ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Ni la fuerza de su carácter, pura jovialidad, constante ánimo de broma, manía de sazonar todas las conclusiones con ocurrencias alegres, ha podido evitar que últimamente le incomoden tanto esos tropiezos cotidianos que antes fueron motivos exquisitos para el chiste al vuelo.

A la primera impresión, el tipo provoca en la gente una cierta distancia de respeto, dada esa forma educada, refinada, elegante, que trata de usted a quien saluda y habla a las mujeres llamándolas «señoritas», sin importar la edad que luzcan.

Pero al minuto de roce es fácil darse cuenta de que hay más de persona graciosa, contenta, jubilosa, que inclina hacia una idea cómica cuanto se pueda de la conversación, por tal de distender la charla. A la par, es mesurado, de tacto cuidadoso y de andar muy responsable en los linderos de lo grave y lo jocoso.

«Pensé que eras muy serio», le han confesado muchos al cabo de algunas pláticas, y él siempre los corrige en el detalle de que la seriedad no anula el buen humor, ni este corrompe la sensatez o el fundamento.

Que es un soberano chivador, vaya, cual típico cubano con alguna ilustración, dueño de un repertorio básico de chistes, la mitad alimentados por el gen familiar, la experiencia diaria de la calle, y un ojo adoctrinado por poco más de una década de periodismo.

Pero ni aún así ha podido impedir que una especie de mala voluntad se le vaya sedimentando adentro contra las crecientes y frecuentes faltas de ­ortografía colosales, en timbirichis, bicitaxis, anuncios de permutas y ventas, que más que erratas parecen ratas royendo por todos lados la dignidad del idioma; del más coloquial posible, ni siquiera del académico.

Ha querido combatir esos visos de vago resentimiento, de ligera rabia contra tanta impunidad ante el arrojo analfabético de quienes, conscientes de sus carencias, empuñan el carbón, la brocha o el plumón sobre un cartel colgado en cualquier reja, al amparo de la típica frase «se entiende, que es lo que importa».

Ha intentado, sí, librarse de ese resquemor que a estas alturas le sofoca la calidez de lo jaranero con el fuego voraz de la ojeriza hacia cada barbaridad ­ortográfica lanzada sin efectos correctivos al espacio público, y –lo que es peor– con garantías de una perdurabilidad sagrada que a veces solo profana, si cuelga en exteriores, la exposición al sol tórrido o la lluvia tenaz.

En cada tropiezo de esos procura llamarse a la conciencia, y por terapia, como una inyección en vena, se duplica la dosis de aquellos recuerdos buenos en que rió de niño, con el papel entregado al padre por el administrador, para que el almacenero le vendiera al costo «2 libra de arina de ­Castiya».

Varias veces, para escapar a esa tentación de ira tan ajena a él, empujó de un tirón las puertas de la nostalgia y sacó del añejo repertorio el clásico chiste del «pan de haller», que provocó una cola inmediata de vecinos ilusionados con el posible lanzamiento de una nueva especialidad panadera; o rememoró alguno de esos otros tan aberrantes como reales carteles que han dado material para guiones enteros al humorista cubano Marcos García.  

Sufre menos con el vocabulario novísimo de la comunicación celular, en que el precio de un mensaje de texto ha impuesto la K donde iba QU, donde en una palabra basta con el sonido de su consonante inicial y hay frases enteras dichas en tres letras.

Él cree que empobrece el lenguaje, que ralentiza el dominio de la amplia sinonimia que el español nos provee, pero en ocasiones se calla ante los argumentos de «la relación costo-beneficio», «son más mensajes con los mismos CUC», «es una variante moderna de cierta taquigrafía digital».

Claro, a veces no entiende cómo, si la razón es la economía de caracteres tarifados, en la misma línea que ponen «t kiero» –ahorrándose dos vocales–, tiran entonces el empeño por la borda cuando responden una pregunta al final del renglón: «Sip».

En eso reflexionaba una de estas recientes mañanas sentado en el escalón de la puerta que, desde la redacción, sale a la céntrica avenida Juan Clemente Zenea, de su Bayamo natal.

«Sip, ja, es hasta cómico», se dijo, y sonrió casi a la par de que un sol bienvenido, después de tantos días seguidos de nublados y de lluvia, le alumbrara en el rostro.

El brillo lo cegó un instante, giró la cara, y al abrir los ojos se encontró con un cartel en pintura roja adosado a una flamante moto eléctrica, de esas de moda, expuesta en un portal: C BEND.

Necesitó un par de minutos para entender que no era una nueva marca, ni siquiera una apócope innovadora de Mercedes Benz. Habría querido que fuera eso.

«No puede ser… ¿Quisieron decir… Se Vende…?».

Y la sonrisa, que de pronto se le había convertido en ceño fruncido, disparó las alarmas de su más hondo civismo.

