ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

El  tiempo es una cuestión enigmática, maravillosa y dura. Basta con estudiar un poco de física o leer un par de artículos de Einstein sobre la relatividad, para quedarnos extasiados con los misterios que alberga el simple ritmo de nuestros relojes. No importa si la cosa es con arena, con Cucú, con Poljot o con Orient, la cuestión es que su paso es implacable y si no terminan de inventar la máquina del tiempo siempre irá en una sola dirección, a la asombrosa velocidad de un segundo por segundo.
Todos sabemos que la vida se nos consume minuto a minuto y que avanzamos en ella rumbo a un final inexorable, lo cual supondría una razón aplastante para que quisiéramos aferrarnos al presente y deseáramos permanecer en él indefinidamente; sin embargo, los humanos, que somos por demás los únicos seres de vivir conscientes de esta realidad, añoramos la llegada del futuro como un acto de suicidio voluntario e ingenuo.
Es común que encontremos a las personas que nos rodean y a nosotros mismos, procurando el rápido arribo de una fecha, ya sea el próximo fin de semana, el verano con sus encantos vacacionales o el día del cobro, aunque tengamos un salario del tipo cebolla, que nos hace llorar de solo verlo. Queremos que el tiempo apremie, que los días vuelen, asombrosa paradoja para quienes comprenden cabalmente que una vez cumplidas esas metas se ha gastado el recurso más preciado y no se puede regresar a recargar las pilas o deshacer lo edificado.
Solo en momentos extremadamente placenteros manifestamos interés de que el tiempo no pase y ese instante sea eterno; quizá la felicidad es la única fórmula para anclarnos en el hoy y despreciar el futuro, lo cual cobra una lógica indiscutible si tenemos en cuenta que vivir en la rutina o en el tedio, enfrentar ciertas penas  o momentos dolorosos, pueden hacer de ese «hoy» un hecho deplorable del cual solo se puede escapar apelando a la idea de que vendrán mejores oportunidades en lo adelante.
Es por esto que debemos intentar la búsqueda de las partes buenas que habitan cada segundo que vivimos, para que el deleite y la plenitud nos trasladen la sensación de que ahora es más importante que después.
Por todas estas cosas se debe dar una gran pelea contra los «ladrones de tiempo», cacos con diversas apariencias y con infinidad de armas. Habitan en oficinas, farmacias, talleres, podios para oradores y hasta en las funerarias, nada, que usted se los puede encontrar donde menos se lo imagina y si lo agarran desprevenido lo más seguro es que le «tumben» algunas horas de su preciada mercancía.
Usan argucias malévolas como: «En un minuto lo atiendo, no se preocupe que el encargado de su gestión ya está por llegar», «vamos a abrir en breve que estamos en cambio de turno», y la peor de todas, la que incluye terror y suspenso, aquella ocasión en que te dicen: «Disculpen la espera, pero esto se suspendió».
El tiempo es amigo y enemigo, no pacta con nadie y no hace diferencias; así que, si quiere evitar problemas con un caballero tan poderoso, trate siempre de hacerlo todo a tiempo.

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DRH dijo:

1

5 de diciembre de 2018

08:12:32


Espectacular artículo. Gané tiempo leyéndolo. Gracias.