ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Martirena

Ha llegado el momento, ese del que tanto me hablaste y para el que fuiste capaz de prepararme poniendo en el empeño lo más puro de tus energías. Ha llegado y apenas puedo creerlo, porque parece que fue ayer mi corretear infantil bajo tu mirada protectora y paternal.

Algún día deberás seguir sin mí, –me habías dicho–, pero entonces ignoré la posibilidad real del hecho. Me abrigué tras la cálida sombra de tu inmensidad y acallé las dudas que se agolpaban en mi pensamiento. Es imposible, me dije cientos de veces, y con eso bastaba para tranquilizar al corazón.

Cuando besaste mi frente para despedirte, pensé que era una prueba más, una escaramuza para evaluar en silencio mi reacción con tu agudeza de experimentado maestro. Con toda sinceridad puedo decirte que durante mucho tiempo me negué a creer en la veracidad del hecho, y me empeñé en buscarte cada mañana, con la esperanza de descubrir la blancura de tus barbas tras algún páramo del horizonte, hasta que finalmente lo entendí.

Tú no querías que te hallara, querías probarme que era capaz de andar mis propios pasos, aunque me encontrara con tus huellas en el mismo camino.

Querías que alzara mi voz, aunque la tuya permaneciera nítida en el recuerdo. Querías que brillara con mi luz, aunque tu sol estuviera cerca para servirme de ejemplo.

Perdóname si no fui todo lo fuerte que hubieras esperado, si no pude contener las lágrimas cuando te vi alejarte sereno de la mano del tiempo, abriéndote camino entre la bruma hacia una dimensión en la que mis brazos ya no pudieron alcanzarte. Pero confío en que puedas entenderme. Hoy he madurado lo suficiente para descifrar ese nuevo mensaje que habías escrito para mí.

Ahora todo está mucho más claro. Aprendí a verte en otras formas, a saber que allí donde habiten la nobleza, el amor patrio y el batallar incesante por las causas nobles, también habitas tú. Cómo no fui capaz de entender antes que la palabra justa que corta con su verdad la injusticia, llevará siempre el tono grave y sincero de tu discurso. No sabes cuán consoladora es la certeza de que tu excelsa figura habita en mí.

Mírame, me he empinado hacia el futuro como siempre lo quisiste. Tengo plena confianza en la fuerza de mis razones y en la solidez de mis principios. Mírame, comparte conmigo esta dicha de saber que tu bandera ahora camina entre mis manos, y que en mi pecho está la llave que abrirá las puertas de la historia que aún no ha sido escrita.

Lo sé, tengo mucho que aprender todavía. No pienses jamás que me regodeo en insensatas vanidades, porque comprendo que toda una eternidad habría sido insuficiente para beber tu sabiduría, pero algo puedes tener por seguro, tu legado está a salvo conmigo.

No sabes cuántas veces escuché a tus enemigos decir que me derrumbaría sin ti, pero aquí estoy, y puedo sentir cómo mis raíces de caguairán se afirman cada vez más en las entrañas de este amado suelo. Los vientos neoliberales de bloqueo y odio no son suficientes para hacerme caer, como jamás pudieron hacerlo contigo.

Ahora visto los colores de la paz y la irradio como aprendí de ti. Si vieras cómo me abrazan los pueblos hermanos, cómo reconocen tus rasgos en mi estirpe, cómo estrechan mi mano del mismo modo en que una vez lo hicieron con la tuya.

Es por esas razones que me he propuesto crecer sin envilecerme, soñar sin enfermarme de fantasías imposibles, construir sin desechar ninguna idea creadora que pueda enriquecer el diseño. ¿Qué clase de discípulo sería yo si no asumiera esos, los cimientos invariables de tu hacer?

Sé que puedo equivocarme, también me alertaste sobre eso, pero te prometo que tendré la humildad suficiente para reconocer y enmendar mis errores. Gracias por tu voto inquebrantable de confianza, por demostrarme que llegado el momento, yo sería tu continuidad, una extensión de tu piel en otro tiempo, pero sin dejar a un lado la originalidad de mi propio ser.

Cuánto orgullo me envuelve en este instante, porque haber tenido un maestro como tú, Fidel, es privilegio. Por eso lo digo: ¡Soy la nueva generación que se adueña de su tiempo, que abraza la herencia de dignidad que me has legado! Soy el fruto de tu generosa existencia, que conserva el traje verde olivo por si fuera necesario vestirlo una vez más.

Soy el discípulo que también será maestro y te promete que nunca descuidará a los más tiernos retoños de esta obra, y velará por ellos sin descanso, hasta el día en que también sea su turno de emprender el camino hacia el futuro.

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Juan Enrique Valcárcel Núñez dijo:

1

23 de noviembre de 2018

10:23:48


Es tan emotivo, objetivo y real tu articulo que a mi adulto hoy de 71 años me hace pensar y recordar que nunca lo supe decir pero siempres me senti como tu acompañadao, estimulado, regañado y querido por el que considero que fue, es y sera el padre de todos los cubanos. Gracias.

Angel Parra dijo:

2

28 de noviembre de 2018

11:21:38


Leidys, te felicito, por expresarte así del Comandante y Maestro de generaciones de jóvenes,no sólo cubano,sino del Mundo. Ya Fidel hizo su obra, ahora espero que tú, el presidente Miguel Díaz Canel y los demás Cubanos de buenos sentimientos no lo desfrauden. Sus Disipulos del Mundo trabajáremos para que el sueño de Fidel ,el Che y otros revolucionarios veamos un Mundo de paz y justicia para Todos.

Ismael Puig Muñoa dijo:

3

29 de noviembre de 2018

11:59:02


Tu bellesa es cómplice de tu acertado comentario, es la realidad de la jovenes cubanas, preparadas para la vida,este Articulo me emocionó mucho, mantengase con ese verbo inteligente y cada dia más hermosa.Grasias