ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

La primera razón es por mi hijo, y por los hijos de todos los que lanzarán su pregunta al viento sin recibir un porqué de consuelo. Es más, no va tanto por mi hijo como por el suyo. También va por usted.
Salir con un niño a un lugar donde se expenden juguetes, ya se sabe, es un acto que requiere digamos… valor. A decir verdad, valor quizá no sea la palabra más adecuada cuando en la hora cero, mientras camina agotado entre el tumulto que suponen unos festejos populares se topa, como un bofetón en pleno rostro, con una montaña de carros de todos los tamaños, muñecas también de grandísimas proporciones y hasta espadas dignas de un superhéroe.
Porque de los niños es el futuro y debido a que no hay mejor pago que su sonrisa, usted se acerca al revendedor (note el prefijo «re»). Métase en situación, se va acercando con la lentitud de la oveja que va al matadero y casi avizora la respuesta pero se lanza, esperanzado, tratando de que no se note mucho el pesar de su rostro. A fin de cuentas es perfectamente probable que se esté preocupando de más o por adelantado.
Con todo esto en mente, ante su interrogante ¿cuánto cuesta? Le alivia que 25, 30… hasta 60 pueda ser la respuesta del otro lado. Todavía hay gente con sentido común después de todo. Ahora se percibe la alegría en su rostro. Mientras tanto, unos segundos antes, ya otro (un solo otro entre tantos otros) ha pagado y lo ha hecho en cuc o moneda libremente convertible como también se le conoce.
Y es ahí cuando se percata de la indolencia de quienes acaparan en las tiendas aquellos juguetes con precios asequibles (que no son muchos ni siempre están disponibles) y más tarde los revenden a los mejores postores, o mejor dicho, a los que puedan pagar 25 x 25, x 30 o x 60 para llevarse una sonrisa como premio que, aclaro, todos los buenos padres del mundo quisiéramos llevarnos.
Mi hijo no ha llegado a los dos años y a estas alturas lo habrá olvidado pero ¿cómo puedo olvidarlo yo? ¿Lo podría olvidar usted?

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yane dijo:

1

15 de agosto de 2018

11:48:55


Muy bueno su comentario, yo le digo a mi niño de seis años, no te preocupes cuando lo veamos en la tienda te lo compro que aquí es más caro, en todos los lugares de recreación infantil están los revendedores y con licencia y todo y muchos hasta llaman al niño, ven, mira lo que tengo, el mío no llora ni pide nada, pero le llama la atención como es lógico. es muy difícil ir al zoológico o a cualquier parque y encontrarse a pocos metros unos de otros a estos revendedores y no venden a unos pocos pesos más sino al doble y al triple.

JOSE dijo:

2

15 de agosto de 2018

12:48:58


BRAVO!!!

Luis Orlando Espino dijo:

3

15 de agosto de 2018

16:22:38


Muy buen comentario, refleja la realidad y cómo este hecho puede repercutir de manera negativa en los pequeños.

Panchito dijo:

4

16 de agosto de 2018

08:24:54


Si fuéramos tan apasionados para eliminar esos problemas como lo somos para el tema actual "la constitución" esos problemas no existirían.

José David dijo:

5

16 de agosto de 2018

10:22:51


Hace poco tiempo se publicó en el periódico digital Vanguardia, de mi querida Santa Clara un artículo semejante, solo que el vendedor era precisamente una tienda recaudadora de Divisas, en pleno Boulevard, con precios imnombrables. Me vinio entonces a la memoria y comenté mi época de niñez, ya en Revolución, pero muy escasos de recursos, los "Días de Reyes". El poder adquisitivo era pobre pero parejo para todos, teníamos las mismas oportunidades. Hoy dependemos de a qué "pandilla" pertenecemos: a la de Liborio o la de Rico McPato. De eso se aprovechan los especuladores. Y lo más triste es lo que estas prácticas laceran la formación de los valores éticos y morales que nos enseñó nuestro Padre Mayor. !Bravo, Jóven periodista!. No nos cansemos de criticar, denunciar y combatir estas malas prácticas.