ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El narrador y comentarista cardenense Francisco «Pancho» Soriano se puso muy contento con el Premio Nacional de Periodismo Deportivo por la obra de la vida, galardón compartido con Iván López y Juan Moreno.

Y es fácil entender por qué la gente del campo festeja con tanta alegría los premios gordos. Parecen estar reservados para unos pocos.
El premio lo coloca junto a otro valioso grupo de profesionales que han enriquecido la historia deportiva cubana.

La noticia también suscita alegría entre los vecinos, amigos y colegas. Pancho es un tipo digno de la simpatía pública, un hombre cordial, tranquilo, que nunca se ha creído el ombligo de la narración.

Del último trío exaltado, todos tienen una cosa en común: el amor por el deporte y en particular por la pelota. Por eso dicho estímulo viene a ser al propio tiempo como un homenaje que se rinde al béisbol.

El elogio del jurado sostiene que laboró durante medio siglo como corresponsal deportivo, narrador, comentarista y locutor de la radio y la televisión matancera y nacional, haciéndose del reconocimiento y cariño de la afición.

También exalta la cobertura de lides deportivas en Cuba y en el exterior, donde constituyen un capítulo decisivo los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.
De sus inicios, los amantes del deporte recuerdan las narraciones junto al también cardenense Ricardo Medina, quien sirvió de complemento y hasta cierto punto de necesaria contrapartida en la dupla que formaron por no pocos años.

Otros nombres sirvieron de estímulo, como Bobby Salamanca, Argilio Rodríguez, Manolo García y David Segura. Dice que el manantial más rico fue aprender a escuchar a los más viejos.

Radio Ciudad Bandera y Radio 26 conforman el espacio natural de su trayectoria laboral. Allí se ganó el pan de cada día, con modestia y rigor.
Sin disponer de una voz de trueno, Soriano se hizo acreedor del reconocimiento de los oyentes, gracias a la entrega en su ejercicio cotidiano, así como a su mesura y precisión en los comentarios, sin caer en la vulgaridad y sin favoritismos extremos.

Por su corpulencia física es demasiado visible y parece más alto de lo que es en realidad. Lleva habitualmente gorra de pelotero. Es un gusto escucharlo cuando habla sobre béisbol, lo mismo en la emisora que en plena calle.

Narrar ha sido su universo. No veo que sepa hacer otra cosa. Ah, bueno, sí, en su primera juventud fue profesor de Educación Física y luego, ya de adulto, incursionó en el softbol de la prensa con innegable acierto.

Se hizo notar por su efectividad como lanzador y su agilidad en el corrido de las bases, en particular de home a primera. Ahora se ríe porque ya para entonces andaba por los 50 años de edad y pesaba más de 200 libras.

Su felicidad por el premio es contagiosa, la comparten ahora mismo en su natal Cárdenas y en Matanzas, donde ya va siendo algo así como el patriarca de la narración deportiva junto a aquel otro grande que fue Jorge Arturo Castellanos.

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