ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
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Maria Antonia Figueroa. Foto: Roberto Garaycoa Martínez

En la indómita ciudad de Santiago de Cuba, bañada con los verdes tonos de la firme serranía, nació María Antonia Figueroa Araújo, el 10 de agosto de 1918, en el regazo de una familia de estirpe mambisa.
«Lo primero que tienes que preguntarme es cómo conocí a Fidel». Esas fueron sus primeras palabras al entrevistarla en el modesto apartamento del Vedado donde vivía. Tenía entonces 97 años.
«Cuando supimos lo que en realidad estaba sucediendo en Santiago de Cuba a raíz del asalto al cuartel Moncada aquel 26 de julio de 1953, a pesar de los peligros que se cernían sobre la ciudad, junto a mi hermano Max, Nilda Ferrer –una ahijada de mi mamá que fue criada por nosotros– y mi cuñada Agustina Esteva Lora, Tina, logramos salvar a seis asaltantes ese propio día.
«Nilda Ferrer y yo conocimos que el 16 de octubre de 1953, en un local de la Escuela de Enfermeras del Hospital Civil Saturnino Lora, se iba a desarrollar una de las vistas de la Causa 37 donde iba a estar Fidel, y queríamos brindarle nuestro apoyo en nombre de todos los santiagueros. Salimos para el hospital a las tres de la madrugada, inventamos una excusa y le dijimos al portero que íbamos para la sala de pensionados donde un familiar nuestro ingresado se había agravado. Aunque indeciso, nos dejó pasar.
«Toda el área estaba tomada por el ejército y como a las nueve de la mañana sentimos unos pasos. Salimos al pasillo y conducían esposado a Fidel. Detrás, un grupo de batistianos con armas largas y ametralladoras. Se desplazaba con paso muy firme y vestía un traje de lana azul, camisa blanca, corbata roja con detalles en negro. Deseamos decirle algo en aquel momento y tocarlo. Pero él, al ver nuestra intención, con su mirada nos paralizó, como preguntándonos qué íbamos a hacer, comunicando en su señal que corríamos mucho peligro. Comprendimos, solo le hicimos un gesto con las manos y lo miramos fijamente, pero pudo ver en nuestra actitud un mensaje de apoyo de todos los santiagueros.
«Nos escondimos en el gimnasio de la escuela Normal, cerca del jeep donde debían trasladar a Fidel. Cuando concluyó el juicio, lo esperamos a una distancia prudencial con un grupo de estudiantes desplegando una bandera cubana y gritando: “¡Viva Cuba libre!”.  Fidel se metió en el jeep y al encontrarnos de nuevo me comunicó que se fue con la preocupación de que nos podían matar».

LA TESORERA
En 1944, María Antonia se había graduado de Doctora en Pedagogía en la Universidad de La Habana y hecho posgrados en la Universidad de Oriente en varias materias. Fundó junto a Eduardo Chibás el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) en el año 1947 y conspiró contra Batista desde el 10 de marzo de 1952. Cuando ocurrieron los sucesos del Moncada era directora de la escuela pública Spencer.
«Después que Fidel salió de la cárcel de Isla de Pinos me mandó a buscar porque ya sabía que habíamos ayudado a los combatientes del Moncada. Fue una reunión el 18 de junio de 1955, en casa de Melba Hernández, en Jovellar 107 en La Habana. Cuando me vio me dijo: “Tú eres una de las del Hospital, sí, tú y una de ojos verdes que estaban en el pasillo, que quisieron darme la mano; me desesperé, porque me dije: Si lo hacen las matan”. Ese día fui nombrada por Fidel como tesorera y organizadora del Movimiento 26 de Julio en Oriente junto a Léster Rodríguez Pérez y Gloria Cuadras de la Cruz».
En aquel encuentro, María Antonia le recomendó a Fidel que Frank País podía ocupar el cargo de Acción y Sabotaje dentro del Movimiento en Santiago de Cuba. El 8 de agosto de 1956 se produjo el primer y ansiado encuentro entre Fidel y Frank, en México. En un párrafo de una carta que Fidel le envió a María Antonia dice: «He podido comprobar todo cuanto me habías dicho sobre las magníficas cualidades de organizador, el valor y la capacidad de f. Nos hemos entendido muy bien. Su viaje ha resultado muy beneficioso».
Fidel le orientó a María Antonia en aquel momento cómo debían ser las recaudaciones: «Un centavo del más humilde de los cubanos y rechazar miles de pesos de hombres de negocios, de burgueses, de políticos venales». La valiente maestra santiaguera cumplió con creses la misión encomendada y el viernes 15 de junio de 1956, abordó en el aeropuerto de Rancho Boyeros, en La Habana, la nave que la conduciría a Ciudad México, portando cerca de 4 000 dólares recaudados en la provincia oriental: «A quien primero vi fue a Raúl Castro; todavía no lo conocía bien, pero luego estrechamos una gran amistad. Me llevó a casa de María Antonia González y le entregué el dinero a Cándido González, tesorero en ausencia de Jesús Montané Oropesa. Más tarde llegó Fidel; al verme, me cargó y abrazó con mucho cariño». En México la aguardó una intensa actividad, que incluyó visitas al campo de tiro Los Gamitos, donde se entrenaban los futuros expedicionarios del Granma. Viajó en tres oportunidades a la nación azteca con la misma encomienda.
Al regreso continuó muy activa en las tareas del Movimiento y estuvo junto a Frank País y otros combatientes cuando tomaron, con fusiles en mano, las calles de Santiago de Cuba el 30 de noviembre en apoyo al desembarco.

