ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

En la clausura de la sesión constitutiva de la ix Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 19 de abril de 2018, el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro Ruz, comentó que: «tres mujeres fueron elegidas vicepresidentas del Consejo de Estado, dos de ellas negras, no solo por ser negras, sino por sus virtudes y cualidades, lo cual es una demostración más del cumplimiento de los acuerdos emanados de los congresos del Partido y su Primera Conferencia Nacional en el 2012 acerca de la política de cuadros.
«Así se evidencia también en el hecho de que más de la mitad de los diputados a la Asamblea Nacional, el 53,22 %, son mujeres y la representación de negros y mestizos alcanzó el 40,49 %, y así debe seguir».
Inmediatamente dio a conocer los esfuerzos que, personalmente, ha tenido que hacer para que compañeras y compañeros negros fueran locutores de la televisión y de la radio. «Eso no fue fácil, agregó, yo mismo di la instrucción concreta a los responsables de esos organismos de radio y televisión, y dije: “Hagan eso sin afectar a nadie, pero vayan poco a poco resolviéndolo”».
Han dado algunos pasos, dijo, pero no satisfecho con lo logrado, expresó: «no suficientes desde mi punto de vista; seguir como van, no tan lentamente, pero seguir avanzando prudentemente […]. O sea, les demuestro con esto que las cosas hay que pensarlas, no decirlas y a la buena de Dios, lo cumplieron o no lo cumplieron, insistiendo, buscando nuevos métodos, evitando cometer errores para que no nos critiquen en objetivos tan nobles, y hay que pensar una vez y volver a pensar en otra solución cuando no logramos resolver los problemas».
Momentos después mencionó cómo antes del triunfo de la Revolución la discriminación racial era degradante. En ese momento yo recordé que en mi pueblo natal, San Germán, Holguín, durante las verbenas bailables que se organizaban en los campos deportivos, al lado del Club House, la cancha de baloncesto se convertía en una pista de baile, dividida en dos y separada por una soga. De un lado, los blancos, y del otro, negros y mestizos. De un lado y de otro estaban los compañeros de trabajo, vecinos y amigos; muchas veces los vi bebiendo cervezas juntos, pero soga por medio. Y se consideraba normal.
Por eso a la pregunta de Raúl «¿Era así o no era así?», yo le respondo que era así.
Mas, como bien recordó, «eso duró hasta que Fidel pronunció el primer discurso, creo que en el mes de enero o febrero de 1959. Pero las raíces seguían prendidas (…)».
Y precisamente, el 22 de marzo de 1959, el compañero Fidel convocó a todos los cubanos a unirse en la lucha para ganar la batalla porque acabase la discriminación racial en los centros de trabajo.
Desde sus años juveniles, en la dirección del Comité de Lucha contra la Discriminación Racial de la Universidad de La Habana, Fidel había combatido los prejuicios raciales. Pero fue ese día cuando, ante la multitud congregada frente al antiguo Palacio Presidencial, por primera vez después del triunfo declaró públicamente la posición del Gobierno Revolucionario en relación con esa lacra social, y llama a luchar contra la discriminación racial, cuando exclamó: «Hay que dictar el anatema y la condenación pública contra aquellos que llenos de pasados resabios, de pasados prejuiciosos, tienen el poco escrúpulo de discriminar a unos cubanos, de maltratar a unos cubanos por cuestiones de piel más clara o más oscura».

