Hay razones que son como templos. Sagradas. Hay razones muy particulares. Otras que son mayoría. Me inclino entonces por las que trascienden el yo, por las que tejen, con los hilos complejos y hasta escasos de hoy, el después. Porque la Constitución que nos llevará a las urnas el próximo 24 de febrero es justamente eso, el después que nos estamos procurando.
Desde que se aprobara en diciembre pasado, por la Asamblea Nacional del Poder Popular, la nueva Ley de Leyes, no ha quedado, quizá, un artículo sin analizar, sin explicar, con más o menos argumentos.
Sobre los contenidos se han expuesto todos los porqués, ya sea porque la voluntad popular, o lo que es lo mismo, la inteligencia colectiva, condujo a modificaciones; ya sea porque prevaleció la redacción primera.
En el texto se mantiene intacta la raíz de un país con 150 años de bregar emancipador; permanece, inamovible, la esencia humanista y de justicia social que nos define; y sin tocar lo intocable, se delinea una sociedad que cambia y se parece más a su tiempo y a su gente.
Ya eso es una buena razón.
La Carta Magna que ha de regir los destinos de Cuba en los próximos años también habla de inclusión. Habla de reconocer, que implica respetar, el sentir de las mayorías y hasta de sus minorías. Porque están contemplados, en materia de derechos, los creyentes y los ateos; los hombres y las mujeres; los discapacitados, los ancianos, los niños; quienes prefieren casarse y quienes, de hecho, se unen, sin distingos de sexos...
Eso también convida.
Se asumen, en esta norma sombrilla, desde la propiedad socialista hasta la privada; desde la autonomía municipal hasta el papel estratégico de la planificación; se incorporan periodos de mandato, edades límites, porque la gestión de gobierno exige vitalidad; se amplía la concepción de los derechos, sin mayor restricción que los derechos del otro...
Se perfila, más allá de cualquier deseo individual, de cualquier búsqueda estéril de la perfección, una Cuba que mira adelante; una Cuba mejor.
Suficiente. O al menos podría parecerlo.
No obstante, lo nuevo viene a reforzar aquello que, por cotidiano, se escurre, aunque forme parte del todo: la línea continua desde el círculo infantil hasta la universidad; las prenatales, la vacuna antipolio, la prueba citológica; el abuelo en el hogar de ancianos; la práctica de deportes; los materiales de la construcción al 50% del precio para los damnificados; la tranquilidad ciudadana, el campesino humilde diputado al Parlamento; los subsidios...
Y aún con la lista en ciernes, empiezan a sobrar razones.




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Julio Horaldo Lopez_Silvero Moya dijo:
1
6 de febrero de 2019
11:36:04
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