BATISTA SE FUE
Fue a través de María Antonia que Fidel se comunicó con Frank en Santiago de Cuba para anunciarle que estaba a salvo en la Sierra Maestra y desarrollar los primeros contactos para el apoyo a la naciente guerrilla: «El 20 de diciembre llegaron a nuestra casa en Pío Rosado 315, Rafael Sierra y Ramón Mongo Pérez, quien me dijo: Yo tengo a Fidel Castro en Cinco Palmas. Traía un papel para mí. De la alegría nos dimos un abrazo tan fuerte que los dos caímos al suelo, y mi mamá observando la escena, también muy emocionada. Estrujé tanto aquel papel comiéndomelo a besos... También traían un mensaje para Frank y los llevamos para la casa de Vilma Espín, donde se encontraba».
El iii Frente Mario Muñoz Monroy se fundó el 6 de marzo de 1958 y ya el día 10, la doctora, como la llamaba Fidel, llegó al campamento de la guerrilla, pero el comandante Juan Almeida Bosque le comunicó que era más necesaria como abastecedora antes que permanecer en la tropa. Se desempeñó buscando armas, uniformes, otros avituallamientos  y guiando a combatientes hasta el Frente.
«Al amanecer del 1ro. de enero de 1959 sonó el timbre, porque se puede decir que todos los telefonistas eran revolucionarios y nos llamaban para anunciarnos cualquier situación. Directamente del centro telefónico me comunicaron: “María Antonia, se acaba de ir Batista”. Expresé en voz muy alta con demasiada alegría: “¡Mamá pon el radio, Batista se fue!”. De inmediato movilicé  a otros compañeros y con banderas cubanas salimos para la calle gritando: “¡Viva Cuba libre!” y anunciando la huída del tirano. Ya Fidel me había mandado a buscar desde Palma Soriano, pero fuimos para la estación de policía y liberamos a nuestros compañeros presos. Me busqué una metralleta que yo ni sabía maniobrar y me puse un uniforme con el brazalete del 26 de Julio. Detuvimos a los 800 militares de Puerto Moya y les hablé: “Desde este momento Cuba es libre y soberana. Tiene un nuevo ejército, el Ejército del 26 de Julio. Todos depusieron sus armas”. Si las utilizan nos matan porque éramos un grupito, pero estaban desmoralizados. Los separé a cada uno como a un metro. Yo inventando lo que había visto en las películas, porque no era ninguna estratega militar».
En lo adelante, María Antonia ocupó diversas responsabilidades en el sector de la Educación. Por razones de enfermedad progresiva, pasó al retiro. En 1967, por indicación de Celia Sánchez Manduley, con quien siempre mantuvo un vínculo muy estrecho, prestó servicios, por más de 12 años, en la Oficina de Asuntos Históricos de la Secretaría de la Presidencia (luego, Consejo de Estado). Durante esa etapa renunció a cualquier remuneración.
La combatiente de la lucha clandestina y el Ejército Rebelde María Antonia Figueroa Araújo falleció el  jueves 30 de marzo del 2017 a la edad de 98 años. El 18 de julio del 2017, a partir de las ocho de la mañana, sus cenizas fueron esparcidas en la bahía de Santiago de Cuba, a los pies del monumento a Frank País, en Punta Gorda, y la otra parte fue depositada en el Panteón Sierra Maestra del cementerio Santa Ifigenia en su heroica ciudad natal.

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patricia dijo:

1

27 de septiembre de 2018

11:28:55


Indisoensable este artículo para conocr a María Antonia. (favor de corregir y escribir"con creces")