ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Enero siempre trae nostalgias. Un mes portazo al fin de un tiempo ido, el comienzo de lo que será, al menos en nuestras intenciones, y para colmo, húmedo de lluvias frías que suelen sacudirnos bajo el abrigo que usamos con suerte tres veces en el año.
Cualquier charla; el mejor –o el peor– recuerdo, de esos que baña como olas la memoria; unos versos lejanamente leídos, u otros cuyos efectos perduran más de la cuenta  son gangas que estimulan emociones si afuera hace frío, si el sol no quema como siempre, si el invierno, débil pero distinto al calor frecuente, aclimata los minutos, las horas y los días.
Las canciones amadas juegan su papel. Unas nos llevan a otras y es fácil sorprendernos tarareando alguna, da igual si lejana o reciente, pero algo en lo hondo nos pide cantarlas, al menos bajito, al tiempo en que afianzan su plaza fija en el archivo del pensamiento.
Llueve. Y es fácil que la voz del trovador lo llene todo y nos deje un buen tiempo sin aliento:
Esta extraña tarde / desde mi ventana /Trae la brisa vieja /de por la mañana. / No hay nada aquí: /solo unos días que se aprestan a pasar, /solo una tarde en que se puede respirar /un diminuto instante inmenso en el vivir. /Después mirar la realidad /Y nada más, y nada más.

***
Escampa. Hay que trabajar. Va el corazón estrujado y feliz porque aún dura el estruendo y queremos decirlo. Tal vez le comentemos a alguien muy cercano cualquier detalle de ese encuentro con nosotros mismos; tal vez sin decirlo se nos note que un estruendo nos ha ocurrido en las honduras.
Bien estaría buscar la canción y colgarla en Facebook. A fin de cuentas, es bueno compartir conmociones y con certeza algún seguidor podría contagiarse con los saldos efectivos que estos «servicios» del alma facilitan. O buscar una foto con el ángulo que mejor nos favorece y estamparla diciendo que nos late hoy más fuerte el pecho, por la razón que sea, o que es bella la vida, o describir un suceso, de esos ligados de algún modo con las zozobras que despierta enero.       
A punto ya de postear algo, enero, grandioso siempre y lleno de sucesos tremendos por estos días, me detiene. Enero ahora mismo me recuerda que hay dolor de los peores en el mundo, que un pueblo hermanísimo del mío, el querido pueblo venezolano, se juega la vida por defender su patria, que puede teñirse de sangre la nación entera para que no vengan los mismos de siempre a arrebatarles lo que con orgullo han construido.
Martí, siempre en ristre, más oído que nunca en enero, me alerta: «Por Dios que cansa. / Tanto poetín que su dolor de hormiga. / Al Universo incalculable cuenta»; y después: «Hay montes y hay que subir / Los montes altos, después / Veremos, alma, quién es / Quien te me ha puesto al morir».  
No lo pienso dos veces: desestimo mi post en ciernes y con un par de etiquetas que suman mi amor por Cuba comparto en mi cuenta personal un trabajo exquisito de Pérez Betancourt (Eternos incomodados), unas líneas que resumen la talla moral de mi país, y me dispongo a escalar con su mensaje las verdaderas alturas.

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