ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Mi padre quería que yo fuera a hacer un posgrado a Estados Unidos; claro, él trataba de alejarme del peligro, de las actividades que estábamos realizando. Él se daba cuenta que lo hacíamos con poca precaución.
Cuando llegué a La Habana, Fidel acababa de irse para México, me acuerdo que Haydée Santamaría dijo: «Qué lástima que tú no hablaste con Fidel, que no lo conociste». Entonces me fui a estudiar a ese curso allá. Estuve nueve meses en Boston, hice el posgrado, pero realmente estaba muy inquieta. Yo no podía escribir sobre esas cosas, porque cogían la correspondencia, sobre todo las que iban para Santiago. Ese año me trajo experiencias sobre los Estados Unidos; claro, nosotros en Santiago sentíamos mucho desprecio por ciertas cosas; estábamos cerca de la base yanqui en Caimanera. Los marinos se emborrachaban en Santiago, le caían atrás a las mujeres, eran frescos, soberbios, algunos violentos, no teníamos una buena imagen de los norteamericanos.
Yo, en los Estados Unidos, sentía que tenía que estar en otro lugar. No sabía nada de Fidel, no podía escribir, me sentía muy amarrada. Hacia el mes de mayo recibí una carta de un compañero de los que habían estado en el Moncada, que había sido herido y era uno de los que habíamos ayudado. Inmediatamente le escribo y le digo que me cuente todo lo que ha pasado en ese tiempo –yo llevaba siete meses fuera– y me contó toda una serie de cosas que habían pasado aquí. Le contesté diciendo que en junio volvía a Cuba, que me avisara si hacía falta que yo pasara por México para cualquier cosa. Pensé que no iban a contestar y cuando ya tenía los pasajes para salir, me llaman «que sí, que hacía falta que fuera a México». Entonces salí para New York y me pasé cuatro días tratando de conseguir pasaje para México, que era lo más difícil del mundo allí, porque había un turismo tremendo para
México. Por fin al cuarto día consigo un avión que iba hasta Kansas y de ahí ir a México.
El viernes 8 de junio de 1956 arribo a Ciudad México. Cuando llego al aeropuerto fue una cosa muy emocionante, estaba Fidel con una orquídea, Raúl y tres compañeros más. Ellos sabían quién era yo, por el Movimiento de Frank en Oriente, y a través de los que conocimos durante los días posteriores al asalto al Cuartel Moncada. Me emocioné muchísimo y nos fuimos en el carro, todos apiñados. Me quedé en México dos días y medio. Fidel me preparó una cantidad muy grande de cartas y me explicó lo que quería que hiciera, y las cosas que tenía que decirle a Frank; quería pedirle a Frank toda una serie de datos y mapas ya con vistas al desembarco. Fidel me contó muchas cosas de lo que estaban haciendo, me llevó a la casa donde tenían escondidas las armas.
El primer encuentro con Raúl fue en México. ¡Qué lejos estaba una de pensar nada!

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ManuelF dijo:

1

7 de diciembre de 2018

21:10:23


Hermosa historia, Vilma ejemplo para todos los cubanos, siempre estarás presente!!!!!!