ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

En la mayoría de los lugares de Cuba abrir trochas no es precisamente una de las encomiendas más difíciles para un buldocero, sea novel o de experiencia. En Punta de Maisí, sin embargo, esta tarea es epopéyica.

El quemante sol, propio del semidesierto cubano, la densa capa de polvo rojo, el bosque  xerofítico de árboles espinosos y duros, pero sobre todo el irreductible diente de perro (roca que apenas se doblega ante los explosivos), constituyen barreras solo franqueables por buldoceros como Arquímedes Mora Herrera, un hombre «resistente como el hierro, maestro en el oficio y a quien lo que le falta en tamaño, le sobra en decisión y entrega para emprender cualquier trabajo», al decir de su jefe inmediato Anael Carcasés Gámez.

Tras la tortuosa travesía de los algo más de seis kilómetros que separan a Limones de Los Cayucos (sitio costero sin población alguna por lo agreste), encontramos a Arquímedes sobre su mole de hierro, un fiat fd-20 de procedencia italiana.

«Me quedan alrededor de 200 metros para concluir la tercera y última trocha de acceso a los parques eólicos que se construirán en Punta de Maisí. Ya abrí las de Pozo Azul (12 km) y la de Montería de la Laguna, esta de ocho kilómetros», relata dejando escapar una sonrisa de satisfacción por el deber cumplido.
«Aquí en Punta de Maisí este trabajo necesita de buldóceres duros, como el que tengo, pues la pelea es brava de verdad. No todos pueden trabajar sobre el diente de perro, que hay que enfrentar a medio pie, es decir, con el pie a media en el acelerador para cuidar el equipo.

«Si le bajas un poco el pie, el “bicho” salta sobre las piedras y las roturas pueden aparecer, sobre todo de componentes de la estera o la cuchilla», diserta Arquímedes, quien de sus 72 años de vida lleva 51 encaramado sobre un buldócer, abriendo caminos, canales, reparando viales, construyendo embalses y plataformas para edificaciones, ejecutando movimientos de tierra para disímiles obras o desbrozando marabú en la provincia de Granma para los programas arrocero y azucarero.

Todo un personaje querido entre los constructores guantanameros, especialmente entre sus compañeros de la Brigada de Viviendas del Micons, Mora Herrera afirma haber operado diferentes tipos de buldóceres, entre otros el T-100 y el C-100 soviéticos, Richard modelos CD-10, CD-8 y CD-6, y Komatsu.

«Te aseguro que todos han sido buenos hierros, pero me quedo con el Komatsu. Ese sí que llegó y paró. En mi opinión en él se resume todo: comodidad para operar, maniobrabilidad, potencia, eficiencia.

«El fiat que desde hace algo más de un año tengo es bueno, pero muy peligroso si se trabaja en pendientes, en abismos, pues de apagarse, por cualquier causa, no responde ningún sistema, incluyendo los frenos, y sigue desplazándose. Por el contrario, si el Komatsu se apaga, al instante se tranca y por nada del mundo continúa la marcha, hasta que el operador no lo encienda nuevamente», diserta el curtido constructor y agrega:

«Hace 12 años, cuando cumplí 60, decidí jubilarme, pero volví de inmediato. Apenas fueron tres o cuatro meses de descanso. La añoranza por el trabajo y mi buldócer se apoderaron de mi mente, con tal fuerza que casi no podía dormir. Sentía que la casa me caía encima y aunque sea difícil de creer también le eché de menos al monte, a la humildad y el trato de los campesinos, a las bromas y los cuentos de mis compañeros en el albergue.  

«Mientras esté bien físicamente no pienso dejar de operar el  buldócer, pero si ahora mismo llegara la hora, por cualquier circunstancia, no me dolería tanto, pues dejo al relevo formado, mi ayudante Mariano Blanco Terrero, un maisiense de El Cupey que ya no necesita de mi acompañamiento para ejecutar cualquier tarea», concluye con satisfacción Arquímedes.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.