ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

América Latina ha vuelto a presentar rostros en esta cuadragésima edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericanos, que llega a sus horas finales dejándonos el sabor de las buenas fiestas.

  Fiesta de la cultura, y rostros de relatos disímiles cumpliendo con la responsabilidad de testimoniar épocas e historias humanas que nos invitan a la reflexión factual y estética, como es el caso de la argentina Rojo, de Benjamín Naishtat.

Un filme con escenas que a primera vista parecieran desvinculadas del eje central de la historia, pero que terminan por acoplarse al propósito del director, que no es otro que vincular un pasado –1975, huevo de la serpiente de la dictadura militar 1976-1983)– con un presente desmemoriado que vuelve a cometer los mismos errores de no mantenerse alerta frente a los desmanes de la reacción.

Rojo nos remite a una provincia de la Patagonia dominada por una pequeña burguesía atrapada entre el nacionalismo ramplón y un encorsetamiento moral que le hace rendir pleitesía a todo lo proveniente de los Estados Unidos, mientras se mantiene inanimada frente a los cambios que operan en la nación,  entre ellos, el comienzo de las desapariciones.

 Darío Grandinetti, como el abogado conservador, y Alfredo Castro, en la piel del sinuoso expolicía chileno encargado de investigar un crimen, conforman un dúo perfecto de cómplices  de una época dispuestos a guardar silencio como la  mejor garantía para que sus vidas sigan transcurriendo por el camino de «lo correcto apacible», aunque otras mueran, desaparezcan, o vivan atrapados por el miedo.

 Las pantallas se han llenado en estos días de las producciones más variadas, lo mismo filmes en competencia que excelentes muestras internacionales, combinación de estilos y talentos poniendo en alto un nivel de calidad que debiera  seguir predominando en los  cines, y en la  televisión, en beneficio de nuestro público.

 Los espectadores, siguiendo la tradición, han desbordado salas detrás de los filmes en competencia y, en especial, interesados por los títulos cubanos, el último caso visto en el Yara, este jueves, con una sala invadida y un público afuera clamando por entrar a ver El regreso, policiaco dirigido y  actuado por la popular actriz  Blanca Rosa Blanco, quien también es autora del guion, a dos manos con Alberto Luberta Martínez. Filme sobre el que volveremos y que centra su trama en un tema muy actual en la cinematografía internacional: el acoso y violaciones a que son sometidas las mujeres, sin que en muchas ocasiones, por un asunto de pudor ante la sociedad, se decidan a denunciar el caso. Ópera prima que, como en no pocas primeras películas, permite apreciar aspectos discutibles, y otros menos discutibles, en su realización.

Mucho para disfrutar en este Festival y la imposibilidad de estar presente en todo, pero filmes que en buena medida irán pasando por las pantallas en las semanas y meses por venir, ya con el alerta de que no se debe perder lo que la falta de tiempo no permitió apreciar en su momento.

 Un Festival que en su aniversario 40, –junto a sus eventos y participantes– siguió trazando huellas de identidad e inteligencia.

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