ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El 27 de diciembre del ya lejano 1874 tuvo lugar en Matanzas un suceso deportivo que marcaría un hito en la historia deportiva de la nación cubana.
Aquel día, en el estadio Palmar de Junco, se enfrentaron en un partido de béisbol un conjunto local y otro proveniente de La Habana, ganado por estos últimos con holgadísima ventaja. Es considerado el primer juego de pelota de carácter oficial, celebrado en Cuba.
Para hacer más célebre aún ese incidente, satisface conocer que no pocos de los contendientes ese día en el terreno yumurino se sumaron después a las filas insurrectas por la independencia de la Patria.
Desde luego, el hecho del 27 de diciembre evidencia la práctica de esa disciplina en la Isla desde hacía ya algún tiempo, según confirman además las pesquisas de varios historiadores.    
La realización de aquel juego no es un mito. Aparece reseñado en fuentes primarias, como el diario local Aurora del Yumurí, y El Artista, periódico capitalino. Un pleito realizado bajo las reglas vigentes, en el que los jugadores estuvieron uniformados y que contó con box score y asistencia arbitral.
El dichoso acontecimiento cumple en diciembre próximo 145 años y con él los cubanos celebran algo más de siglo y medio de la práctica de ese alucinante deporte que es el béisbol, esencia también de nuestra cultura e identidad.
Durante mucho tiempo el suceso lo anuncian y rememoran a bombo y platillo, y no solo en la provincia de Matanzas.
Sin embargo, algunos investigadores y cronistas promueven el debate en torno a otra fecha, el 29 de diciembre de 1878, día en que chocaron los equipos de Habana y Almendares, para dejar inaugurado el primer campeonato oficial de béisbol en Cuba, en un estadio ya desaparecido de la geografía capitalina.
Sin la intención de establecer comparaciones, se trata sencillamente de otra efeméride digna de celebrar, pero que en caso alguno suplanta a la otra.
Disputarle la paternidad al territorio matancero y al Palmar de Junco del primer juego oficial pone en tela de juicio un suceso con más de un siglo de vida. Y no se trata de una polémica, pues sobran las pruebas para concluir a favor del 27 de diciembre de 1874.
El propósito del forcejeo por limar un presunto error histórico está vinculado quizá al interés refundacional del Salón de la Fama del Béisbol Cubano, conseguido en  2014 y disuelto un año más tarde.
Para gloria de todos los cubanos, el Salón de la Fama pudiera encontrarse en cualquier territorio de la geografía nacional, pues la pelota es motivo de orgullo hasta en el más intrincado rincón del país.
Pocos dudarían, sin embargo, del lugar que le corresponde en el panorama beisbolero cubano al Palmar de Junco, instalación más añeja del mundo donde se juega béisbol.
Quienes son partidarios de este sitio alegan con romanticismo que el mismo perpetúa como ningún otro la memoria de la pelota cubana. Es decir, invocan el respeto a las raíces.  
Sin un ápice de regionalismo o fanatismo, no hay en Cuba otro lugar que pueda rivalizar con los méritos y la historia del Palmar, un terreno que los matanceros salvaron más de una vez de su venta y parcelación, el santuario ideal para enaltecer a los peloteros cubanos más distinguidos en diferentes épocas.
Sería una oportunidad más para enaltecer a los antepasados, los protagonistas de aquel juego del 27 de diciembre de 1874, algunos de los cuales luego ofrecieron su vida en las guerras de independencia contra las fuerzas coloniales españolas.
Cuando por fin se dispongan a refundar el Salón de la Fama y a determinar su lugar definitivo, uno de los primeros en ser exaltados debe ser precisamente el Palmar de Junco, reliquia legada por generaciones de peloteros y donde hoy cobra vida un proyecto de desarrollo local.

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