UNO DE LOS PROBLEMAS MÁS SERIOS
En conferencia de prensa en el canal 12 de la Televisión cubana, el 25 de marzo de 1959, Fidel reconoció que: «El problema de la discriminación racial es, desgraciadamente, uno de los problemas más complejos y más difíciles de los que la Revolución tiene que abordar».
Con mucha amplitud, Fidel explicó cómo los problemas de orden mental, en una Revolución, se convierten en valladares tan difíciles que pueden devenir los más poderosos enemigos. Los intereses y privilegios que estuvieron gravitando sobre la nación durante tantos años afectaban a todo el pueblo. Para combatir ese mal, precisó, «tenemos que luchar muy fuertemente contra nosotros mismos».
En sus palabras, Fidel subraya, con mucho énfasis, el peligro que puede acarrear esa discriminación racial para el proceso revolucionario: «Somos un pueblo pequeño, que necesitamos todos unos de otros, necesitamos el esfuerzo de todos, ¿y vamos a dividirnos ahora entre blancos y negros? ¿Vamos a dividirnos por un color? ¿Por más rubio, menos rubio; más trigueño, menos trigueño; más prieto y menos prieto? ¿Eso para qué serviría sino para debilitar a la nación, para debilitar a Cuba? ¿Conque somos pocos y además nos vamos a dividir?».
Luego preguntó qué era la nación cubana, e inmediatamente respondió que nuestra nación es un producto de la historia, donde todos somos componentes de la sociedad y de la historia. Y volvió a insistir en que no hay ninguna raza especial, ni raza pura, ni mucho menos una raza superior.
En medio de aquellas explicaciones, convocó a todos a enfrentar el mal de la discriminación racial, y señaló: «Vamos a pedirles a todos, a blancos y a negros; vamos a hacernos una promesa, vamos a ganar una batalla más, lo mismo que hemos ganado otras; vamos a invitar a una mayor comprensión, vamos a invitar a una mayor fraternidad, vamos a invitar a un mejor trato, vamos a invitar a una mayor amistad entre los hombres de un color y de otro».

LA REVOLUCIÓN MÁS DEPRISA QUE EL PUEBLO
Pocos días después, el domingo 29 de marzo, ante miles de campesinos concentrados en el parque central de Güines, Fidel expresó la necesidad de sembrar los mejores valores en el pueblo y, preocupado, confesó: «Tengo en estos días una espinita por dentro, pensando que el pueblo no esté completamente maduro todavía, que el pueblo no esté completamente preparado todavía».
Fidel relató que había vivido una experiencia muy amarga luego de haber planteado que existían en nuestra patria problemas de discriminación racial, y que en algunos sectores se aplicaba el bochornoso procedimiento de excluir al negro del trabajo. Por eso reveló: «Hablé claro, planteé el problema serenamente. Lo planteé claro, expliqué sus causas, dije bien claramente que era una cuestión fundamentalmente de educación. Y, sin embargo, me encuentro con una triste realidad, que mucha gente no me había entendido, que mucha gente me criticaba. Y yo desde luego dije, que si por hablar con justicia me tenían que criticar y me tenían que hacer lo que me tenían que hacer, jamás renunciaría a hablar con justicia».
Entonces preguntó: «¿Por qué no me comprendió mucha gente cuando hablé de este problema? ¿No era una injusticia igual que las demás?». Ante la respuesta afirmativa de los presentes, Fidel continuó: «Y, ¿por qué gente que aplaudía cuando rebajamos los alquileres, o cuando hablamos de proscribir el latifundio, me criticaron cuando planteé el problema de la injusticia de la discriminación racial?».
Lo más triste –destacó Fidel– es que entre quienes habían criticado su planteamiento estaban muchas personas humildes del pueblo. Y entonces reflexionó: «Hay gente a las que les están poniendo la bota encima y están protestando de la bota que le tienen puesta, y sin embargo, no protestan de la bota que le están poniendo al lado al vecino […]. El hombre no puede ser egoísta y mucho menos puede ser egoísta el hombre del pueblo».
Ante tal incomprensión, Fidel esgrime: «¿Qué me demostró eso a mí? Que el pueblo no estaba todavía tan preparado y tenía todavía muchos prejuicios y muchas ideas viejas en sus mentes. Y tuve la sensación de que la Revolución estaba marchando más deprisa que el pueblo (…)».
Los únicos que salen ganando con esas ideas viejas y esos prejuicios –insistió Fidel–, son los enemigos de la Revolución, son aquellos que pretenden debilitar y dividir al pueblo para destruir el espíritu que debe unir a todos los cubanos.

DE LA NUEVA CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA
Artículo 42. Todas las personas son iguales ante la ley, reciben la misma protección y trato de las autoridades y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de sexo, género, orientación sexual, identidad de género, edad, origen étnico, color de la piel, creencia religiosa, discapacidad, origen nacional o territorial, o cualquier otra condición o circunstancia personal que implique distinción lesiva a la dignidad humana.
Todas tienen derecho a disfrutar de los mismos espacios públicos y establecimientos de servicios.
Asimismo, reciben igual salario por igual trabajo, sin discriminación alguna.
La violación del principio de igualdad  está  proscrita y es sancionada por la ley.

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