ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La Constitución que fue sometida a aprobación de los cubanos este domingo 24 de febrero de 2019, en fecha representativa del más elocuente de los símbolos, constituye una de las cartas de futuro mejor elaboradas que probablemente haya recibido pueblo alguno en los anales de la historia.
Es un documento concebido a partir de la suma de todas las partes, que piensa el presente, pero que sobre todo se proyecta hacia el mañana y la continuidad de las conquistas nacionales en temas vitales como independencia, soberanía nacional, defensa, igualdad social, educación, salud, seguridad ciudadana, deportes, cultura, legalidad.
Aquí están sentadas las bases de ordenamiento para un escenario próximo y ulterior encaminado a fortalecer, en cada ámbito, el proyecto socialista defendido por la inmensa mayoría de nuestro pueblo.
Supone reafirmación y a la vez innovación, porque la nueva cartilla constitucional se adentra en terrenos no explorados por la anterior Carta Magna, aventura nuevas proposiciones, modifica conceptos e incluye fundamentos a tono con los tiempos.
Incluir quizá constituya el verbo más definitorio a la hora de definir la flamante Constitución, habida cuenta de que quienes la elaboraron y quienes luego la modificamos y perfeccionamos a través de nuestras sugerencias tuvimos en cuenta a todos, sin excepciones ni distingos, porque en la cohesión social de nuestra gente se asienta la garantía de continuidad de los antes referidos avances.
Entre todos debemos luchar, no solo por consolidar nuestro socialismo, sino además por perfeccionar la base económica: objetivo fundamental que permitiría superiores condiciones de vida a un pueblo que ha luchado 60 años por el desarrollo, aunque siempre con la presión externa del bloqueo asfixiante de la mayor potencia de la historia humana.
Ese cerco, todas las señales lo avizoran, continuará incrementándose mediante nuevas medidas y acciones encaminadas a destruir nuestro modelo sociopolítico, pensadas por sectores de pensamiento ultraconservador en el seno de la nación imperialista.
En tal escenario, la unidad nacional en torno a un ideal y sus definiciones, refrendadas en la Carta Magna, deviene elemento estratégico en el camino de resistencia y combate que todavía tenemos por delante.
Trabajar, respaldar los procesos que acometemos en función colectiva, desarrollar nuestra economía, ubicar a la persona indicada al frente de cada sitio por la vía del perfeccionamiento de la política de cuadros, cortarle el paso a los indicios de corrupción administrativa; fiscalizar, controlar, exigir y velar porque cada vez todo funcione de forma más eficiente en el lugar que le toca a cada cual, son imperativos e inspiraciones a subrayarse durante la trayectoria a caminar desde ya.
Llegamos a este domingo tras transitar, entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre, un proyecto de consulta popular, sin parangón en el mundo. Toda Cuba, quien quiso y de la forma que quiso, formó parte de la construcción definitiva del cuerpo legal, en virtud de su capacidad propositiva. Cuanto no complació a la mayoría se modificó o eliminó. Ninguna propuesta fue coartada o impedida de consignar en papel.
Fue, por ende, un ejercicio cabal de democracia popular que el mismísimo Pericles hubiese puesto de ejemplo en el ágora ateniense, de poder verla.
Resultó tanto así, porque los cubanos, agradecidos y enterados, conocen cuánto ha hecho la Revolución por cada uno de nosotros y qué podría esperarnos con el modelo neoliberal de exclusión y desigualdad social del capitalismo salvaje que los centros de poder pretenden entronizar en América Latina, del Bravo a la Patagonia.

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