ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Creo que el perdón es el único hilo capaz de hacer suturas en el alma; bien utilizado puede abrir las puertas que por error fueron cerradas o devolver las confianzas perdidas. Algunos no saben pedirlo, están los que no quieren aceptarlo y otros no pueden encontrarlo. Cuando Manolón Perdomo (el cazador) le mató la gata a Felina Iglesias, tal vez por un error, no encontró forma más original de solicitar ser perdonado que regalándole un gatico pequeño y aquella gatuna solución surtió el efecto deseado.

Es tan poderosa esa palabra y encierra un significado tan grande que a veces ya no puede enmendar el daño causado, pero al menos deja un sabor menos amargo en los afectados; así, por ejemplo, en marzo del año 2000 la Iglesia Católica dio a conocer su «mea culpa» por el recurso a la violencia, el antisemitismo, la voluntad de dominio sobre otras culturas y religiones o la marginación de los menos favorecidos.

El Papa, en esa oportunidad, añadió a estas peticiones cinco «nunca más» para el futuro de la Iglesia: las contradicciones en el servicio a la verdad, los gestos contra la comunión de la Iglesia, las ofensas a ningún pueblo, el recurso a la lógica de la violencia y la exclusión o discriminación de los pobres y los marginados. No dudo de esas buenas intenciones, habría que ver si todas se han cumplido después de casi 18 años.

En mayo del 2016, el presidente de Estados Unidos de América, Barack Obama, se convirtió en el primer mandatario estadounidense en funciones que visitaba Hiroshima, donde entre 66 000 y 150 000 personas murieron, tanto instantáneamente como por los efectos posteriores de la radiación provocada por la bomba atómica. Allí, en aquel lugar cargado de simbolismo, el ilustre presidente se negó a pedir perdón alegando: «No, porque creo que es importante reconocer que en medio de una guerra los líderes toman todo tipo de decisiones», más claro, ni el agua de pomito.

Tampoco se puede abusar de esta palabra, casi mágica, porque entonces da paso a un verdadero relajo y a que nadie tome con seriedad esos supuestos arrepentimientos. Yo recuerdo a Juanito, el melonero, un vecino regordete y colorado que vendía esas frutas por el barrio y que se gastaba el dinero de las ventas en el timbiriche de Leocadio, alias El Curandero (por su maestría santocando con agua el condumio etílico). Resulta que don Juanito pedía una y otra vez perdón a su esposa, con el vano juramento de no hacerlo más.

La mujer, cansada de tantas mentiras, un día tomó uno de los melones que había quedado en el jabuco, se lo partió en la cabeza, y luego lo mandó a que solicitara perdones a la fruta; el hombre, asombrado y algo borracho, obedeció y entonces ella lo interrogó colérica: Dime, ¿luego de que le pediste perdón al melón desbaratado, se volvió a armar de nuevo? No, verdad, pues así estoy yo con tus perdones.

En la actualidad tenemos otro ejemplito magnífico de alguien que se pasa la vida metiendo la pata y pidiendo perdones que ya nadie cree, véase la historia reciente de Donald Trump y sáquense las mejores conclusiones.

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Floresita dijo:

1

5 de septiembre de 2018

10:11:14


respeto a las personas con sus preferencias sexuales y no maltrato,pero el solo hecho de constituirlos se desencadenaran situaciones no gradables.

Reynerio dijo:

2

6 de septiembre de 2018

15:53:39


El perdon es el mayor acto de amor de la raza humana, esta por encima de todas las demas cosas que hacemos,y cuando lo haces sales purificado del corazon y el espiritu.

la cienfueguera dijo:

3

12 de septiembre de 2018

07:57:48


perdonar no es olvidar es un acto de amor y sanacion es pasar pagina es seguir adelante sin resentimientos quien no es capaz de perdonar siempre vivira en el odio nunca podra vivir a el nuevo amanecer