ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Yo fui «escolta» de Fidel. Quizá no me lo crean, pero para mí fue y será siempre así. Ocurrió  cuando estudiaba en la secundaria en el campo Comandante Camilo Cienfuegos, más conocida por Ceiba 3, en el municipio habanero de Caimito. Fue allá por la década de los 70.

Las Ceibas, como se le conoció a este programa creado por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, eran –por aquella época– constantemente visitadas por nuestro líder, quien si a algo siempre le prestó atención fue a la educación de los jóvenes y a la idea martiana de que estos se vincularan de una forma u otra con el trabajo.

Varias fueron entonces las veces que Fidel se nos apareció. Cuando lo hacía en el campo, de verdad que todo se paralizaba de pronto y no cesábamos de pedirle que nos acompañara hasta la escuela donde estaba el resto de nuestros compañeros. Era tanta la insistencia que lo convencíamos, o él se dejaba convencer, y en una larga fila que armábamos al lado de sus jeeps lo escoltábamos hasta el mismo patio. En realidad, hoy no recuerdo cuántas fueron sus visitas, pero lo que sí no se borrará jamás de mi memoria es su imagen en la plazoleta, conversando animadamente con nosotros, con los profesores y trabajadores del centro.

Fidel conocía de todo y de todo nos hablaba. Sabía más que nosotros sobre cómo injertar las plantas de cítricos, los cordeles que tenía cada campo, del cariño con que debíamos tratar a cada planta. Y se preocupaba por cómo íbamos en las clases, por los profesores que nos faltaban y cómo se resolvería la situación. Se interesaba por nuestra salud y recreación, pero siempre insistía en que lo primero era estudiar y nunca cometer fraude, así como jamás faltarle el respeto a ningún trabajador de la escuela ni entre nosotros. Y claro, que cuidáramos todo lo que la Revolución había puesto en nuestras manos y cumpliéramos los planes productivos.

Hoy, al cabo de tanto tiempo, su figura me sigue pareciendo enorme, grande como las montañas de la Sierra Maestra, que tantas y tantas veces subió junto a sus compañeros del Ejército Rebelde. Lo recuerdo insistiéndonos sobre lo importante que era que contribuyéramos con nuestro aporte a la economía del país, cuidando y multiplicando las siembras, sobre todo de cítricos, y de que no faltáramos a la entrada al pase, a no ser por razones muy justificadas.

Entre las anécdotas que nos contó hubo una que tampoco he olvidado: en una ocasión, tras varios días de no probar bocado, la columna que comandaba tuvo la posibilidad de saciar el hambre gracias a la colaboración de una familia campesina. Al parecer, los estómagos se asustaron y los hombres empezaron a sentirse mal. Pero no se podían detener, ya caía la noche y había que seguir la marcha para evitar ser descubiertos por el enemigo.

Entonces sucedió lo esperado. Uno a uno comenzaron a pedir permiso para salir de la fila y él, dijo, les insistía en que no era el momento, que los podían matar incluso. Pero nada, al final, hasta él tuvo que pedirle permiso a la tropa.

Todo esto nos lo contó con alegría, pero con seriedad a la vez. Quería que comprendiéramos que no se debía faltar a clases por gusto, que a la escuela había que entrar siempre para no perder ni uno solo de los conocimientos que nos entregaban con tanto amor nuestros profesores de Ceiba 3.

Otra de sus ideas fue la de convocar a padres y alumnos en las vacaciones a compartir juntos en las propias escuelas. Así se creó un plan vacacional estupendo donde competíamos en las labores agrícolas al tiempo que nos enfrentábamos también en varias disciplinas deportivas y hasta nos divertíamos de lo lindo en las noches de recreación.

Igual, el Comandante nos visitó varias veces durante estos periodos. Y volví a estar junto a él como tantos otros compañeros. En estos encuentros siempre se interesó por cómo la estábamos pasando, si nos faltaba algo. Lo que faltara al otro día estaba allí. Así siempre fue Fidel, hasta los últimos días de su vida pensando en su gente, en su pueblo y, sobre todo, en el futuro de los niños, adolescentes y jóvenes. Por eso no me importa si me creen o no, yo sé que fui escolta de Fidel. ¡Y a mucha honra!

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Alina dijo:

1

22 de noviembre de 2018

19:45:11


!Que gran honor!. Siempre mi sueño desde niña era verlo bien cerquita y abrazarlo, !no se me cumplió!. Cuando se nos fue, cosa que aún no me creo del todo, lo lloré y mucho. Sigo amándolo y extrañándolo.

maria antonia dijo:

2

23 de noviembre de 2018

15:07:33


De alguna manera creo que casi todos como tu fuimos escolta de nuestro Fidel. me gusto mucho tu articulo y yo lo recuerdo tambien asi

Yanisleidy dijo:

3

26 de noviembre de 2018

09:10:31


Me gustó mucho tú artículo, considero que fue un gran honor y me hubiera gustado mucho pasar por la experiencia, yo también lo extraño y pienso en él como El Padre de todos los hijos de ésta revolución, por eso con mucho orgullo digo y mantengo que Yo soy Fidel.

Linda dijo:

4

27 de noviembre de 2018

08:17:33


Hermosa historia. Gracias por compartirla.

r@f@ dijo:

5

3 de diciembre de 2018

12:19:00


Sabes Ricardo, en el año 76-79 fui alumnoi de otra Ceiba, Ceiba 1 Cmdte Ernesto Guevara, en esa época al menos 1 vez a la semana el Comandante se aparecía por alla, había veces que mas de una vez, toda delegación oficial que visitaba Cuba él la llevaba personalmente, en otras ocaciones compartía los mi?0rcoles con nosotros en el dia de recreación y una que otra vez almorzó en nuestro comedor, iba a los dormitorios, aulas, canchas deportivas, piscina, en fin que siempre tuvo tiempo para todo. Fueron los mejores años de mi vida. Saludos. R@f@.