ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Un corazón vigoroso nacía del vientre adolorido de aquella Era, y lo hacía en el instante preciso. Otros partos gloriosos le antecedieron, pero aquel sería el definitivo, el que dotado de la fuerza heredada de sus hermanos, cortaría de un tajo el cordón de la ignominia para respirar a pleno pulmón los aires de libertad.

Cuando el recién nacido se puso de pie, miró a su alrededor y alzó su voz, amanecía el 26 de Julio de 1953.

Lo que pasó después no hace falta describirlo, basta decir coraje, patriotismo incondicional, alma de pueblo, voluntad mambisa renacida, y se habrá dicho todo. Han pasado ya 65 mañanas de la Santa Ana, y la epopeya conserva su nitidez, porque la trascendencia del hecho no estuvo en el hecho en sí, sino en lo que de él se derivaría: la concreción del ideal martiano matizado de presente y futuro.

«Siempre es 26». Esa ha sido nuestra imperecedera consigna. Cantada por las voces más potentes, esculpida por las manos más hábiles, escrita en los mejores poemas pero, sobre todo, abrigada en el alma de la gente.

Allí donde nada es capaz de corromperla, allí donde solo existe lo que en verdad se ama, porque solo perdura eternamente un ideal cuando es asumido por el pueblo, y el cubano hace mucho tiempo lo hizo suyo.

Julio ha devenido desde entonces mes de júbilo, de altos compromisos, motivación excepcional para escalar los más empinados sueños. Y aunque cada día en Revolución es un reto indiscutible, todo nuevo aniversario de la gesta impregna la seguridad de que no existen imposibles, porque «basta para ser grande, intentar lo grande».

Sesenta y cinco años han transcurrido y con admiración repasamos la historia escrita en este tiempo. Versan los libros acerca de tanta tradición de patriotismo enaltecido que apenas puede creerse. Sin embargo, hay algo que no es posible plasmar en las páginas, pero es más duradero que la tinta y el papel, se llama compromiso y es quizá, la más elevada de las cualidades de nuestro pueblo.

El siglo XXI irrumpió como una tromba en la era moderna. La estabilidad del orden internacional pende de un hilo, mientras los valores humanos se degradan a pasos agigantados, envueltos en la espesa niebla del consumismo. No somos inmunes a todo eso, pero hemos sabido preservar nuestros principios y la esencia de esta sociedad que se perfecciona y fortalece para poder enfrentar tan complejos retos. Como nunca antes, es la unidad el asidero del socialismo.

El contexto en el que recibimos hoy al día de la Rebeldía Nacional, es inédito y definitorio. Estamos llamados a la continuidad, pero a una que se sustente en las iniciativas renovadoras, que nos remueva desde los cimientos, para tener claridad de lo que implica la sostenibilidad de una obra como esta. Hemos tenido el privilegio de contar con la guía excepcional de quienes protagonizaron aquellos asaltos, pero ahora nos toca seguir el camino utilizando la brújula de nuestra propia conciencia. Ese es el mayor homenaje que podemos hacerles.

Hemos asistido durante los últimos años a uno de los más rigurosos exámenes del camino transitado. Aunque Fidel nos enseñó que todo revolucionario es por naturaleza inconforme, y jamás perdimos de vista esa premisa, transitamos un momento de la historia en que nos toca dar un salto indiscutible. Para eso, se necesita la introspección más exigente y creo, modestamente, que ese camino ha servido para que los lazos que unen a las presentes y futuras generaciones con las pasadas sean más sólidos que nunca.

No tengo duda alguna, si el Comandante en Jefe nos viera ahora, estaría orgulloso de este esfuerzo colectivo de «cambiar todo lo que deba ser cambiado» y sería el primero en apostar también por una Constitución más parecida a los nuevos tiempos. Él volvería este 26 a Santiago, y desde esa tribuna desde la que tantas veces vibró su inigualable madera de líder, nos daría su voto de confianza y su apoyo infinito para que podamos asaltar al futuro, con la misma convicción y arrojo con que su generación llegó hasta los muros del Moncada.

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George dijo:

1

3 de agosto de 2018

14:15:24


Cierto y interesante su intervención e planteamiento,ese 26 de Julio del 1953 fue ese motor motor pequeño que dio a luz que si se podia realizar grandes cosas,donde esos jovenes de la generación del Centenario dieron un paso al frente como martires de la patria y todo nacio en esa bella ciudad la cual se nombra Santiago de Cuba.