ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Francisco venía el domingo de visitar a unos amigos, era el día de descanso. Él, como todos sus vecinos, no podía imaginar que sería la noche más larga de su vida. Sintió el enigma cargado de vientos, de un sonido ensordecedor, de luces como destellos de llamaradas… cuando llegó a su morada, ya no estaba la mitad de ella. El tornado del domingo 27 de enero, con su brutal fuerza, la convirtió en polvo. Esposa e hijo se le abrazaron, nada más, había vida.
A la luz del día, Francisco Bicet no salía del asombro. ¿cómo sacar todo lo que tenía en el interior, si hasta allí no entraban los equipos pesados? Pero de repente otros vientos lo dejaron atónito, un enjambre de jóvenes, otros no tanto, incluso algunos rozando la tercera edad, entraron como otro tornado y con solo tres palas, una con su mango por la mitad; dos o tres sacos a punto de quedar solo en hilachas, dos escobitas que resistieron,  y muchos brazos y sentimientos de solidaridad, sacaron toda la resaca de la destrucción en poco más de una hora.
A Francisco se le vio feliz, sin embargo, se acercó a Juvenal, Arlin, Nusa, Carlos, Omar, Kenier, Flavio, Endrys, Marie, Dayron, Agustín, Lazarito… y le salió de lo más profundo de su pecho, con la voz tomada, la palabra «gracias»… y después, apesadumbrado: «no tengo nada que ofrecerles».
No hacía falta, les había dado la oportunidad a quienes escribimos, hacemos fotos, buscamos fuentes informativas, de ser ese sujeto que construye la esperanza, de ponernos en las manos trabajadoras de Cuba.

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