ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Ella, joven y esbelta, cometía de un tiro varios errores no forzados, sin perder el ritmo de su paso por la ciudad.

Sus oídos iban tapiados por los audífonos que brotaban de su Iphone, escuchando una melodía favorita. Caminaba sobre el asfalto, obviando que la avenida estaba franqueada por aceras a ambos lados. Además, no tuvo en cuenta la doble circulación de esa vía, y avanzaba por la senda dándole la espalda a los vehículos en movimiento.

Un automovilista redujo su velocidad y, una vez a su lado, le sugirió que caminara por la acera. Punzante como rayo que atraviesa la palma, aquella muchacha dibujó en el aire un ademán de desdén para reforzar su grosero «¡chico, a ti qué te importa!». Tras ajustarse nuevamente los audífonos, continuó su andar partiendo el medio de la calle.

La mencionada escena, de la que fui testigo, me hizo reflexionar en torno a que no solo los peatones cargan responsabilidad (o irresponsabilidad) al moverse en la vía. En tiempos de los teléfonos celulares (benditos sean), muchos choferes desatienden el volante para atender una llamada en pleno tráfico, sin detenerse cerca de la acera para conversar. ¿Tiene más swing que lo vean con una sola mano sobre el timón y en la otra el aparatico?

¿Cuántas contravenciones que muestran irresponsabilidad y desprecio por la vida propia y la ajena vemos a diario? Cualquiera guarda anécdotas de frecuentes imprudencias en el ir y venir, como estas:  
Peatones cruzando la vía con el semáforo en luz verde.

Motociclistas que conversan y avanzan a la par por una curva peligrosa.
Automovilistas parados ante un semáforo que entablan una carrera tras proyectarse la verde.
Personas que no cruzan calles de intenso tráfico por la «cebra».
Vehículos adelantando a otros por la derecha.
Vehículos adelantando a otros en medio de una curva.
Dos adultos, con un niño sin casco protector, sobre una moto.
Con menos de un metro de separación entre dos autos detenidos ante el semáforo, un motociclista pasa entre ellos como un bólido tan pronto se proyecta la verde.
Conductores tocando el claxon a deshoras del día o la noche molestando a la población.
Hombres y mujeres de la tercera edad, con dificultades motrices, cruzan la calle sin encomendarse al semáforo.
Choferes que no le conceden el derecho de vía al peatón y aceleran avanzando ellos primeros.
Colgarse de las puertas de un ómnibus, manteniéndolas abiertas.
Cruzar la calle mientras se habla por el celular.
Salir por detrás de un vehículo, intentando cruzar la calle, sin percatarse de que puede venir otro en dirección contraria.
Pasar entre vehículos en movimiento por tal de alcanzar la acera de enfrente. El riesgo se incrementa en días lluviosos que tornan el pavimento resbaladizo.
Dejar un vehículo con alguna rotura, abandonado en la calle sin el debido señalamiento.

Un último mensaje: meditemos sobre las citadas imprudencias (y otras más que ustedes conocen), en aras de preservar la vida propia y la de nuestros semejantes. Todos saldremos ganando.

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Cotón dijo:

1

12 de octubre de 2018

10:01:22


Nacian como siempre, atinado comentario, un abrazote desde el lejano Paraguay

alfonso nacianceno Respondió:


14 de octubre de 2018

15:33:18

Gracias Cotón, y perdona por haberte felicitado tarde en tu cumpleaños. Salúdame a la Tere.