ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Los tiempos que corren me «tiraron un cabo». Tengo un pantalón vaquero que ha logrado extender su vida útil gracias a la bendita moda.

Gastado por el uso excesivo, el viejo jean deja ver ya algunas grietas en ambas piernas. Pero lo llevo sin avergonzarme. Hace bastante rato que parece una cosa normal eso de ir por ahí con un pantalón casi destruido.

Los diseñadores inventaron unas prendas que sobresalen por sus agujeros y rasgaduras. Cosas de la moda y de la vida: lo que ayer fue expresión de carencia hoy es todo un lujo.

En otra época era un pecado usar pantalones rotos. Treinta o 40 años atrás nadie habría tenido el valor suficiente para salir a la calle con un pantalón así. Si no quedaba más remedio, uno terminaba por ponerle un parche. Nada elegante, pero decente, según la tesis de nuestros padres.

Mi madre hizo siempre hasta lo imposible por «estirar» la ropita de sus cuatro hijos, sobre todo la de los varones. Se convirtió en toda una experta haciendo zurcidos y todo tipo de arreglos. No tenía vocación de costurera, aprendió por necesidad.

Pasaba largas horas frente a la máquina de coser. Llegó a ser virtuosa en eso de transformar pantalones de peloteros y sacos de harina en prendas de vestir apropiadas para ir al cine y hasta a una fiesta de 15.

Solo los más venturosos del pueblo exhibían pantalones de corduroy o de láster, tejidos que reforzaban la sensación de calor y que inundaron el universo  textil de la Isla en los años 70 y una parte de los 80.

Transcurrían todavía tiempos difíciles del comienzo de la Revolución, que se abría paso en todos los ámbitos para sentar las bases de la nueva sociedad en medio de un continuo y total cerco imperial.

Los muchachos de la casa ríen ahora al escuchar esas historias. La hembra y el varón, adolescentes al fin y al cabo, quieren pantalones ripiados para salir a pasear, para vestir algo que jamás otras generaciones de cubanos habrían imaginado ponerse.

El problema mayor es que, como sospecharán, algunos de esos modelos solo se consiguen a altos precios.

Hay quienes, imposibilitados de adquirir los mencionados pantalones con roturas casi «perfectas», deciden rasgar el que tienen a mano, invento que, por cierto, se nota a la legua.

La lista de quienes desean estar a la moda cueste lo que cueste, incluye a aquellos a quienes se les va la mano, y en vez de rasgar su pantalón con habilidad y tacto, terminan por modificarlos con grandes agujeros y recortes.

Acaban entonces por parecer extraños individuos. Le sucedió a un amigo muy cercano, quien llamó la atención de las fuerzas encargadas de la seguridad y el orden público durante una ceremonia en conmemoración de una fecha gloriosa.

Lo confundieron con uno de esos holgazanes que suelen perturbar los actos públicos. Y no era para menos, vestía un pantalón agujerado excesivamente y no muy limpio que digamos, el atuendo ideal del vagabundo.

Nada, que estar a la moda es como caminar por el filo de una navaja. No debes excederte, mucho menos si ya pasaste de los 50.

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Mery echendia dijo:

1

6 de marzo de 2019

14:57:14


Bonita anécdotas la moda de ahora no tiene edad , los pantalones rotos Europa para todas las edades , quien se lo quiere poner , se ve en personas más de 60años ,es la moda. Saludos amigo.

Dayi dijo:

2

7 de marzo de 2019

16:42:07


Hola, aunque los pantalones rotos estén de moda eso no significa que vayan a hacernos lucir bien en todas partes y a toda hora. Tengo 26 años y esa moda no me acomoda, aunque prefiero no criticar considero que la elegancia y el buen vestir a cualquier edad tienen parámetros y exigencias. Además me parece un poco excesivo pagar sumas astronómicas por prendas que desde la fábrica ya vienen rotas.

Marina dijo:

3

20 de marzo de 2019

16:02:59


Mucha idea encierra su artículo, considero que la moda o quizás su forma de expresarse tiene su lenguaje o quizáz su mensaje