ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Es el humano un ser esencialmente social. He aquí una verdad que aprehendemos desde un periodo relativamente temprano de nuestra formación individual, y no precisamente para que memoricemos el caudal científico que respalda ese principio, sino para que seamos capaces de evaluar el impacto de nuestras actitudes y comportamiento en ese proceso de inserción al entorno que nos rodea.

Las propias experiencias que acumulamos a lo largo de nuestra vida nos permiten formarnos un juicio crítico de lo que, más allá de normas preestablecidas, representa ser un ser social. Nadie duda del papel que desempeñan las decisiones individuales en la construcción definitiva de nuestra personalidad, más o menos alejada de las esencias que definen a la especie.

Sin embargo, también ese principio inicial apunta a que las peculiaridades de la sociedad en la que nos desarrollamos influyen de manera directa en el crecimiento individual, en la apropiación de valores, en lo que definimos como principios éticos y morales de cabecera.

No es casual que parta de tales aspectos, para referirme al verdadero objetivo de las reflexiones a las que modestamente pretendo acercarme. Lo hago porque creo sinceramente que si la mayoría de los cubanos llevamos intrínseco un profundo humanismo, un avanzado sentido de la otredad, un marcado carácter solidario, eso depende en gran medida de los pilares que sustentan al sistema social por el que hemos apostado.

Entre las más grandes aspiraciones que movieron todo nuestro proceso revolucionario desde sus inicios, estuvo siempre el hecho de que portar el gentilicio de cubanos no debía ser únicamente motivo de orgullo, sino traer asociada una alta responsabilidad. Si algo comprendieron los padres fundadores de la nación y quienes devinieron en sus fieles continuadores, es que Cuba debía erigirse como ejemplo para nuestra región y el mundo, pero no desde la superficialidad de considerarnos seres superiores, sino desde la voluntad más sincera de demostrar que era posible transitar mejores y más justos caminos para los pueblos.

Así lo demostró la historia, y fue por ello que no asumimos el concepto de patria solo con la perspectiva de nuestros límites geográficos, sino con el alcance martiano de sentir como tal a la América toda. Abrazamos el ideal, presente siempre en su legado, de hacer indestructibles los lazos que unan a nuestros pueblos y ningún hombre o mujer olvide nunca el deber de respetar a sus semejantes.

En esos sentimientos hemos sido educados. Eso explica por qué nos negamos al silencio cuando la injusticia ronda a la patria grande. Por eso militamos del lado izquierdo donde no se conciben el servilismo, la hipocresía y la desnaturalización del hombre bajo la premisa del dinero.

Ese que pudiéramos llamar nuestro código inviolable, ha devenido motivo para que aunque distantes geográficamente, aunque expresados en diferentes lenguas o vistos desde las perspectivas culturales más diversas, siempre sean convergentes las interpretaciones que se hacen de las huellas dejadas por los cubanos en el mundo, y que palabras como solidaridad, paz, amor y respeto, sean coincidentes para referirse a los nuestros.

Lo cierto es que, más allá de la inclaudicable defensa al socialismo como único sistema capaz de hacer valer al ser humano, en la más amplia y sincera dimensión de ese concepto, nunca han sido los hijos de esta Isla, en ningún país del mundo, promotores de la renuncia de los pueblos a aquello que consideran legítimo. Por el contrario, hemos sido voceros del respeto a la libre determinación de las naciones para construir su presente y futuro o despojarse de aquello que cataloguen de ignominioso. Consecuente con esos principios, Cuba ha establecido lazos de colaboración e intercambio con aquellos que tal vez no comparten nuestra ideología, pero la respetan.

Las misiones cubanas, internacionalistas o diplomáticas, jamás han traspasado los límites establecidos por acuerdos internacionales, y nuestra postura como miembros de diversos organismos de alcance global ha estado siempre del lado de la justicia, del diálogo como base para el entendimiento y sobre todo de defensa a la dignidad humana.

Al menos para mí, son esas razones suficientes para descalificar cualquier posible argumento de que un médico cubano es capaz de preguntar primero por el partido político, antes de cumplir con su sagrado deber de salvar una vida. Me basta, y sé que no hablo solo en mi nombre, con la historia escrita por este pueblo, para aseverar que no existe la más mínima posibilidad de que la escrita por el New York Times sea creíble.

Sería interesante recordarles que la brigada Henry Reeve, símbolo del actuar de nuestros galenos en situaciones de desastres, fue creada precisamente cuando las terribles huellas del huracán Katrina se hacían sentir en Estados Unidos. Nuestros médicos acudieron al llamado sin poner de por medio ningún «pero» referente a política. Sin embargo, el Gobierno norteamericano sí tenía un reparo, Cuba es un país libre y socialista, entonces se negó a aceptar la ayuda.

Que no estemos de acuerdo con las maniobras más viles para derrocar a un gobierno legítimo, que no aceptemos serviles y pasivos la intervención militar a una nación pacífica, no significa que nuestros médicos declinen un pedido de auxilio por causa de una filiación política. Tampoco serían capaces de utilizar el agradecimiento de aquel que ha sido sanado, para influir en una decisión que solo corresponde a los hijos de cada tierra.

Yo, como el Apóstol, creo en la utilidad de la virtud y de eso, nuestros galenos tienen bastante. No será una superficial y tambaleante historia del New York Times lo que me haga cambiar de idea y estoy segura de que al resto del mundo, tampoco.

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YESID dijo:

1

25 de marzo de 2019

12:36:23


Profundo y fraterno mensaje lleno de Altruismo. Ojala los pueblos que han aprendido la vida desde el egosimo (sin pensar en el otro(a) ) puedan algun dia transformar su pensamiento y construir hacia lo social, hacia lo que nos hace fuertes y unidos en una sola frase: Hermanos de lucha en busqueda de un mejor Bienestar de la calidad de vida de todos(as)

luis lastres rodrigez dijo:

2

26 de marzo de 2019

08:24:05


Estas Y otras son las caracteristicas que nos diferencian del resto, hay quienes las cumplimos y otros hacen caso omiso, pero no se puede descuidar la educacion y las razones que nos hicieron seres humanos, las demostraciones de solidaridad de Cuba en el mundo, lo que sucede es que en muchas ocasiones no respetamos a los semejantes, y dejamos mucho que desear de la educacion que estoy seguro no es la que nos dan, en la escuela, ni en la casa, saludos. pipo.

Rodolfo de la Fuente dijo:

3

26 de marzo de 2019

10:48:41


Muy bonito, bien escrito y emotivo. Pero olvida una cruda verdad más allá de la poesía y el deseo -en la concreta, más allá del ¨deber ser¨ y centrándonos en el ¨es¨ - que es el siguiente: el ser social determina la conciencia social. Este problema de axiología y su ubicacion en la realidad, asidos a lo que se quiere, y no a lo que se puede y sobre todo al por qué no se puede, lo padecemos bastante. Como en el cuento del traje nuevo del emperador.