ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Piensa en esto: cuando te regalan un celular te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. En los tiempos modernos el móvil muy bien podría compararse con el reloj del que el escritor Julio Cortázar nos dejó las instrucciones para darle cuerda.
Vas por la calle y ves cientos de personas a sus teléfonos pegadas. Con o sin audífonos, con o sin protectores, deslizan el dedo por la pantalla.  Están al tanto de los timbres. Cuando se mantienen en silencio los revisan, como la enfermera que se asoma despavorida frente al monitor de un enfermo que queda en silencio.
Muchos pensarán que estas palabras son exageradas y hablarán de las obviedades de su utilidad en los tiempos que corren. Pero la mayoría de las personas no compra solo un celular con el que puedan hacer llamadas o enviar texto. Los usuarios llevan en sus bolsos una marca y el placer simbólico de haberla adquirido.
Se sienten importantes. Lo enseñan. Lo ostentan. Saben que el otro aprecia cuando se trata de un Iphone o un Samsung Galaxy. Los más jóvenes lo presumen, quieren ser parte del grupo de los de la gama alta.
Para muchos no importa si tienen miles de necesidades. Se sacrifican si es necesario. Lo imprescindible, lo impostergable, es comprar un teléfono; pero no uno para hacer y recibir llamadas. Esos no. Uno que permita conectarse al planeta Zapya y pasarse jueguitos, fotos, aplicaciones… Así comienza una carrera desmedida.
Casi sin saberlo, ya no se trata de un objeto, sino de una parte armónica del cuerpo, como un brazo biónico del que no pueden prescindir. Lo primero que hacen por la mañana, al despertar, es revisarlo. Nunca salen sin su cargador. Tan solo sospechan que lo han perdido y entran en pánico, sudan frío, pueden colapsar.
Ahí guardan parte de su vida. Los contactos más importantes. Las tareas por hacer. Las fotos de la familia. Las citas de trabajo. Las notas con información confidencial.
Como el reloj del genial Julio Cortázar, al que me atrevo a parafrasear, cuando te regalan un celular, te regalan también el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu teléfono con los demás teléfonos. No te regalan un celular, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del celular.

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mileiby rodriguez dijo:

16

13 de septiembre de 2018

13:34:20


más similar a nuestros días? imposible.. tiene muchisima razón

R.F.Castillo dijo:

17

13 de septiembre de 2018

14:02:33


Excelente artículo. Por cierto, el celular que poseo me lo regaló mi hija. Creo que si se explota racionalmente es un valioso instrumento que nos facilita la vida.

cira dijo:

18

13 de septiembre de 2018

16:31:49


Hay mucho de cierto en lo q ud dice en la gran mayoría no se les da ni el uso que llevan son para ohir musica porque no tienen ni linea los niños van a la escuela y no atienden a los profesores ya han existido accidentes del transito por andar en la calle con audifonos puestos para ohir musica creo que si se exagera un poco con el uso del celular.

luis enrique hernandez dijo:

19

14 de septiembre de 2018

11:26:58


muy bueno el comentario,una crítica necesaria pero leslie ud no vive igual d pegada a su telefono?lo mira,lo oye,espera llamadas,envia sms,se conecta a internet,etc. el daño es global y x desgracia ya está hecho,lo q ahora fue q nstros los cubanos nos adentramos en este mundo d manera ávida,se puede o no criticar,pero dejemos q nstro pueblo lo disfrute,se lo merece,ud no cree?

jorge dijo:

20

14 de septiembre de 2018

12:59:02


En verdadad tienes toda la razon ,hoy es casi una necesidad tenerlo,por su multiple uso ,pero muchas personas hacen alarde de la vanidad humana hacia un objeto del cual se hacen dependiente y como un lujoso vicio del cual son esclavo ,y pierden la capacidad humana de los sentdidos naturales de la vida en sociedad y no ven lo que deben de observar,ni oir lo que deben de escuchar,es como si el ser humano fuera un objeto y el objeto fuera un ser humano.