ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El olor de la colada de café comenzó a ser penetrante en los olfatos agotados por las largas caminatas, las noches sin dormir y el hostigamiento de los mosquitos.

El hombre apostado muy cerca de la casa imaginó el colador de tela y el jarrito debajo esperando el líquido hirviendo que penetraba en el polvo y se convertía en la infusión conocida por sus cuatro letras iniciales: caliente, amarga, fuerte y escasa.

Los deseos de mojarse los labios y satisfacer su paladar le hicieron perder el temor y acercarse a la casa donde encontró a una mujer joven en edad, pero desgastada por la dura vida de trabajo, rodeada de niños. Le pidió que le brindara un buchito de la colada.

Ella supo inmediatamente por las botas militares, el pantalón de camuflaje y la camisa raída, que se trataba de uno de los llegados en los barcos, los que invadieron el lugar y le dispararon a la población; pero no pudo negarse a compartir con él.

El rostro del «visitante» reflejaba el cansancio de varios días de andar dentro de bosques, con una flora agreste y en sitios naturales vírgenes, rodeado de un gran humedal donde habitaban cocodrilos. Transcurría el mes de abril de 1961 y, aunque los combates habían concluido, ellos encontraron en la vegetación el refugio para romper el cerco tendido por los miembros de las milicias para su captura.

La señora, con la humildad de una campesina a la que le sobraba la miseria pero le abundaba la entrega por ayudar a los demás, lo mandó a pasar a la casa y lo invitó a sentarse en los muebles rústicos y escasos de una casa construida de madera, techo de guano y piso de tierra. El invitado comenzó a gritar nombres y otros como él salieron de sus escondites y también entraron a la casa para disfrutar del humeante líquido.

Entre ellos hablaban de cómo sobrevivir, de encontrar una embarcación para retornar a Estados Unidos y de alguna forma para escapar de los milicianos. La mujer terminó de colar el café y lo sirvió en laticas recortadas que antes sirvieron para compotas u otro alimento.

Preguntaron a la señora si era comunista y ella negó con la cabeza. Dijo que solo conocía el campo, el carbón y la miseria. Alrededor jugaban sus hijos y uno aún necesitaba de sus brazos.

«Los comunistas van a separar a los hijos de sus padres y los van a mandar a Rusia para matarlos y convertirlos en carne de lata», dijo el recién llegado a la mujer.

Ella le respondió que no conocía el comunismo, pero sí a la Revolución. Que quienes bajaron de la Sierra Maestra derrocaron a un gobierno que los llenaba de miseria, sin alimentos para los hijos. Que después del 1ro. de enero de 1959 le entregaron la propiedad de la tierra a su marido, que la cultivaba hacía muchos años como parcelero de un dueño a quien le sobraba y no le importaba si otros tenían para comer. Enviaron un maestro para alfabetizar a su familia y vecinos, que nunca habían pisado una escuela. Sus hijos recibían atención médica gratuita y hasta se los habían vacunado.

Le relató que el líder Fidel Castro los visitó en mayo de 1959 y prometió construir un pedraplén con un hotel en Playa Girón. También hizo una cena el 24 de diciembre con los cenagueros más humildes del lugar, conversó con ellos y les dijo que la Revolución se ocuparía de mejorarles las condiciones de vida.

La mujer finalizó diciendo que anteriormente ningún político o dirigente de gobierno los había visitado, y mucho menos compartido la comida en un día de fiesta.

El «visitante» solo atinó a decir: «Nos engañaron –dirigiéndose a los demás–. Nos dijeron que al desembarcar las personas se nos iban a sumar y seríamos los libertadores del comunismo. Llegamos y nos tenemos que esconder».

La señora, con una sonrisa, le respondió: «Mijo, no conocen la verdad de este pueblo».

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Sara dijo:

1

25 de marzo de 2019

08:59:42


muy bonita la anécdota, pero por favor publique qué pasó después de tomarse el café.

Gerardo dijo:

2

26 de marzo de 2019

13:24:36


Viva por siempre el digno pueblo cubano revolucionario. VIVA CUBA VIVA FIDEL VIVA EL CHE por siempre