ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Cuando era niño, mi padre solía llevarme los domingos a pescar, armábamos unas cañitas con gajos flexibles de los guayabos del patio, les atábamos cordeles finos, anzuelos pequeños y flotadores fabricados con corchos de botellas.

En esa época aún corrían los pequeños arroyos que luego el cambio climático se ha encargado de eliminar, y abundaban las biajacas criollas que después las clarias se ocuparon de extinguir.

En una ocasión, mirando la quieta superficie del agua y el rítmico vaivén del corchito, mi papá me dijo algo reflexivo: «Tú ves ese corcho cómo se las arregla para estar casi siempre entre el aire y el agua, pues en la vida encontrarás a personas muy hábiles en eso de flotar aunque los halen desde abajo o los empujen desde arriba».

Los años pasaron y efectivamente aparecieron los flotadores (no los de colocar en los bracitos a los niños para las piscinas, esos aparecieron también, pero son bastante caros), personajes expertos en el balanceo, en te digo y no te digo, en soy de acá y soy de allá, en irse arrimando y dando su poquito de guataqueo al que pinta como ganador en cualquier tipo de juego sin irse muy lejos del que parece perdedor, por si las moscas.

Gente como Eladio Cuerdafloja, como le decíamos por allá, que en cuanto creía adivinar el éxito de alguien, ya comenzaba a elucubrar sus planes para pasarse de bando. No era muy ducho en política y bajo el pretexto de que nuestra prensa no era útil, escondía su pésimo hábito de lectura que lo hacía presa de una incultura evidente.

El Cuerda le dijo una vez a mi tío, en medio de los acontecimientos en la URSS a finales de los 80: «Oye, Manolo, a nosotros lo que nos hace falta por acá es un Pérez como ese que está metiendo en cintura a los soviéticos». Por unos minutos mi tío se quedó sin encontrar lógica a ese disparate, hasta que se percató que el hombre no hablaba de una persona, sino de la Perestroika.

Ya después cuando se desmerengó el campo socialista, Eladio hasta quemó una foto de Gorbachov y todo, con evidente intención de mantener el «equilibrio» que casi pierde.

Otros corchos aparecieron luego, flotando en el estrecho de la Florida a inicios de los 90, esperando a mitad de camino para ver qué rumbo tomar, casi seguros de que el barco de la Revolución se iría a pique. Después y últimamente con bastante frecuencia, por aquí y por allá saltan algunos ejemplares; que, desde sus charcos, pretenden confundirnos con su maestría para eso de flotar y no definirse entre el lado del pez que hala o de la caña que resiste.

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Dieudome dijo:

1

19 de marzo de 2019

20:05:46


Acà tenemos tambièn muchos corchos. Algunos conocidos...otros no tanto....

yk dijo:

2

21 de marzo de 2019

09:57:31


De que los hay, los hay.....yo digo que no están tan escasos los "corchos", no los que se usan en las cañitas de pescar, pues a veces se observan por ahí, algunos "corchitos", que no sólo quedan flotando y saben hacerlo, sino que a veces los beneficia una fuerza mágica y suelen elevarse, para que el agua no les haga resistencia.......esos son los que hay que amarrar más corto, no cres?.........