicación lograr la empatía imprescindible, conocer a las personas, relacionarnos con ellas, convocarlas a la más activa participación en la solución de sus problemas y convertirlas en sujetos de su propia transformación.

En el trabajo La esencia del diálogo, Paulo Freire resume una de sus propuestas fundamentales y es que, precisamente, el diálogo se convierta en el principio de toda relación humana.

«Los hombres no se hacen en silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión», afirma el educador brasileño, quien pone énfasis en la importancia de trabajar con el pueblo, sobre bases educativas y comunicativas más horizontales, en aquellos procesos que tengan como objetivo lograr transformaciones conscientes en función del desarrollo.

Diálogo que signifique unión inquebrantable entre acción y reflexión, compromiso mutuo, acto creador, amor profundo al mundo y a los hombres, fe en lo mejor del ser humano, confianza, humildad, respeto, tolerancia y esperanza.

Lo contrario sería palabrería hueca, verbalismo, arrogancia, farsa, manipulación paternalista y autosuficiencia, muy lejos de las «palabras verdaderas» con las cuales los hombres transforman el mundo, a través de un pensar crítico y de un sentido problematizador que capte la realidad como un proceso en constante devenir, no como algo estático.

Se trata, a fin de cuentas, de ver la comunicación no como un fin en sí mismo, sino como una herramienta, como un instrumento poderoso que, bien utilizado, facilita la movilización y la organización de la comunidad, propicia el apoyo de la acción popular y estimula la participación ciudadana.

«El primer requisito para que la comunidad comience a involucrarse en la comunicación, dice Kaplún, es que no vean lejanos y ajenos los mensajes que se le proponen, sino que los sienta suyos, propios; que se reconozca en ello...».

Para lograrlo, debe abrirse paso un nuevo enfoque que sea sinónimo de diálogo, participación, hacer en común, reciprocidad, intercambio, negociación, debate enriquecedor, transparencia, tolerancia y respeto a las diferencias.

He ahí su carácter estratégico para la transformación, a partir también de sus enormes posibilidades para instalar temáticas sociales, incidir en las agendas públicas y operar en los cambios sociales, incluidos los que tienen que ver con la relación sujeto-entorno ambiental.

El común denominador, por tanto, a la hora de pensar la comunicación, es su habilidad para transformar la realidad. Cuando la comunicación se encauza debidamente y logra que esa transformación, que le es propia, apunte a mejorar la vida en sociedad, esta se reviste de un potencial que va más allá de los límites que se puedan imaginar.


EN CONTEXTO

- La Política de Comunicación Social en Cuba define como un derecho ciudadano y como bien público, el acceso a la información, la comunicación y el conocimiento.

- Otorga la mayor autoridad a los directivos de la prensa.

- Transversaliza a la sociedad y establece obligaciones en ese sentido para instituciones, organismos, autoridades.

- Defiende los valores y símbolos de la nación y ordena el respeto a la diversidad que somos.

- Declara a la comunicación como recurso estratégico de la dirección del Estado y el Gobierno.

- Define el carácter público de los servicios de radiodifusión y comunicación.

- Reconoce solo dos tipos de propiedad para los medios de comunicación  masiva: la estatal y la social.

FUENTE:DISCURSO PRONUNCIADO POR MIGUEL DÍAZ-CANEL BERMÚDEZ, PRESIDENTE DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y DE MINISTROS, EN LA CLAUSURA DEL X CONGRESO DE LA UNIÓN DE PERIODISTAS DE CUBA, EN JULIO DEL 2018.

 DEL PROYECTO DE CONSTITUCIÓN

ARTÍCULO 60. Se reconoce a los ciudadanos la libertad de prensa. Este derecho se ejerce de conformidad con la ley.  Los medios fundamentales de comunicación social, en cualquiera de sus soportes, son de propiedad socialista de todo el pueblo, lo que asegura su uso al servicio de toda la sociedad. El Estado establece los principios de organización y funcionamiento para todos los medios de comunicación social.

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Yoan Carlos Reyes Villar dijo:

1

31 de octubre de 2018

13:10:35


Ante todo quiero reiterarle mis más sinceras y gratas felicitaciones por ese majestuoso, instructivo y genial artículo que usted publicó en el Granma sobre la importancia de la comunicación como eje estratégico que transversaliza todos los procesos y que si se emplea de la forma y manera correcta, con los canales y vías adecuados se potenciaría todos los procedimientos en cualquier instancias porque caminamos hoy por senderos difíciles, sometidos a un doble bloqueo. Estamos enfrentando nuevos cambios, sin alardes, ni estridencias, discretamente como lo exige la coyuntura, perfeccionamos nuestro socialismo y se encara un desafío mayor: elevar nuestra eficiencia económica, social y cultural. Si no hiciéramos esto con los instrumentos y procesos de comunicación adecuados, se propiciaría un tercer bloqueo, el cual frenaría nuestra propia capacidad de cambio. Reiteradas mis FELICITACIONES, EXCELENTISIMO ARTICULO!!!!!!!!