ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Siendo un niño observé por primera vez la acción cortés de un hombre cuando cedía su asiento a una mujer en la guagua. Yo viajaba en las piernas de mi madre, que me susurró al oído: «es un caballero, así se hace». No lo olvidé jamás y lo he practicado de por vida, aunque en los últimos años lamentablemente se ha convertido en una especie de rareza que incluso sorprende hasta a las mismas mujeres, quienes reciben el gesto con algo de asombro.

El modus operandi de los masculinos sin esa sensibilidad cívica va desde los «dormilones inmediatos» que, nada más sentarse, extrañamente caen en un «sueño profundo» que les impide ver a la señora que muy cerca de ellos hace malabares para agarrar a la vez la jaba, el bastón, el nieto y el pasamanos del techo; hasta otros que se hacen acompañar de un periódico y permanecen con él abierto de par en par, como si los artículos de las páginas centrales fuesen de una lectura interminable; aunque los peores son aquellos que ni siquiera lo disimulan.

Aunque seguimos siendo un pueblo altamente instruido y de niveles educacionales que son la envidia de muchos en el mundo, hemos retrocedido en aquellas conductas que enaltecen al ser humano y que hacen de la vida un sitio más hermoso. En días pasados mientras conversaba con un amigo, pasó casualmente Yunerlinda Testa Pobre, la hija de Pedro Testa y mi coetáneo me dijo al oído: «le dicen El Muro sin Eco» porque trabaja en la recepción del policlínico y jamás ha devuelto los saludos a nadie. Otra pésima actitud que también abunda.

El hijo de Charito es otro que bien baila, lo apodan Filiberto «Perro Sato», por su despreciable hábito de orinar en cualquiera de los árboles del parque a cualquier hora del día o la noche, como si aquello fuera un gigantesco baño público, sin el menor respeto ante los que miran entre asombrados e indignados. Incluso se armó entre él y el viejo German una discusión porque el anciano, cansado de esa conducta que incluía al álamo frente a su casa, no se aguantó y expresó: «ojalá se lo corten», lo que Filiberto interpretó como una amenaza a sus partes viriles, aunque el hombre luego aseguró que se refería al árbol y no a la otra cuestión.

Yo recuerdo que cuando las malas palabras eran malas de verdad, a mi primo le soltaron más de un regañón por su temprana incorporación al léxico de la expresión «vete al carajo», que ahora palidece ante el vendaval de obscenidades que se incorporan al vocabulario con más naturalidad que un bostezo.

Estas aberraciones cívicas, junto a otras como lanzar las latas vacías y los desechos en la vía pública, la música alta, la destrucción de la propiedad colectiva y el irrespeto a normas elementales de convivencia, nos lastran y muestran una imagen que nada tiene que ver con la cubanía y la siempre solidaria imagen de esta Isla.

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Julio Cesar dijo:

1

20 de agosto de 2018

10:20:49


Aunque a manera de déjà vu este relato no deja de ser importante, lo contado por el autor palidece ante una realidad sobrecogedora y escalofriante, para mi más significativo y urgente en resolver que el matrimonio entre personas del mismo sexo. Expreso, el matrimonio entre parejas del mismo sexo por el que no tengo ninguna objeción, llegara, solo por su propio peso cuando resolvamos otras situaciones más urgentes y apremiantes en nuestra sociedad. Un país depende ÚNICAMENTE para su bienestar y crecimiento económico de sus instituciones y éstas, a su vez, de los valores, costumbres y comportamiento de los ciudadanos que las conforman, esa es la raíz no existe otra, no hay varita mágica ni ancianito sabio, es sobre esta base que los países pueden ser catalogados de pobres o ricos. Ahora mi punto y a título personal es que estoy extenuado de escuchar esta misma realidad para donde quiera que me viro, ya es harto conocido que estas situaciones llevan muchos años denunciándose y haciéndose publica por cientos de ciudadanos y periodista valientes en los medios de comunicación. Si alguien desde algún cómodo buro pensó que la crisis descomunal que tenemos de ausencia de valores e incivilidad, la cual se apodera de casi toda nuestra vida y cotidianidad no es relevante, está totalmente equivocado, como ya expresé nuestra situación actual como país y eso abarca todo, es el resultado de la conducta de sus ciudadanos e ins

Mayrelis dijo:

2

21 de agosto de 2018

12:33:19


Hace alrededor de 5 años mi hermana me visitaba y en unos de los paseos realizados uno de su comentarios fue: manita aquí los hombres padecen del síndome del sueño en cuanto suben a la guagua, ayer cuando leia el artículo fue como si estuviera escuchando el comentario antes mencionado. Viajo todos los días y es realmente así, inclusive los hombres casi desafian a las mujeres por quitarle el asiento, es triste ver cuanto hace el país por educar e instruir y cada día que pasa hay menos valores, hay tanto irrespeto, insensibilidad ya sea por los abuelitos que ya son muchos, mujeres con niños en brazos, algun discapacitado, pocos se dignan a brindar la mano amiga para un momento de tanto humanismo como este. Muchos artículos sobre el tema y ??????. Veremos cambio en esta sociedad que ha crecido bajo tanta presión y ha sabido salir adelante?? Excelente artículo.

flor dijo:

3

23 de agosto de 2018

11:24:39


Estoy de acuerdo con cada uno de los comentarios aquí expuestos, pero también me he percatado que hay mucha desinformación en el tema de hasta que edad los niños deben le ceden el asiento, muchas personas te atacan diciendo que hasta los 5 años de edad ,esta el que te dice que hasta el año y esta el que te dice que hasta los 12 años, en fin hasta que edad es¿? Tengo mucha duda en eso, me pudieran aclarar este tema¿? gracias

José Luis Amador dijo:

4

20 de septiembre de 2018

10:38:34


Pienso que la parte económica que aún no se cumple en nuestro país, conocida como "a cada cual según su trabajo", influye mucho en esto que narra muy hábilmente el periodista. Me parece que si las personas más instruidas las cuales son normalmente más educadas también, ganaran mejores salarios que los que menos estudiaron (que es muy normal en todo el Mundo también), los jóvenes tendrían un mejor ejemplo, puesto que usualmente quieren parecerse a las que más dinero ganan. Es normal.