ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Esta vez Washington usó la tecnología de videoconferencia para precisar las últimas instrucciones que ya su secretario de Estado, Mike Pompeo, había dado a algunos gobernantes y cancilleres de América Latina, reunidos en el llamado Grupo de Lima, para actuar contra la República Bolivariana de Venezuela.

En un encuentro de urgencia convocado para Lima, Perú, algunos cancilleres de 13 naciones del área, además de emitir acusaciones contra Caracas, asumieron una declaración injerencista dictada desde Washington y tramitada por la Organización de Estados Americanos (OEA), con la vaga intención de no permitir que el presidente Nicolás Maduro, elegido democráticamente por el pueblo venezolano, asuma el mandato este 10 de enero, tal y como lo establece la Constitución de ese país.

Lo del Grupo de Lima es irreverente, tal como la OEA, de cuyo vientre se desprendió.

La representación de México no se adhirió a la patraña y el presidente Andrés Manuel López Obrador ratificó la víspera que su país basa su política exterior en el principio de no intervención, y por ello se negó a suscribir una carta del Grupo de Lima contra Venezuela.

Por su parte, el Gobierno uruguayo descarta sumarse a la declaración de los países del Grupo de Lima, que desconocen el nuevo mandato del presidente electo venezolano, informó el diario La República.

Entre las irrespetuosas demandas al gobierno de Venezuela están las de realizar nuevas elecciones presidenciales. Es lógico, ni Washington, ni la OEA ni algunos de sus servidores en el área, se imaginaron la contundente victoria de Nicolás Maduro, que obtuvo un 68 % de los votos, en un proceso de transparencia absoluta, que contó además, con la presencia de observadores internacionales y donde la oposición participó en igualdad de condiciones.

Luego vino lo de siempre: una vez derrotados los opositores, los más recalcitrantes impusieron mediáticamente la matriz de «fraude».

Quizá sea de interés para Washington, para la OEA y para el Grupo de Lima, remitirse a cada uno de los procesos electorales de los países a los que representan. Qué dicen estas naciones y qué dice la OEA de la forma en que Brasil recurrió a la cacería de dirigentes populares como Dilma, sacada del poder por un golpe parlamentario y judicial, o como Lula –preferido por la mayoría de los brasileños para ganar en los comicios del pasado año– y sacado de la escena pública y llevado a prisión sin pruebas que lo incriminen.

¿Cuándo la OEA y el Grupo de Lima se pronunciarán contra las medidas neoliberales causantes de grandes recortes sociales en Argentina? ¿Cuándo habrá una declaración contra el asesinato de líderes sociales en Colombia? ¿O cuándo exigirán que se respeten los Acuerdos de Paz entre el Gobierno y la guerrilla?

En la cita de Lima, su anfitrión, el canciller Néstor Popolizio se atrevió a afirmar que la «declaración adoptada por el Grupo de Lima contiene un mensaje político contundente, el principal es el no reconocimiento de la legitimidad del nuevo régimen venezolano».

Es oportuno aclarar que aunque Estados Unidos no es parte formalmente del Grupo de Lima, Mike Pompeo aprovechó su estancia en la investidura del mandatario brasileño, Jair Bolsonaro, para apuntalar un frente continental contra Maduro; y en su escala en Colombia elogió el compromiso del gobierno de Iván Duque para «restablecer la democracia» en el vecino país. «Debemos unirnos para rechazar la dictadura de Venezuela», declaró el gobernante colombiano.

El irrespeto mayúsculo fue del nuevo canciller brasileño, Ernesto Araújo, quien aseveró que la declaración «insta al presidente Nicolás Maduro a no asumir el nuevo mandato, lo que supone una oportunidad de que abandone el poder con un mínimo de dignidad».

El documento del Grupo de Lima llama a reevaluar el estado o nivel de sus relaciones diplomáticas con Venezuela; así como impedir a los altos funcionarios del Gobierno venezolano la entrada al territorio de los países miembros.

Ante estas acciones espurias contra Venezuela, como frente a otras impulsadas por Almagro contra Nicaragua, el Canciller cubano ratificó nuestro invariable apoyo a estas hermanas naciones y rechazó los pronunciamientos injerencistas.

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