Torció la mirada en sentido opuesto. A cien metros una guagua Diana cargaba en la parada, se repletaba de gente que vería aquella llamativa barbaridad. ¿Cuántos se reirían, y cuántos, no lo dudó, se apropiarían creyéndolo bien escrito?

La guagua cierra la puerta, avanza despacio, se acerca al portal de marras, y a él, que ya distingue el número y las letras de la ruta.

Es la Uno, siempre lleva más gente, porque es el rumbo más largo, lo dice en el parabrisas: «Avenida Zenea, destino La Pedrera, retorno vía … Na’, no puede ser...».

Sintió el calor de una mecha a punto de explotar, más que el sol, ahora en pleno rostro. No puede creer lo que lee: «Avenida Zenea, destino La Pedrera, retorno vía José Marty».

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Henry dijo:

1

27 de junio de 2018

13:44:31


Por desgracia no todos podemos ser graduados de la Universidad, aunque hay muchos profesionales que son simi-analfabetos, o analfabetos funcionales, como también hay empleados con baja calificación y dominan bastante bien la ortografía. Es un hecho real, se ha convertido en un deporte esto de los disparates y errores a la hora de escribir, incluso en los cintillos de titulares de los espacios noticiosos, es cierto que a veces se trata de ¨un dedo mal puesto sobre el teclado¨ pero al final de la jornada sigue siendo lo mismo, falta de ortografía. Yo siempre pregunto lo mismo de diferentes maneras ¿ dónde está la causa ?, ¿ quién tiene que trabajar en función de que este fenómeno disminuya ?, aunque también hay que reconocer que por alguna razón - y no sé si esto pueda ser positivo o negativo-, los innovadores de la ortografía están ganando terreno, ya sea en el plano económico, político o social, quizás otra consecuencia de la pirámide invertida. Me parece, que tanto las instituciones educacionales, como las que tienen que ver con nuestra cultura pueden trabajar un poco más, no digo que tengan que dar cursos de Universidad para Todos con mayor frecuencia, pero al menos de alguna manera contribuir a que nuestros cuentapropistas, y los que no lo son también, tengan el conocimeinto mínimo para no publicar en carteles etc, estas barbaridades.

Lguevara46 dijo:

2

28 de junio de 2018

08:57:09


Simplemente al principio llama a risa, después llama a la necesidad de ocuparse más de la ortografía en nuestro idioma, de nuestro español, que del aprendizaje de uno extranjero, porque ni éste ni el otro serán bien hablado y bien vistos. Horror!!!!

Sorjuana dijo:

3

28 de junio de 2018

13:11:51


Eso no es nada lo que nos viene encima. Se nos perdió la pronunciación de la "V" en: TV. Si no dices en inglés: CD, DVD, Feature, ect no se sabe de lo que estas hablando. Si, claro... préstamos lingüísticos que nunca se devolverán. Y para rematar abogan por la eliminación de las pruebas de ingreso de Español para luego exhortar a los jóvenes a estudiar otros idiomas. Gracioso, como si pudieras con otro idioma, cuando no puedes ni con el tuyo. Jejeje, senkiu.

LTR dijo:

4

29 de junio de 2018

09:26:38


Excelente artículo. Muy oportuno y necesario. Gracias, Dilbert!!!. Me sucede exactamente lo mismo cada vez que me enfrento a esta situación. Es hora de accionar en esto como nación. Y no se trata de ser graduado universitario, como piensa Henry, porque la buena ortografía no se alcanza en la universidad. 1. Es preciso garantizar esto en las edades tempranas, desde la enseñanza primaria y eso le corresponde a nuestro sistema educacional. 2. Es preciso dar al Español un lugar tan privilegiado como el que le damos a la Historia. La mala ortografía y las dificultades en la redacción y la interpretación, al llegar a la edad adulta, afectan muchísimo el desempeño y desarrollo de la vida laboral. Se confrontan serias dificultades en las empresas porque los ejecutivos escriben mal e interpretan mal. 3. Es preciso penalizar a las personas que promocionan sus productos y servicios exponiendo carteles con errores ortográficos. Cuando se tome esa medida aparecerá la preocupación por buscar asesoría adecuada antes de exponer un cartel. 4. Se requiere a accionar. No basta con tener una de las Ferias del Libro más prestigiosas del mundo. Eso no hace el hábito de lectura. Los libros lo compran los que ya gustan de leer. 5. Es preciso obligar al cuidado de la ortografía y eso no puede ser imposible, ni siquiera difícil, a un país que ha logrado tanto.

Mimisma dijo:

5

29 de junio de 2018

10:22:17


Así va de cabeza al matadero el idioma español en Cubita la bella, su artículo da para risas y mucha reflexión, es que se ven unos disparates tan grande como este: "ALTO VOLTAGE "ELESTRICIDAD PELIGRO!, PROIBIDO" jjj.