ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Nunca más supe de él, pero aquella conversación en plena calle, a la entrada de un cdi (Centro de Diagnóstico Integral) donde se disponía a pasar la noche, me marcaría para siempre.

Estaba tirado en el suelo, sobre una manta raída de color azul, y hablaba con la tristeza de quien ya no espera mucho de la vida.
Me contó que se llamaba William Vera, que vivía del «otro lado», en Colombia, a hora y media de la frontera, y que había cruzado a Venezuela en busca de ayuda.

Tres años atrás, un accidente de tránsito le había destrozado la pierna y dejado otras secuelas que le seguían atormentando: primero una hernia; luego un líquido que le inundaba los pulmones y le provocaba fatigas y ahogo.

En 14 oportunidades había tenido que ingresar en hospitales, donde acumulaba una deuda gigantesca que le exigían pagar, sin haberle restablecido su salud.

«Me dicen que tengo que pagarles, pero así no puedo trabajar para obtener el dinero», se lamentaba.

Los médicos cubanos de la Misión Barrio Adentro, en suelo venezolano, eran su última esperanza. Por eso estaba en el país, y se aprestaba a pasar la noche a la intemperie, en la puerta del cdi, para ser de los primeros en entrar al otro día.

«Es que más tarde comienza a llegar un gentío y sobre las cinco de la mañana hay una cola inmensa», argumentaba William.

En efecto, el prestigio y la amabilidad de los cubanos, y el hecho de asistir a las personas gratuitamente, animaban cada jornada a miles de pacientes colombianos a cruzar la frontera en busca de atención médica.

Lo había visto antes en el puente de Boca de Grita, otro de los cruces habituales entre Colombia y Venezuela, y ahora lo comprobaba en el municipio de Ureña del estado de Táchira, donde está el paso internacional más activo entre ambos países.

Curiosamente, justo del otro lado de donde un grupo de artistas al servicio de intereses oscuros, participaban hace unos días en un concierto para «denunciar» la situación del pueblo venezolano.

Entre ellos, algunos colombianos que nunca antes levantaron su voz para cantarle a los miles de coterráneos que como William, se veían obligados a salir de su tierra para recibir atención médica, o a los galenos cubanos que jamás han puesto reparos para atenderlos.

«Nosotros les damos a todos el mismo trato, sin preguntarles dónde viven o exigirles la cédula de identidad. Nuestro deber es curarlos y la única distinción que hacemos es entre personas sanas o enfermas», me aseguraría el doctor Sergio, intensivista, uno de los tantos colaboradores de la salud de la Isla que ha laborado en la convulsa frontera colombo-venezolana.

El estado de Táchira implicaba el reto de atender dos poblaciones. Solo el municipio de Ureña tenía alrededor de 35 000 habitantes, pero a unos pocos cientos de metros, la ciudad colombiana de Cúcuta poseía 20 veces esa cantidad.

«Según las estadísticas, alrededor del 60 % de ellas pertenece a los sectores más bajos, no cuenta con cobertura médica gratuita ni seguro, por tanto, también acuden a nuestros servicios», me comentaba el doctor Sergio.

A lo largo de miles de kilómetros de frontera, la situación era similar. Mientras en otras partes las personas viajan para hacer turismo o negocios, aquí lo han hecho durante años buscando salud.

Las bondades del programa Barrio Adentro, en la margen venezolana; y la flexibilidad de las autoridades migratorias, estimulaban todos los días el tránsito de una procesión de enfermos colombianos que no podían acceder a los servicios médicos en su país.

En Ureña, ocho de cada diez pacientes atendidos en consulta, vivían del «otro lado».

Sin embargo, a los músicos que ahora dicen estar preocupados por la suerte del pueblo venezolano, al parecer nadie les habló de esta otra realidad que ha tenido lugar durante años, justo en frente del escenario donde recién se reunieron para dar su concierto.

¿O será que inspirarse en la solidaridad no deja los mismos dividendos y, contrario a la canción de nuestro Silvio, entendieron que no vale la pena cantarle a quien no escucha, a aquel que nadie le cantó?

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.