ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Toronto al amanecer visto desde Henley. foto: Foto: viewoncities.com

TORONTO.—Todavía no son las seis de la mañana y por el Down­town —el centro de la ciudad— caminan decenas de personas. Ya amaneció, porque en Toronto, unos minutos después de las cinco de la madrugada, el sol aparece para ha­larte las sábanas. La temperatura, en pleno verano canadiense, no sobrepasa los diez grados celsius, novedad después de jornadas plácidas, salvo alguna aparición esporádica de la lluvia.

En Yonge Street, la calle más larga del mundo (56 km), un taxi se detiene finalmente, y toma rumbo a Prin­ces’ Gates, la espectacular entrada por la cual se accede al Centro de Prensa de los Juegos Panameri­canos. En el camino, conocemos a Shala, el conductor, un canadiense de raíces africanas… lo delata su acento.

“Mi familia es de Etiopía”, confirma en un inglés bastante extraño, antes de percatarse por nuestra indumentaria de que somos de la Mayor de las Antillas. “¡¿Cubanos?! Uste­des ayudaron mucho a mi país, mis padres me lo decían, hablaban mu­cho de Fidel Castro”, confesó emocionado Shala, a quien por casualidad ya hemos visto par de veces por las arterias de Toronto.

Esa misma mañana, tras animarnos con el calor del taxista, lo siguiente en el plan era partir rumbo al Royal Canadian Henley Rowing Course, la instalación sede de las competencias de remo, ubicada a más de 100 kilómetros del centro de la urbe, en la porción sur del Lago Ontario. Sin pausa tomamos el ómnibus, un vehículo de características peculiares.

“¡This is the happy bus!”, pregona Anthony, chofer de la guagua, quien se vanagloria porque su carro sea el más feliz de los Juegos. A simple vista, no hay nada del otro mundo por ningún rincón, todo lo diferente y divertido lo pone precisamente este hombre de 54 años, quien vive con la satisfacción de complacer a sus clientes cada día con un trato cinco estrellas.

En honor a la verdad, todo el personal de apoyo de los Paname­rica­nos tiene una línea muy parecida, gente amable, respetuosa, servicial, que se desquicia tanto como los periodistas cuando el transporte no llega en tiempo (ha pasado decenas de veces). Su única intención es complacerte y buscan soluciones con tal de facilitarte el trabajo.

EL PARAÍSO DEL REMO

La cuestión no es exclusiva de Toronto, ni de las zonas aledañas al Centro de Prensa, donde más vo­lun­tarios confluyen; esto lo podemos ver en cualquier lugar. En mi experiencia, me llamó particularmente la atención lo sucedido en la pista de remo de Henley, en St. Catharines, donde el cubano Ángel Fournier se coronó en par de ocasiones.

Cruzando el lago, la vida de los canadienses parece ir a una marcha menos. Desaparecen los rascacielos, las lumínicas son menos intensas, no hay tanta mezcla de culturas (apenas se ven los asiáticos y latinos) y los poblados dan una sensación de sobriedad aún más placentera que la del Gran Toronto.

En la isla de Henley se ubica exactamente el Royal Canadian Rowing Course, centenaria pista fundada en 1903, donde anualmente se celebra —desde 1880— la legendaria regata homónima, una de las más grandes de Norteamérica, que ha contribuido decisivamente a la formación y desarrollo de los remeros de Canadá, nación ubicada entre las diez primeras en títulos obtenidos en Campeo­na­tos Mundiales.

“Es un lugar fantástico para competir, solo con algunas variaciones de viento, pero a estas circunstancias uno debe adaptarse en cualquier lugar”, expresó a Granma el propio Fournier tras ganar su primer título de los Panamericanos.

Y nadie puede dar más fe de la calidad de la ruta que los propios anfitriones, consolidados en la cima del medallero, en gran medida por el liderazgo de este deporte, que ha pasado de no aportar título alguno en el 2011 a llenar el botín con ocho preseas doradas en esta oportunidad.

Pura mística, tradición y espíritu se respira en los confines de la diminuta isla, donde el remo, más que un deporte, se ha convertido en un modo de vida, una pasión que, de momento, ha puesto la bandera de la hoja de maple en lo más alto de la cumbre continental.

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