El año pasado, por estos mismos días, parado ante el espejo del cuarto (no precisamente para ver cuántas arrugas más habían marcado mi rostro) hice la firme promesa de que en enero del 2018 entraría para siempre en el gimnasio.
Algunos excesos, en comidas y bebidas, hicieron el cuerpo más lento y propenso al cansancio ante el menor esfuerzo físico. Cuál no fue la sorpresa cuando me subí a la pesa y vi que rebasaba la línea roja de las 200 libras (aunque en casa aseguran que para un hombre de seis pies de estatura, están bien esos dos centenares de carne y hueso).
No sé si era por pura sugestión, pero hasta tardaba en conciliar el sueño por las noches y, una vez rendido, como no llegaba relajado a la cama, en medio de la madrugada parecía yo un búho con los ojos abiertos a más no dar, caminando en puntillas de pies de un lado a otro del cuarto para no despertar a la familia.
Comparé el estado de salud de ese momento con el que había disfrutado durante una temporada, dos años atrás, época en la que le tomé la medida a un gimnasio biosaludable sembrado cerca del hogar, con horario abierto, al aire libre y donde se creó un ambiente de vecinos espectacular para, como dicen ahora, socializar.
¿Qué es mejor, hacer ejercicios o tomar Atenolol? Esa es la pregunta a la que le corresponde una única respuesta. Si lamentablemente descubrimos que somos hipertensos, no queda otra alternativa que consumir el medicamento; sin embargo, si luego de consultar al médico el galeno autoriza a ejercitarnos, entonces por qué no lo hacemos.
Incluso, amén de que tome ese fármaco, dedicarle unos minutos cada día, o tres veces por semana a los ejercicios solo hará bien. Ello le elevará la autoestima, sentirá más liviana su anatomía, disfrutará de una mayor disposición ante el trabajo y cualquier otra actividad que reclame de usted concentrar la atención, además de tener los músculos entonados.
Soy un violador de la promesa que hice en diciembre del 2018. Arrepentido, también. Si el Tribunal Arbitral del Deporte (tas, por sus siglas en inglés) analizara mi caso, seguramente le sugeriría al Comité Olímpico Internacional (coi) suspenderme de por vida por no ser ejemplo de dedicación a una tarea tan noble como la de esforzarme en pos de una mejor calidad de vida.
Paso cada mañana por la calle del gimnasio biosaludable y, al verlo, siento vergüenza ante la promesa incumplida, cuando estas libras sobrantes tienden a aumentar, más allá de que en nada ayudan a mi desempeño.
Leo el periódico y experimento satisfacción cuando me informo de que la industria cubana, en coordinación con el Inder, comenzará en el 2019 la construcción de 90 gimnasios biosaludables, una idea no solo para esparcir la salud por la Isla (más allá de los adquiridos en China, que ya son muchos en acción), sino una alternativa nueva para sustituir importaciones.
No me atrevo a aparecerme ante mis familiares y repetirles la misma cantaleta del año pasado. Entonces parecía convincente mi promesa de que el 2018 yo bajaría de peso (no recuerdo de cuántas libras menos hablé). Creo mejor retornar ahora mismo a ejercitarme porque no tengo dudas de que es mejor sudar al aire libre que tomar Atenolol.




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capitalinadeapie dijo:
1
21 de diciembre de 2018
08:30:31
Roger dijo:
2
22 de diciembre de 2018
08:34:58
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